¿Por qué dormimos tan mal en verano? Tiene solución

Las rutinas, el sol y las altas temperaturas: algunos de los factores culpables

No hacen falta muchos estudios sobre el sueño para saber que en verano se duerme menos y peor. Y no es por las fiestas de pueblo, las charlas de los abuelos en las calles ni porque sube la libido. Aquí os detallamos algunos de los factores culpables:

1. El horario

Sumamos más horas de exposición al sol durante los meses de junio, julio y agosto, que durante el invierno (principalmente los que viven en latitudes septentrionales); y la luz suprime la producción de melatonina del cuerpo, una hormona que envía la señal que es la hora de ir a la cama. Por lo tanto, si tenemos mucha luz, ya sea natural como artificial, hasta poco antes de intentar dormirnos, la melatonina no se libera y es probable que nos cueste más coger el sueño.

2. El calor insoportable

Con el cambio climático las temperaturas cada vez son más altas y a menudo se hacen insoportables. En condiciones ideales, nuestro cuerpo empieza a bajar entre unos dos o tres grados de temperatura antes de dormirnos. Nos está preparando para descansar. Pero cuando hace demasiado calor, la temperatura interna de nuestro cuerpo no baja o baja con mayor lentitud. Este efecto también es una de las causas de que, cuando durante la noche tenemos mucho calor, nos vayamos despertando de vez en cuando.

3. Cambio de rutina

La mayoría de la gente en verano cambia de rutina y opta por irse de vacaciones. También se hacen planes más tarde, se tiene en general más vida social y aumenta el consumo de alcohol y sustancias varias. Muchos de estos planes rompen nuestra rutina (eso el cuerpo lo nota) y se hace bastante tarde, justo antes de ir a dormir.

Soluciones:

Las soluciones son bastante obvias, pero hace falta tenerlas presentes. Una de ellas es, por ejemplo, mantener una rutina. Es decir, intentar irnos a la cama y despertarnos cada día a la misma hora (al menos entre semana) y, los fines de semana, no variar tampoco mucho los horarios. También va bien dejar que nos toque el sol durante el día, principalmente por la mañana y, concretamente, cuando nos levantamos. La luz dice a nuestro cuerpo que es de día y que toca estar despiertx, y cuando ya no nos toca (como decíamos antes, tenemos que evitarlo antes o poco antes de ir a dormir) el cuerpo entiende que es hora de descansar.

En este sentido, atenuar la luz dos o tres horas antes de ponerse en el sobre es positivo, así como apagar los dispositivos electrónicos, como el ordenador o el móvil. También tenemos que intentar no hacer actividades muy activas antes de ir a dormir, como hacer deporte o lavar la casa entera. No podemos pasar de cien a cero rápidamente, el cuerpo necesita su tiempo y, si queremos dormir como dios manda, tenemos que dárselo.