Los 4 experimentos científicos más crueles de la historia

Historias que demuestran que no puede haber ciencia sin empatía

Los discursos prehistorifílicos han ganado pulso durante los últimos años. Seguro que más de una vez habrá escuchado, o incluso soltado tú mismx, aquello de que ojalá volviéramos a vivir en las cuevas, acompañados de tribus, sin tecnologías adictivas y en completa libertad. Pero estos discursos olvidan las dificultades para sobrevivir que tenían que enfrentar nuestros ancestros y que nosotros hoy superamos muy fácilmente gracias a la ciencia. Porque sí, la ciencia nos ha dado buena parte de lo que tenemos. Le debemos mucho. Pero algunas personas la han usado para infligir torturas inimaginables. Y no todo vale en nombre del progreso.

La historia y sus seres

En ese sentido, la primera persona que viene a la cabeza es Josef Mengele, el médico de la SS nazi durante el Holocausto que, en Auschwitz, uno de los campos de concentración alemanes más horribles, "experimentó con seres humanos para demostrar la superioridad de la raza aria sin importarle el dolor de sus víctimas", cuentan desde El Confidencial, medio que se hace eco de una recopilación realizada por LiveScience. Entre sus terribles hazañas se encuentran la extracción de ojos a personas vivas, la exposición al frío hasta la muerte o la transformación sexual de niños de hombre a mujer y viceversa. Un villano incomparable.

O casi. Porque, desgraciadamente, la historia de la humanidad está repleta de personas sin escrúpulos como Mengele que, especialmente en tiempos de guerra, donde todo parece valer, sacan a relucir toda su maldad. Otro ejemplo fue Shiro Ishii, general del Escuadrón 731 del Ejército Imperial japonés entre el año 1930 y el año 1940, encargado de experimentar con ciudadanos chinos, coreanos o mongoles. Según cuentan desde El Confidencial, "a las más de 200.000 víctimas de estos experimentos se les inyectaron virus y bacterias mortales como las de la peste, la disentería, la fiebre tifoidea, la cólera o el ántrax". Sin miramientos.

El conocimiento avanza

Del mismo modo impasible había actuado el médico estadounidense James Marion Sims casi un siglo antes con hasta 11 esclavas negras. En concreto, Sims "las colocaba en una mesa y, sostenidas por varios hombres, introducía bisturís y otros elementos médicos por sus vaginas para practicar cirugías experimentales dirigidas a tratar la fístula vaginal, un desgarro entre la vagina y la vejiga, que entonces se consideraba incurable". En realidad, todas estas atrocidades sirvieron para hacer avanzar el conocimiento científico, pero a un precio imperdonable e inadmisible. No era necesario. Habría ocurrido de una manera diferente.

Por último, están los experimentos conocidos como Estudios del Monstruo, los cuales demuestran cómo las torturas no tienen por qué ser necesariamente físicas. En 1939, varios logopedas estadounidenses convencieron a un grupo de niños de que eran tartamudos y de que, si hablaban, empeoraría la condición en el futuro. Esa manipulación funcionó y el miedo cumplió su función. Así, los niños comenzaron a desarrollar trastornos de ansiedad, una autoestima bajísima y una conducta excesivamente silenciosa que les marcaría para el resto de sus vidas. Sin duda, la ciencia requiere empatía. No deberíamos olvidarlo nunca.