La piel es el espejo de tus problemas emocionales

Tu canción favorita sonando en directo en un concierto. El olor que te hace recordar a alguien importante en tu vida. El frío del invierno. Ver acercarse a la persona que quieres. El miedo que te provoca una película de terror. Estas emociones te pondrán, sin duda, la piel de gallina. El mayor órgano que tenemos los seres humanos es sensible al frío, al viento, a la contaminación, al calor y, por supuesto, a las emociones. No solo los ojos son el espejo del alma, la piel que recubre absolutamente todo nuestro cuerpo también lo es.

No será la primera vez que te han aparecido pequeñas rojeces o granitos que no sabes de dónde provienen. Tu primer pensamiento será pensar que has comido algo que te ha sentado mal o que te ha dado alergia. ¿Has notado alguna vez que tu pelo se cae más que de costumbre y tampoco sabes por qué? Tus niveles de hierro y vitaminas están correctamente y, aún así, tu cabello se cae a borbotones. No todos nuestros problemas dermatológicos están asociados a enfermedades físicas, sino que los problemas psíquicos juegan un papel directo en algunas enfermedades de la piel.

Pese al escepticismo de algunos dermatólogos en torno a esta cuestión, la Asociación Americana de Psicología aseguró en febrero de 2015 que es un evidencia que la mente y el cuerpo están vinculados y que, por tanto, la piel sufre cuando nosotros lo hacemos. ¿Por qué si no te enrojecerías cuando vives un momento de vergüenza o timidez? ¿Por qué ante una situación de angustia o miedo tu piel se vuelve más pálida y apagada? Puede que esta sea una de las razones por las que el campo de la psicodermatología ha crecido considerablemente en los últimos años, sobre todo en Europa.

Los psicólogos especializados en los trastornos de la piel tienen hasta tres campos diferenciados con los que trabajar. Por un lado se encuentran los problemas de la piel asociados a los problemas emocionales, como el estrés. Por otro, los problemas psicológicos provocados por las enfermedades o trastornos de la piel, como la psoriasis. Y, por último, los trastornos psiquiátricos que se manifiestan a través de la piel, como la tricotilomanía (alopecia traumática) o el delirio de parasitosis (el paciente cree tener bichos bajo su piel).

Según el médico especialista de Sochiderm, Rodrigo Loubies, se estima que hasta un tercio de los pacientes dermatológicos "requiere consideración de factores psicológicos o emocionales" a la hora de tratar sus afecciones cutáneas. Muchas de ellas (rojeces, urticaria, sudoración extrema, acné caspa, picores, sarpullidos...) aparecen y se desarrollan en momentos de máxima ansiedad, estrés, angustia y miedo. De hecho, los estudios demuestran que el 80% de las enfermedades de nuestra piel tienen origen psicosomático, es decir, los factores psicológicos influyen en ellas.

Estos factores desempeñan un papel importante no solo en la aparición de las enfermedades sino también en su mantenimiento y su cuidado. Desde el Centro Psicológico Gran Vía afirman que las enfermedades psicosomáticas son producidas por somatizaciones del individuo: "Cuando la relación mente-cuerpo se ve alterada debido a emociones displacenteras, sentimientos negativos, modificaciones del ciclo vital o situaciones de alto impacto emocional, las cuales producen estrés, pueden representarse en forma de síntomas o enfermedades físicas".

La piel refleja problemas emocionales

Para su tratamiento es necesario analizar las emociones desde el punto de vista terapéutico y tener en cuenta todas las esferas de la vida del paciente, porque cada persona es diferente y responderá físicamente de una forma distinta. "En algunas personas cuya salud física ha sido muy buena durante toda su vida, el trastorno emocional puede persistir durante mucho tiempo sin llegar a manifestarse de forma clara a nivel físico. En cambio, otras personas, manifiestan sus alteraciones emocionales a nivel físico muy rápidamente, de forma que es posible que ni siquiera sean conscientes de lo que están sintiendo", apuntan desde el Centro Psicológico Gran Vía.

Sin embargo, y dicho todo esto, no hay que olvidar que cualquier problema de la piel tiene que ser primero analizado por un médico especialista para que sea él el que descarte cualquier problema biológico. Una vez tachado de la lista el trastorno físico no deberías rechazar la ayuda de un psicoterapeuta ya que la afección, que puede estar desencadenada y producida por las emociones (estrés, cansancio, presión, ansiedad...), puede incluso agravarse si no se conoce su procedencia y si no es cogido con el tiempo que se merece. La próxima vez que tu piel sufra pregúntate antes si tú también lo estás haciendo.