Vi el sufrimiento de los implantes en Turquía y prefiero ser calvo que pasar por eso

El implante en España no baja de 10.000 euros y en Estambul puedes hacértelo por 2.500. Pero, ¿vale la pena todo el proceso solo porque no te aceptas tal y como eres?

"Todos los calvos tenemos la curiosidad de ir a Turquía", explica Guillem, un joven de Tarragona de 25 años. Su cabeza empezó a clarear con poco más de veinte y en cuestión de pocos años va cuesta abajo y sin frenos. El último verano se quemó la piel de la coronilla por la escasez capilar y fue entonces cuando entendió que la calvicie era inevitable. Por eso, cuando sus amigos optaron por ir de vacaciones de navidad a Estambul, decidió que aprovecharía el viaje para tomar una decisión: implante, ¿sí o no?

Solo llegar al avión ya era un “festival de calvos. Había un grupo de unos diez que iban juntos, según me enteré, por la misma agencia”, rememora. Son los viajes para implantarse en Estambul, bastante comunes. Como explica el diario vasco El Correo, en España el precio de los injertos es muy caro, por lo que cientos de españoles viajan ahí “con paquetes turísticos de hotel y hospital”. Son “empresas españolas concertadas con clínicas turcas para ofertar implantes en Estambul”.

Hotel, excursiones, implantes y calvamistad

Como explica un usuario de un foro que se sometió a un tratamiento: “en España es tres veces más caro el tratamiento que en Turquía”, así que aprovechó para pillar “un paquete turístico-sanitario en Estambul”. El viaje lo hacen todos juntos, como una excursión escolar: “pillan a todos los tíos, los meten en el mismo vuelo, mismo hotel y misma clínica. Ahí comienza la calvamistad”.

Archivo personal

Esto es precisamente lo que se encontró Guillem durante el avión y al llegar al país. “Había grupos de calvos antes de operarse y de otros a medio tratamiento. Estos son muy graciosos porque van todos iguales, con vendajes en la cabeza, puntos negros en los capilares y una banda negra alrededor de la cabeza. Una vez fuimos a un free tour y estábamos rodeados por ellos, que iban en grupos”.

Allí se hicieron amigos de unos que le contaron la operación. “Me explicaron que te sacan pelos de otras partes de la cabeza o el cuerpo y te los van implantando. Pero me enteré de que estás con los puntos negros mucho tiempo y que hasta que pasa un año no tienes cabello suficiente como para no parecer calvo. Algunos se ponían un pelo postizo hasta entonces. Llámame inocente, pero creí que era al momento y que no era un proceso de sufrimiento de años, porque se ve que luego tienes que seguir con el tratamiento”.

"Nunca tendrás el pelo de los 14 años"

De hecho, “es muy común sentirte más calvo que nunca en las semanas posteriores a la operación”, dice Cristóbal Cavero, uno de los fundadores de cliniFUE, empresa española que se dedica a hacer estos viajes a Turquía. Además, “hay que ser realista. Nunca vas a tener el pelo de los 14 años, pero si me tengo que dar una nota, me pongo un notable. La imagen me ha cambiado por completo”, añade. Principalmente, esto fue lo que ayudó a Guillem a tomar su decisión final de no hacerse el trasplante. “Vi que los resultados, aunque no están mal, no son perfectos. Si voy a gastarme tanto dinero quiero que quede sin fallos, y eso no me lo garantiza nadie. Demasiado sufrimiento y dolor para acabar satisfecho. Prefiero raparme, que para algo tengo mucha barba”.

“Me arrepiento mucho”, se confiesa Miguel Ángel, de 34 años, de Granada, que se gastó más de 10.000 euros para hacerse el tratamiento en España (contrariamente al precio de 2.500 euros que ofrecen las clínicas como cliniFUE en Turquía, un precio que es tan barato porque, según el artículo de El Correo, el sector está subvencionado por el gobierno turco porque trae mucho turismo). “Me dolió mucho la curación y el pelo me estaba quedando feísimo, no me sentí cómodo un año después de los implantes así que me rapé”.

Por supuesto, no cree que su caso sea universal. “Tengo amigos que han acabado satisfechos”, pero él no. “El problema es que estaba obsesionado con tener pelo, cuando me tendría que haber rapado y ya está”. Esta obsesión es normal, como nos explicaba Jaume Guinot, psicólogo especializado en juventud que también trata la alopecia, “al cabello se lo vincula con el atractivo masculino e incluso, con la fortaleza y la virilidad. No tener pelo es visto como un fracaso masculino”.

El 30% de los menores de 30 son calvos

Miguel Ángel es uno de los muchos hombres jóvenes que se han quedado calvos. Según un artículo de El País, “el 30% de menores de 30 años padecen alopecia androgénica en el mundo. […] La probabilidad va aumentando según creces: a los 50 años, el 50% de los hombres padecen alopecia”. Por eso, el turismo capilar en Turquía es tan multitudinario. “Se estima que unos 100.000 varones de diferentes países europeos viajan anualmente a la antigua Constantinopla, que se ha convertido en el primer destino mundial de cirugía capilar”, explica El Correo.

“Con lo que me quedo es que me pareció muy triste ver a los grupos de calvos viajando por ahí con las bandas negras en la cabeza, como si estuvieran señalados”, explica Guillem. Pero, tras preguntarle si cree que esta idea no se le dibujó en la cabeza, precisamente, porque la calvicie está estigmatizada, respondió que “seguramente sí, tengo calvofobia interiorizada”, bromeando.

“A pesar de todo, si al final yo decidí no hacerlo es porque no quería pasar un año malo para unos resultados que pueden ser muy variables. Pero sí que es cierto que ser calvo te quita mucha autoestima y, si ir a Turquía es lo que necesitan para poder ser más felices, yo se lo recomiendo”, concluye Guillem. “Parece una tontería, pero ser calvo no es fácil y cada uno tiene que descubrir su camino”.