La pandemia del coronavirus me ha ayudado a dejar de fumar

El de después de tener sexo, el de por la mañana con el café, el de la tardecita con la cerveza, el del rato de descanso del curro… Cada día fumaba entre unos cuatro o cinco cigarros y eso se ha terminado

Hace un mes que dejé de fumar. Justo hoy se cumplen 31 días. Es la fecha en la que mis amigxs de verdad creen que lo he dejado. Lo más importante de este recorrido reside, desde mi punto de vista, en el origen. Un día me quedé sin papel de liar y me dio mucha pereza ir a comprar. Pensé “lo compro mañana”. Estuve en esa dejadez durante tres o cuatro días y cuando llegó el día en el que ir a comprar papel me quedaba de camino en mi rutina, decidí no hacerlo, decidí no fumar más. Fin de la historia.

El día que me quedé sin papel de liar fue un 8 de agosto. El día 14, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, comunicaba, además, que quedaba prohibido —como medida para evitar la propagación del Covid-19— fumar en terrazas si no existían los dos metros de separación. Es el destino, pensé. Esto me ayudará. 

Elegir el camino

Nada parece hacerse real hasta que tomas la decisión. Antes de tomarla, no me costaba no fumar. Después de decidirlo, mi cuerpo cada dos segundos parecía necesitar un cigarro. Los días se me hacían eternos sin un tabaco que matara el tiempo. Los ratos de descanso, el segundo café del día, la llamada por teléfono, la videollamada, el tercer café del día… Cada instante iba acompañado de un cigarro y todos me hacían pensar en ello. Mi cuerpo palpitaba y me decía, dámelo ya. Pero no tenía papel de liar. El séptimo día, es decir, una semana después de tomar la decisión, mientras buscaba no me acuerdo el qué, encontré en un cajón una bolsa llena de papel de liar, con filtros y tabaco. Locura. Me quedé quieta mirándolo y decidí no ceder. No caer y no volver a fumar.

Hay muchas formas de tomar la decisión, a mi alrededor ha sucedido de diferentes maneras. El día que mi padre dejó de fumar fue por su cumpleaños, se grabó un vídeo fumándose el último, disfrutándolo y a partir de ahí no volvió a fumar. Tengo amigos y amigas que solamente fuman si salen a tomar algo con alguien o si quedan con alguna persona que fume, ese grupo que se llama a sí mismo “fumadores sociales”. Para mí estas reuniones son pura tentación, me va mucho mejor en soledad, si quedo con gente me es casi inevitable no fumar. La cuestión es que hace mucho que no quedo con más de dos personas y esto es gracias a las prohibiciones generadas por la pandemia.

Caída en picado

Obviamente no soy la única que ha aprovechado estos límites para dejar de fumar. No solo era una recomendación por parte de los médicos sino también de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). Como cuenta El País cientos de personas han tomado la decisión de acabar con este mal hábito en plena pandemia. En abril, por ejemplo, la venta de tabaco bajó casi un 27%, el mayor descenso desde 2013. Un mes más tarde se realizó una encuesta a más de 17.000 personas durante el confinamiento, de las cuales un 6,73% de los fumadores había dejado de fumar completamente y un 5,98% había reducido el consumo durante el encierro. A inicios de este mes de septiembre, como explica El Economista se supo que la recaudación fiscal por tabaco se hundió más de un 20%. Así que sí, bastantes personas le han dicho adiós a este vicio.

El encierro para mí fue de todo excepto el momento para dejar de fumar. Durante ese periodo caí en una bajona monumental y no fui la única. Es más, el hecho de que tantas personas compartieran por redes sociales lo productiva que estaba siendo su cuarentena generó el efecto contrario en otras personas. Carme Sánchez Martín, psicóloga y sexóloga clínica del Instituto de Urología Serrate & Ribal, explica que “durante el confinamiento teníamos la sensación de que todas las personas aprovechaban al máximo el tiempo haciendo deporte, cocinando… Siendo productivas. Sucedió lo mismo durante el verano: nos da la sensación de que todas nuestras amistades están de vacaciones porque no hacen sino compartir fotografías viajando por el mundo. Las redes sociales promueven esta sensación de que todo el mundo está activo y, a veces, en lugar de motivarnos, nos genera aún más bajón”.

Oportunidad

En estos 31 días he deseado más que nunca fumarme un cigarrillo, he tenido momentos de mandarlo todo a la mierda y pensar “por uno solo no pasa nada”. Mis amigas me animan diciendo que si sucede no sería un fracaso, que no me martirice si un día no aguanto más y me fumo uno.

Lo bueno es que ahora, cuando voy a una terraza con mi mascarilla y mi gel en el bolso ya no siento que voy a enfrentarme a las ganas de fumar que me daban siempre junto a una cerveza o junto a un café porque a mi alrededor no hay humo, no hay ningún tabaco encendido. Diría que es una oportunidad que hay que aprovechar, como si se tratara de un tren al que subirse. Ahora es más fácil dejar de fumar.