Personas con hiperhidrosis te explican el infierno de vivir eternamente empapadas en sudor

No poder ponerte sandalias, sentarte en el metro y mojar el asiento o tener relaciones sexuales y que tu pareja se resbale. Estas son algunas situaciones cotidianas que sufren los afectados por la hiperhidrosis

“Desde siempre había sudado mucho, por todo el cuerpo, pero con exceso en las manos”, explica Xavier, un chico de Barcelona. Aunque durante muchos años había podido sobrellevarlo con muchas molestias, el coste emocional y social estaba convirtiéndose en algo insoportable. “Imagínate, no poder llevar camisas, llegar a reuniones a las 8 de la mañana ya sudado. Coger una bici y mojar la espalda, manos y asiento, notar siempre tu ropa pegada por el sudor al cuerpo, incluso no poder dar la mano a tu pareja durante más de unos segundos”, explica. Finalmente, el punto de inflexión llegó en el momento en que consiguió su empleo actual.

Él, que había estudiado para manipular documentos, acababa de empezar trabajando con libros y textos antiguos. Pero se dio cuenta de que no podía hacerlo. No por falta de conocimiento, sino porque sus manos sudaban tanto que a duras penas podía trabajar con textos centenarios sin dañarlos irreversiblemente. Empezó a usar guantes y a poner el aire acondicionado a tope para poder trabajar, pero era solo un parche, no una solución. Acudió al médico, que le confirmó lo que él se imaginaba: tenía una patología, hiperhidrosis, el exceso de sudor.

La sudoración extrema tiene nombre

“La sudoración no es mala: es importante para el control de nuestra temperatura y la creación de una primera barrera de defensa cutánea. Pero puede haber un aumento de sudoración, la hiperhidrosis generalizada. Es bastante habitual, la tiene entre el 1-3% de la población. Pero no se consulta excesivamente, dada la falta de eficacia, hasta ahora, de los tratamientos”, explica José Carlos Moreno, dermatólogo de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV),

Tener hiperhidrosis supone pasarse prácticamente todos los meses del año con sudor. Tanto, que no puedes ni tener una vida normal. “No puedes vestir como los demás, no te puedes poner sandalias, según que jersey tampoco, tampoco faldas o medias, ya que se manchan y se ve el sudor, tampoco puedes maquillarte porque se corre. Es difícil el día a día”, explica Maribel, una mujer con hiperhidrosis, a Dejar de sudar, una tienda de productos para combatir la sudoración excesiva.

Según Moreno, “es un proceso que no suele revestir gravedad”, por lo que la salud de los que la padecen no se ve afectada. El daño es siempre psicológico y social. “Sin duda, deteriora de forma muy importante la calidad de vida de quien la padece”, añade el experto. Por eso, la seguridad social en nuestro país la cubre.

No poder ni salir de casa

Maribel lo vivió durante muchos años. Era un problema que dificultaba sus relaciones sociales y le acarreó bullying, soledad y tristeza. “De pequeña no le daba importancia pero a medida que pasaron los años iba viendo que mis compañeros de clase me rechazaban y se burlaban. A consecuencia de eso, me fui volviendo más tímida y mis relaciones sociales se hicieron escasas”.

Ahora, y tras años sufriendo, ha logrado operarse. “Por primera vez en 43 años me he podido calzar unas sandalias”, comenta. Xavier está en este proceso, hablando con los médicos de la seguridad social para pasar por quirófano y poner remedio a su infierno. “No me imagino cómo será la vida a partir de ahora. Cuando voy en metro nunca me siento porque dejo el asiento mojado y la gente me mira mal. Cuando voy en bici se me resbalan las manos del manillar. Incluso teniendo relaciones tengo que poner muchas toallas, cambiar las sábanas y hay muchas posturas que no puedo hacer porque se resbalan cuando tocan mi cuerpo”, confiesa.

Pero como explica Moreno, hay tratamientos menos agresivos antes de las operaciones, que pueden ser muy invasivas. Menciona algunos: “antisudorales, productos que inhiben la sudoración a diferencia de los desodorantes, que tratan de minimizar el olor, pero cuya eficacia es baja”, “anticolinérgicos, que bloquean la una sustancia que provoca el sudor, la acetilcolina, pero que tiene muchos efectos secundarios” o “iontoforesis, una técnica que inyecta en la piel sustancias que bloquean el sudor y que resulta una terapia efectiva, pero difícil de realizar dado el tiempo que conlleva”.

La ratio de éxito de estas terapias, como cabe de esperar, no es muy alta, aunque en casos muy concretos tiene éxito. A Xavier no le han funcionado. “Me pidieron que lo probase todo antes de operarme, y así he hecho, pero sigo convencido: tengo que pasar por quirófano”.

Operarse para dejar de sudar

Incluso dentro del sector quirúrgico existen diversas alternativas, pero la más común es la encargada de extirpar, extraer o eliminar los ganglios que llevan el sudor a las partes de “urgencia” de donde quieras dejar de sudar. Eso sí, “es probable la aparición de la hiperhidrosis compensatoria, es decir, que desaparezca de un lado y el resto sude el doble”, advierte Moreno.

Aunque no se arrepiente de haberse operado —“mi vida ha mejorado mucho”, asegura—, Maribel sufre un caso de sudor compensatoria muy grande: “desapareció el sudor de las manos tras la operación, pero el compensatorio es bastante, sobre todo cuando hace calor, y cubre la zona del tronco (desde debajo del pecho hasta las nalgas), lo cual me condiciona la ropa (nada de colores claros en verano porque se ve mojado, siempre llevo colores muy oscuros)”.

“Es un riesgo que tengo en cuenta”, explica Xavier. Pero le da igual sudar más del torso si siente que, por fin, “mis manos me pertenecen y las siento como herramientas útiles”. Además, ahora ya tiene sus técnicas para evitar manchar la espalda. Por ejemplo, siempre lleva camisetas interiores absorbentes en la mochila, de recambio. “La llevo puesta bajo la camisa y cuando llego al trabajo me la cambio, empapada. Al cabo de unas horas, dependiendo del calor o ejercicio que haga, me cambio también la segunda camiseta. Y así voy haciendo para no dejar marca, aunque hay algunas, como la de los sobacos, que sé que son inevitables y que voy a tener que vivir con ellas el resto de mi vida”.