Vives en un ambiente obesogénico y lo peor es que no tenías ni idea

En nuestro día a día estamos sometidos a infinitos estímulos para comer mal y comer de más

Llegas a la oficina y Fulanito tiene cumpleaños. Una bandeja entera de croissants de chocolate te espera en el escritorio y tus compis de ofi se lanzan como buitres. Sería un desprecio decir que no y al final te acabas comiendo uno a primera hora y el típico que todavía sigue ahí a media mañana. Lo mismo te ocurría en la universidad cuando ibais a la cafetería y no podías evitar acompañar el café con leche con algún ultraprocesado. Y no hablemos de los bocadillos de mortadela del colegio.

Te guste o no vives inmerso en uno o varios ambientes obesogénicos. Es como Matrix, una cárcel para tus sentidos pero que, en este caso, sí puedes ver, oler y, sobre todo, saborear. “Un ambiente obesogénico es todo aquel entorno que induce a un aumento de peso y a la obesidad. Normalmente se relaciona con ambientes en los que existe una alta presencia de alimentos ultraprocesados y un estilo de vida sedentario”, explica la nutricionista-dietista en Alimmenta, Aina Huguet. 

Vives en una Matrix repleta de ultraprocesados

Vamos que estás jodido/a porque, por desgracia, hoy se puede considerar un ambiente obesogénico hasta un hospital en el que se ofrecen ultraprocesados en los menús de los pacientes o los pasillos que están repletos de máquinas de vending con de todo menos manzanas. Pero es que, además, tu propia casa puede ser el entorno más obesogénico del mundo si tu madre te suelta el típico “come más que estás muy delgado” o tu compañero de piso —que no ha visto un gimnasio desde el mes de enero— tiene la nevera rellena de coca-colas y la Nutella en la primera línea del armario.

La cosa no mejora cuando sales de casa. “Las calles también tienen anuncios y en la televisión o las redes sociales se pasan el día bombardeándonos con publicidad. Pero es que los supermercados son una competición constante por ver qué producto es más bonito, resalta más o atrae más. Todas estas cosas provocan que consumas más grasas y azúcares de los que deberías”, resume la experta  que insiste en que “nos guste o no, cada día nos llegan cientos de estímulos obesogénicos”. 

Es por ello que Huguet apunta a que “deberíamos evitar permanecer en un ambiente en el que se normalizan y se consumen estos productos que hacen que nuestra lucha por evitarlos sea mucho más difícil y caigamos en la tentación”. Ya sabes, prosigue la nutricionista, esos del estilo “estás con el compañero de piso y le pides un poco de la coca-cola y os abrís un paquete de papas que tenía guardado”. Pero al final, y sin quererlo, “acabas consumiendo algo que, si no estuviese en tu entorno más próximo, nunca consumirías”.

La planificación de tu dieta es la clave

Entonces, si no es tan difícil entenderlo, ¿por qué siempre acabamos por caer en la tentación? La respuesta de Huguet tiene que ver con tu planificación diaria: “Resulta muy común que hagamos jornadas en el trabajo o en la universidad bastante largas y, si no nos hemos planificado bien la rutina de alimentación y no nos hemos llevado un tentempié para media mañana, es más fácil que nos entre el hambre y caigamos en ir a comprar algo a la máquina que, además, normalmente suele contener alimentos procesados ricos en azúcar, grasas y que solo aportan calorías vacías”.

En este sentido, Huguet opina que “un tupper con fruta, frutos secos, lácteos o un bocadillito con pan integral a media mañana” puede ser la manera perfecta para “llegar satisfecho y sin ansiedad a la siguiente comida del día”. Es decir, de evitar buscar comida en el ambiente obesogénico que te rodea. “Se trata de tomar conciencia de cómo tu entorno incide en ti y que no cuesta tanto hacer el esfuerzo de llevarse una fruta al trabajo, aunque tus amigos sean más de ir a la máquina de vending o la cafetería”, añade.

Modificar tu entorno o escapar de él

Una vez hayas tomado conciencia sobre tu entorno y comiences a tomar medidas podrás hacer como Neo en Matrix y modificar la realidad que te rodea saliéndote de la ‘matrix obesogénica’. “Lo contrario a un ambiente obesogénico sería uno en el que la actividad física sea algo habitual. Andar a los sitios, realizar algún deporte, etc. sería lo ideal. También uno en el que se fomente una alimentación sana y equilibrada. Frecuentar en la medida de lo posible estos ambientes o fomentarlos a tu alrededor sería una muy buena opción para cambiar tus hábitos”, insiste la experta.

Por último, Huguet cree que como consumidores también deberíamos exigir al sistema que comience a ayudarnos a despertar de nuestros hábitos de vida poco saludables. “Uno de los aspectos importantes sería el de lograr un ambiente más ético en la industria alimentaria y que las marcas no compitiesen empleando un marketing tan exagerado. Realmente no nos damos cuenta pero interfiere muchísimo en nuestras decisiones. Ojalá estuviesen mucho más regulados todo este tipo de mensajes”.