Por qué cuando estás triste quieres comer mal (y empeora las cosas)

El atracón de los bajones es lo peor que puedes hacer si quieres levantar cabeza

No es solo culpa de las películas ni de Friends. Cuando estás triste, lo primero en lo que piensas cuando se te va esa congoja que te corta hasta el hambre es en un litro de helado con crema de chocolate, destellos de M&Ms y sirope de arce. Parece que si te sumerges en sus profundidades, se acabarán todos los problemas, te olvidarás de tus dramas y volverás a radiar como la primavera. Sí, le pasa a todo el mundo pero, ¿por qué?

Lo llaman "comfort food", comida de confort, y claro nos hace sentir bien porque nuestra comida favorita nos flipa y consumirla en grandes proporciones y sin límites es como saltar encima de la cama cuando tus padres se iban al cine: una liberación, un desafío de los límites y de la autoridad. Todo el mundo te ha dicho que no lo hagas y que es malo para ti, pero en ese preciso momento te da igual. Error.

La idea es sentir que lo haces solo por una vez. Es la excepción de oro para ese día de mierda. Pero si se alarga, obviamente, empezarás a sufrir desnutrición. El subidón de azúcar no te lleva a ninguna parte. "Nuestros cuerpos no están programados para comer comida procesada. Y cuando nos volcamos a la comida de comfort cada día empezamos a enfermar y eso nos hace aún más tristes. Puede ser que eso nos siente bien en el momento en que nos lo comemos, pero solo en una hora o dos podemos empezar a caer enfermos y empeorar nuestro estado de ánimo", explica la investigadora Jo Ann Stevelos en un artículo de Psychology Today.

Encontrar formas para sentirnos mejor no es fácil, pero hay que aplicarse. ¿Cómo te sienta una ducha y un paseo? ¿O cuidar plantas? ¿O ver a alquien que llevas tiempo sin llamar y ponerte el reto de no hablarle de cómo te sientes? ¿Y si le hablas de tus sentimientos? Tal vez te ayude ordenar tu casa, ir al gimnasio o ponerte una peli. No hace falta que sean grandes aspiraciones, sino pequeños gestos que te den bienestar. Comer mal es la mejor definición de pan para hoy y hambre para mañana. Te encierra y te estanca más. ¿Que te apetece comer helado un día? Pues claro. Y dos. Pero tú mismx sabes notar cuándo algo te sienta bien y cuándo te está hundiendo en un pozo todavía más profundo del que no podrás salir con facilidad.