Desayunar o no desayunar, esa es la cuestión

Por mucho que hayas escuchado a lo largo de toda tu vida la frase “deben realizarse 5 comidas al día” o “el desayuno es la comida más importante del día”, la realidad es que ninguna de las dos tiene justificación ni base científica que la respalde. De la misma manera que, en consulta, siempre se deben personalizar las recomendaciones dietéticas según las necesidades, la rutina, la cultura y las preferencias alimentarias de cada persona, el comer 3, 4, 5 o 6 veces al día también debe ser determinado por un profesional y su paciente en función de las características y los objetivos del mismo. Es decir, resumir algo tan complejo en una sola frase quizá pueda ayudarte con tu necesidad de cierre cognitivo, pero no es nada útil en la realidad. 

La industria alimentaria, a través de la publicidad, se ha encargado de enviar mensajes directos que nos han hecho creer que no desayunar puede tener consecuencias terribles para la salud, pues, según dicen, “puede ralentizar nuestro metabolismo, favoreciendo el aumento de peso”, “puede hacer que te sientas más cansado/a” y “puede hacerte enfermar”. 

¿Te has fijado en qué tipo de productos se suelen recomendar para desayunar? Por ejemplo, el Ministerio de Salud no suele financiar campañas de publicidad que ayuden a promover el consumo de frutas y vegetales, sino que colabora con las grandes multinacionales que venden productos procesados repletos de azúcar y grasas, una sinergia que ofrece un sabor y palatabilidad inigualable debido a sus características organolépticas (que son bien percibidas por nuestros sentidos) y, consecuentemente, hace que seamos “adictos” a ellos, pues al ingerirlos, los receptores del sabor dulce que se localizan en la punta de la lengua envían un mensaje a nuestro cerebro que activa los receptores del placer.

Algo no va bien cuando la población considera un despropósito que una nutricionista, en este caso María Merino, le dé a su hijo garbanzos para desayunar pero le parezca totalmente normal que la mayoría niños y niñas en edad de crecimiento consuman leche con Cola-Cao y cereales azucaradas para “empezar el día con energía”. Estos fueron algunos de los comentarios que recibió tras realizar el polémico tuit en enero de 2018:

“¿Y qué come? ¿Qué merienda? ¿Qué cena? Si empieza el día con garbanzos muy equilibrado tiene que ser el resto del día para no acabar obeso. Al tiempo. Ojo, que espero que no, pero vigila.". “Y digo yo, ya que eres nutricionista, cúrratelo un poquito y hazle unas galletas a tu hijo (sin azúcar). Da bastante penita verle ahí con el tupper de garbanzos...”. “Pues le deseo un feliz desenlace a su digestión todos los días: los garbanzos no es precisamente lo más digestivo del mundo, y provocan meteorismo. En fin. Los críos del colegio son muy crueles. Espero que no hayas marcado a tu hij@, haciendo público todo esto”. “Cuando crezca probablemente te odiará y se irá de casa para siempre”.

Tenemos la mala costumbre de cuestionar y opinar sobre la vida de los demás sin saber el contexto general. Desayunar garbanzos es una opción más, ni mejor ni peor que cualquier otro desayuno que se conforme a base de alimentos saludables. Y si no tengo hambre por las mañanas, ¿qué pasa? La opción de no desayunar es igual de válida que la de desayunar, siempre y cuando durante el día se le aporte a nuestro organismo los nutrientes necesarios para asegurar su óptimo funcionamiento. Desde luego, si el desayuno va a estar formado por azúcares y carbohidratos refinados, más vale saltárselo y beneficiarse de las propiedades del ayuno intermitente

  • Aumento de la sensibilidad a la insulina (hormona que conduce la glucosa a todas las células del cuerpo), lo que favorece el metabolismo de los hidratos de carbono
  • Reducción del estrés oxidativo a nivel celular y aumento del poder antiinflamatorio 
  • Autofagia celular (algo así como un reciclaje interno)  
  • Reducción de la ansiedad por la comida en muchas personas
  • Puede ser una herramienta para la pérdida de peso en personas a las que les cueste realizar dietas hipocalóricas

Hay que aprender a escuchar los mensajes que nos envía nuestro cuerpo: si tienes hambre al despertar, encárgate de proporcionarle alimentos. Alimentos de verdad y no productos alimentarios que vienen dentro de paquetes con diferentes reclamos que ha utilizado la industria alimentaria durante años de manera estratégica para captar la atención de todos los públicos, siendo el infantil el más vulnerable.. Y si eres de lxs que se despierta sin hambre, no tienes de qué preocuparte, ni vas a engordar ni vas a enfermar, sino que contrariamente a lo que te han hecho creer, te beneficiarás de lo expuesto previamente.

No obstante, si eres de lxs que se levanta sin hambre pero después no puede pasar la mañana sin un café doble con 2 o más sobres de azucarillos y algo de bollería, mejor que desayunes algo antes de salir de casa o lleves encima algún tentempié (fruta o frutos secos, por ejemplo) que logre evitar que caigas en la tentación de comprar ultraprocesados que, a la larga, si se convierten en un hábito, pueden acabar perjudicando tu salud. 

De manera general, un buen desayuno debe estar formado por grasas saludables, proteína, fibra y antioxidantes. Así, será posible saciarse y aguantar sin ni siquiera darse cuenta hasta la siguiente comida. Consume fruta, olvida los productos light y los típicos cereales de desayuno. Si te gustan los lácteos, apuesta por aquellos enteros, fermentados y, preferiblemente, de cabra u oveja; si te gustan los cereales, que no vengan en cajas con mensajes de pérdida de peso o de “rico en”, sino que sean cereales enteros: arroz, avena, trigo sarraceno… Y, si eres atrevido/a, anímate con una ensalada o con los restos de la cena del día anterior: no existen modelos de comidas ni de cenas, ¿Por qué debería de haberlos de desayunos?