Mi vida era un caos hasta que probé la dieta que calma las emociones

El libro 'La dieta de las emociones' (Libros Cúpula) de Neus Elcacho propone una forma de alimentación saludable para que te sientas bien no solo físicamente si no también anímicamente

Seguro que alguna vez te has comido una hamburguesa con doble de queso, doble de carne, huevo, bacon y todas las salsas con las que te manchas los dedos. Además, seguro que la has comido con ansia, con nervios y crees que mientras comías has sentido placer y felicidad. Pero lo que sucede es que, al terminar, te has sentido igual o peor que antes: demasiado llenx, con menos autoestima, con dolor de cabeza, hichadx… “Comer mal, y demasiado, empeora nuestra calidad de vida y nos va matando lentamente”, así lo asegura el libro La dieta de las emociones (Libros Cúpula) de Neus Elcacho. Para ponerte un ejemplo: si te comes un cruasán de forma regular (uno cada día) acabarás poco a poco sintiéndote peor. No solo físicamente, sino también por tu estado emocional.

No es que me encontrara mal, pero sí me di cuenta de que mi alimentación no era realmente la mejor. Justamente por ello, pensé: ¿y si tengo todas estas inseguridades y estrés porque me alimento mal? Decidí probar. Este manual te da instrucciones para mejorar tu bienestar y, poco a poco, aumentar la autoestima y encontrar un equilibrio mental. Para ello hay que crear un hábito que se apoye en seis pilares de la alimentación saludable. Como explica el libro los pilares son:

-Consciente: que respete el entorno.

-Sana: que aporte lo que necesita nuestro cuerpo.

-Limpia y digestiva: que no aporte al cuerpo exceso de tóxicos.

-Inteligente: que sepa diferenciar entre los productos que nos quieren vender.

-Flexible: que proporcione lo que cada persona necesite física y emocionalmente en cada momento.

-Integradora: que tenga en cuenta cómo te mueves, cómo sientes y cómo piensas.

No ensuciar es mejor que limpiar

Me flipan las hamburguesas. Y las pizzas. Y los perritos calientes y las papas fritas y los nuggets de pollo. O sea, toda la comida basura de este planeta me encanta y, obviamente, siento placer al comerla. Bueno, estoy convencida que lo siento. Pero hay una realidad que compartimos todas las personas que, al menos una vez a la semana, comemos este tipo de platos: luego sientes un peso extra y una baja energía que lo único que provoca es que tengas ganas de echarte una siesta o vomitar. Los pilares de esta alimentación no solo prometen un bienestar físico y emocional, sino que además son respetuosos con el medio ambiente. Y este tipo de iniciativas también las quiero abanderar.

Una cena de papas fritas y huevo frito

"Nuestra alimentación tiene que cuidar especialmente el sistema digestivo porque no ensuciar es mejor que limpiar. Es normal tener algún desajuste digestivo alguna vez, el problema es que la gente se ha acostumbrado a vivir con hinchazón, o diarreas, o estreñimiento, o acidez, o gases porque piensa que es algo normal, que se arregla con un poco de Omeprazol, Almax o relajantes. Cuidar nuestro sistema digestivo de manera natural es nuestro mejor seguro de salud", así lo explica el libro que tiene recetas y listas de alimentos que son necesarios para empezar a cuidar tu mente y tu cuerpo.

Esta iniciativa de cambiar la alimentación también me llevó a comprar en comercios alrededor de mi casa y alejarme de los supermercados. Ahora bien, no podía permitirme hacer un cambio drástico y comprar absolutamente toda la verdura y la carne en tiendas bio ya que supone un gasto superior del que puedo asumir. Algunos productos como los huevos sí que intento pillarlos en estos comercios, pero el resto normalmente no. Para esta ocasión me acerqué a una verdulería de barrio, donde por poco más de tres euros compré calabacín, espinacas, zanahorias, plátanos, mandarinas, dos aguacates y pimientos. Nada mal, eh. Comer bien no está tan lejos de nuestros bolsillos

Proceso del revuelto

Qué cambia

"Con una alimentación más saludable tendremos mejores conexiones neuronales y pensaremos mejor, cogeremos menos resfriados e infecciones, tendremos menos inflamaciones, más sensación de bienestar, las hormonas más reguladas, nos encontraremos mejor, descansaremos mejor, tendremos más energía y mejor ánimo y podremos evitar la depresión", explica Sara Martínez Esteban, Dietista-Nutricionista y Tecnóloga de los Alimentos. Y añade: "una alimentación saludable influye directamente en nuestras emociones (...) es evidente que hay un estrecho vínculo entre lo que comemos y cómo nos sentimos y viceversa. Tan estrecha es esta relación que muchas veces se habla de nuestro intestino como un segundo cerebro".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Trastornos del comportamiento, cambios de humor o de carácter pueden prevenirse muchas veces con una buena alimentación y unos hábitos saludables como el ejercicio físico y una buena higiene del sueño, es decir, dormir un número de horas razonables. Esta parte la tenía un poco más cuidada, al menos el ejercicio físico, ya que voy al gimnasio unas tres o cuatro veces por semana. Esta rutina ayudó a encontrar la motivación para cuidar la alimentación. Después de hacer ejercicio y tener una buena cena, irse a dormir era como poner la guinda al pastel. El descanso no solo era necesario, sino sano y placentero.

Me hice para cenar un revuelto con verduras y huevo (le agregué algo de pechuga de pavo aunque no lo pusiera en el libro) y mucha agua. Al día siguiente desayuné aguacate, ya que una de las recomendaciones es este fruto untado en pan al que le puedes agregar jamón por encima. La energía está asegurada. Las ensaladas también son muy recomendables: "Ciertas vitaminas y minerales son imprescindibles para una buena salud física y mental como el zinc, el hierro y el ácido fólico muy presentes en vegetales de hoja verde", explica la experta.

Guillermina Torresi

Martínez Esteban declara que "esto explica por qué muchas veces cuando estamos ansiosos o tristes recurrimos a la denominada hambre emocional: ir en busca de comida para calmar determinadas emociones, como el chocolate, el plátano, las nueces y el yogur o la leche porque son ricos en triptófano que es una sustancia que estimula la liberación de serotonina".

Escucharte y mejorar

Si te escuchas, tu cuerpo te dirá qué te apetece y qué te sienta bien. No pienses desde la boca o los ojos, sino desde dentro, desde la barriga, desde la digestión, desde el recuerdo muscular que le quedó al cuerpo la última vez que comió algo similar. Y tienes que mover tu perspectiva: no eres tú, es lo que has comido, que a tu cuerpo no le ha sentado bien y a tu sistema nervioso tampoco. Si consigues ir poco a poco insertando alimentos más saludables (pan de harina integral, semillas, frutos secos, verduras y frutas germinadas, alimentos con omega tres, huevos ecológicos, aguacate, aceite de oliva...), podrás pasar al paso del mindful eating. Esta parte consiste deleitarte con el alimento, concentrarte en lo que comes. El cuerpo lo agradecerá, tendrás más placer y digerirás mucho mejor todos los nutrientes porque comerás más lento y el organismo podrá producir mejor las enzimas digestivas y la bilis.

Guillermina Torresi

Quizás tus vaivenes emocionales no tienen nada que ver con la alimentación pero, realmente, es posible sentirse más aliviadx, con mayor concentración y energía si empiezas a comer bien. Bien puede significar muchas cosas y este libro solo es una guía. Busca una alimentación equilibrada que te haga sentir con energía. Por probar no pierdes nada, aunque no veas un cambio emocional drástico, tu cuerpo por dentro estará mucho más mejor. Nada cambia si tú no cambias nada.