Por culpa del confinamiento me he vuelto adicta a contar las calorías que pierdo corriendo

"Era una forma de escapismo". Las rutinas deportivas y el superarse cada día, era lo único que podía controlar para reducir la ansiedad de enfrentarse a la incertidumbre económica y laboral del covid-19

Como tantos otros durante la cuarentena, la periodista Danielle de Wolfe se aficionó al deporte. Después de unas semanas engordándose por la falta de ejercicio, se puso como objetivo salir a correr y hacer fitness casero. Se compró por Amazon un reloj de esos que calculan tus calorías y se hizo sus rutinas de ejercicio. Al final, recuerda, “acabé mirando el reloj 15 veces al día, mirando todas las calorías que estaba perdiendo”. Se había obsesionado con su peso y con ser fit para evitar caer en el sedentarismo del teletrabajo.

“Estaba enganchada a la ráfaga de dopamina y endorfina que me daba, no solo el ejercicio, sino ver la distancia que había corrido, los propios récords que había roto y las competiciones con mis amigos que también se habían enganchado al deporte. Esos aparentemente insignificantes números que llenaban la pantalla de mi reloj dejaron de ser algo trivial para convertirse en mi motivación diaria”, explica en un artículo para el diario británico Metro.

Danielle de Wolfe

Danielle usó el deporte como una forma de continuidad con su exterior y como disciplina. “Era una forma de escapismo”, confiesa. Con las rutinas inciertas del covid, la precaria situación laboral y la inseguridad económica, lo único en lo que podía confiar y vencer era el deporte. Por muy mal que fuera todo, sabía que podía superar sus récords, perder más calorías de las que ganaba, vencer marcas de sus compañeros y superar las limitaciones de su propio cuerpo. El deporte era lo único que le daba esa sensación de salir victoriosa en un momento de profunda inestabilidad.

“Me di cuenta cuando unos hackers tumbaron mundialmente Garmin, la app que estaba usando”. Ella, que miraba su reloj una decena de veces al día, de golpe se quedó sin poder usarla. “Sobre el papel, supuso pasarme tres días sin registrar mi actividad deportiva. Pero para mí, supuso no tener acceso a la información minuto a minuto de lo que pasaba en mi cuerpo, así que no tenía logros ni récords que vencer, de golpe me invadió la ansiedad y la sensación de descontrol. Tuve breakdown y una sensación constante de intranquilidad. Lo que había usado para aliviar mis problemas, había desaparecido”, recuerda.

Ahora que es consciente de este problema, ha decidido cuidarse mentalmente, pero sin abandonar sus rutinas de deporte, planteándolas de forma más sana. Sin pensar en cuántas calorías está quemando o cuántos metros más ha corrido respecto al día anterior. “La caída de la app fue como mirarse en un espejo y ver reflejados mis malos hábitos. Me di cuenta de que intentando conseguir un estilo de vida healthy puedes acabar fácilmente cayendo en una conducta obsesiva, siniestra y destructiva”, concluye. Al final, es lo de siempre: si algo lo hacemos para escapar de nuestros problemas, aunque sea algo tan sano como el deporte, fácilmente se convertirá en un insano hábito obsesivo.

CN