Me han vacunado contra el covid y durante un año seré un experimento

"La gente me trata confiada como si fuera inmune y se acabase ya la pandemia, pero no es verdad. Incluso 2021 es una fecha muy optimista"

“Llego al hospital de St George’s, en Londres, con la mascarilla y las gafas enteladas. En la puerta me esperan unos enfermeros con un cartel, como si fuera un famoso aterrizando en un aeropuerto, pero en vez de mi nombre pone ‘vacuna covid”, detalla a la BBC Richard Fisher, uno de los voluntarios en los que se ha probado la llamada “vacuna de Oxford contra la covid”, que ha tenido buenos resultados iniciales creando una respuesta inmunológica.

“Me llevan a una sala con una pantalla donde Matthew Snape, uno de los científicos que dirigen el estudio, me explica que somos 10.000 voluntarios, que nos dividirán en dos grupos, uno que recibirá la vacuna contra la covid y otro una vacuna de otra gripe diferente, que hará efecto placebo, el procedimiento habitual en los estudios clínicos. Además, me explica los posibles efectos secundarios, desde leves (náuseas, dolores de cabeza, etc.) hasta los raros y graves (síndrome de Guillain-Barré, que causa debilidad severa y puede ser mortal)”, recuerda. Después del vídeo, le hacen diversas pruebas de sangre y la PCR y lo mandan a casa, acaba de convertirse en sujeto de pruebas.

Unas semanas más tarde, le llaman para que vuelva al hospital el 3 de julio. Toca ponerle la inyección. Cuando llega a la sala de espera, le explican que el doctor que se la aplicará no sabe si es la vacuna del covid o la otra. Solamente se enterarán una vez el estudio finalice. Según le cuentan, las pruebas en Inglaterra son solo una pequeña parte de todas las que están haciendo: ahora están investigando en Sudáfrica y Brasil, ambos países con una incidencia de contagios más elevada, donde será más rápido comprobar si la vacuna está siendo efectiva, porque los sujetos de estudio estarán más expuestos al virus.

Tras la inyección, tiene, al cabo de siete días, que hacer el control desde su casa. “No es nada fácil: tengo que frotarme las amígdalas con un bastoncillo de algodón durante 10 segundos, sin tocarme los dientes o la lengua (no es fácil, es como el juego de mesa Operación), luego me meto el mismo palo en la nariz hasta el tope. La prueba nasal solo se puede describir como cosquillas en el cerebro”.

“Mientras hago las pruebas también completo un cuestionario sobre mi comportamiento en la semana anterior. ¿He estado en transporte público? ¿Con cuántas personas fuera de mi hogar pasé más de cinco horas? Luego lo envío todo por correo ordinario. Repetiré esta rutina una vez a la semana durante al menos cuatro meses, y regresaré al hospital regularmente para análisis de sangre durante el próximo año”, detalla. Así, comprobarán si su cuerpo ha estado en contacto con la covid y ha generado una respuesta inmune. Si sale positivo, estarán más cerca de la acabar con la pandemia.

“Lo peor”, reconoce, “es que como no sé si mi vacuna es la que me inmuniza del covid tengo que seguir haciendo vida totalmente normal: es decir, protección, distancia y aislamiento”. Los resultados no los tendrá hasta, como mínimo, 2021. Muchos de sus amigos, a pesar de eso, lo tratan como si fuera inmune, como si la vacuna ya fuera efectiva y, ante este mínimo rayo de esperanza y la pesadez de estar hartos de estar condicionados por el covid, pensasen que ya, pronto, se acabará todo.

De hecho, según opina, esta actitud también la tienen muchos políticos británicos, que creen que ya han encontrado una solución y se muestran muy positivos, relajando las medidas. “Si bien el ensayo de la vacuna de Oxford ya ha mostrado resultados prometedores de seguridad y la tentadora posibilidad de una respuesta inmune protectora, solo fue en 1.000 personas [de las 10.000]. Para lanzar una vacuna a millones (o al mundo entero), se necesita un nivel de confianza que solo puede venir con paciencia y más datos”, reconoce.

De hecho, ya hay precedentes de por qué no es bueno acelerar la vacuna: “en 1976, el temor a un brote de gripe porcina llevó al gobierno de los Estados Unidos a acelerar el desarrollo de vacunas e inocular a decenas de millones de estadounidenses. La temida pandemia nunca llegó, pero según algunas estimaciones, alrededor de 30 personas murieron debido a reacciones adversas a la vacuna”. Es decir, las noticias de la vacuna de Oxford son positivas, sí. Pero debemos entender la información con prudencia. Todavía queda mucho para que consigamos una vacuna que nos devuelva la vida normal y nos saque de esta “nueva normalidad”. Antes de 2021 no llegará... "y esa fecha sigue siendo bastante optimista".

CN