He sido crudivegana durante una semana y esto es lo que he aprendido

Parece una de esas modas que se publican cada cierto tiempo en las revistas de lifestyle. "Madonna se une a la dieta crudivegana" o "cómo perder peso tomando solo vegetales sin cocinar". No es así. El crudiveganismo o raw food no es solo un plan o régimen alimentario, es un estilo de vida que -como el veganismo- integra varios hábitos de consumo del día a día (ropa, cosmética, alimentación...) centrados en el respeto a los animales y al medio ambiente.

En ella se unen el veganismo y la dieta crudívora, es decir, alimentos que no sean de origen animal y que, además, no estén cocinados ni hayan sufrido ningún tipo de procesamiento. Según sus seguidores, ingerir productos de procedencia animal y alimentos cocinados a más de 46º centígrados es perjudicial para la salud, ya que con la cocción se pierden los nutrientes naturalmente presentes en frutas, frutos secos, legumbres, cereales, semillas y vegetales. También están permitidos los alimentos deshidratados.

Me he vuelto loca buscando información para poder pasar una semana comiendo crudivegano. Muchas de las webs sobre esta dieta son escasas y se contradicen entre ellas, o más bien, omiten información importante. En algunas la alimentación tiene que ser 100% cruda y en otras afirman que con el 70% de alimentos sin cocinar se puede considerar 'crudiveganismo' (de esto último me enteré a mitad del reto). Además, existen varias vertientes: una en la que comen únicamente fruta, otra en la que ingieren solo vegetales y una última en la que combinan los dos, junto con otros alimentos como los frutos secos y las legumbres germinadas.

Decidí guiarme por las webs que me parecían más serias y por la famosa youtuber Yovana Mendoza, Rawvana, que lleva años predicando el veganismo y el crudiveganismo a través de su canal de Youtube. Así que decidí que mi alimentación estaría basada en frutas y vegetales, junto con otros alimentos, sin cocinar ninguno de ellos.

Día 1

No puedo tomar café. Vale, no voy a aguantar esta semana. He tenido que mirarlo varias veces para creerme de verdad que el café, al ser una 'infusión' caliente, está fuera de mis posibilidades. Yo no suelo desayunar con consistencia, mi único 'alimento' es esta bebida al levantarme, así que voy a necesitar alguna alternativa para la sobrellevar la semana.

De camino al trabajo todo tiene que ver con comida que no me puedo permitir: Spotify me anuncia una famosa marca de chocolatinas, en Instagram los helados y las galletas aparecen por doquier y mis e-mails de trabajo, de repente, también están asociados a eventos gastronómicos. No sé si es porque sé que tengo que restringir ciertos —muchos—  alimentos durante varios días o porque siempre ha sido así y no le he dado mayor importancia, pero me he 'cabreado'.

Mi comida se ha basado en una ensalada con varios vegetales, frutos secos y mucha fruta. ¿La cena? Más de lo mismo. He querido 'tirar' de alimentos que ya tenía en casa y eso es lo que me he podido hacer hoy pero, por la tarde, he hecho la compra para toda la semana después de encontrar varias ideas en una web de recetas. He de decir que no me he sentido más cansada al final del día que era algo que me preocupaba. Eso sí, me dolía bastante la cabeza y lo achaco a la falta de cafeína en mi cuerpo.

Día 2

Echo de menos el café. Como alternativa he decidido desayunar todos los días un zumo de naranja porque es lo más sencillo y rápido que he podido encontrar. Cuando le he contado a mis amigos lo que estoy haciendo han pensado que estoy loca. "Pero eso, ¿es sano?" ha sido la pregunta del millón. Y como es algo que a mi también me preocupa, he estado buscando información científica —y veraz— al respecto.

Según la Asociación Americana de Dietética, en un estudio publicado en el año 2009, cualquier dieta vegetariana o vegana (incluyendo la crudivegana) bien planificada "es saludable, nutricionalmente adecuada y puede proporcionar beneficios para la salud en la prevención y el tratamiento de ciertas enfermedades".

Sin embargo, en el mismo, se detalla que para que estas sean completas habrá que añadir a la dieta algunos complementos: "Una dieta vegetariana puede cumplir con las recomendaciones actuales de los nutrientes clave para los vegetarianos (proteínas, ácidos grasos n-3, hierro, zinc, yodo, calcio y vitaminas D y B-12). En algunos casos, los suplementos o alimentos fortificados pueden proporcionar cantidades útiles de nutrientes importantes". Es decir, o incrementamos considerablemente en nuestro día a día alimentos que sean ricos en estos nutrientes o debemos administrarnos suplementos alimenticios.

Día 3

Hoy he descubierto El Manual de Crudivegano en un último intento de saber si podía beber algo más que agua y zumo elaborado por mi misma cuando salgo con mis amigos a tomar algo. Este manual es un resumen del libro 'Crudo en la nevera, el manual del crudivegano' y ha sido mi salvación para el fin de semana. En él permiten algunos alimentos que no son considerados crudos, como los anacardos, la mostaza o las aceitunas negras.

Además, permiten el vino tinto ecológico: "El vino es una bebida obtenida de la uva mediante la fermentación alcohólica de su mosto o zumo. El vino tinto sin sulfitos, por tanto, será un alimento vivo que, a pesar de tener alcohol, contiene un potente antioxidante llamado revesratrol. Por ello se acepta su consumo ocasional moderado, pues el alcohol es más dañino para una persona crudivegana". Y sí, esto es lo que he bebido (moderadamente) este fin de semana. Además, gracias a este manual he cogido ideas para mi comida: espaguetis de calabacín con frutos secos y salsa de aceitunas.

Día 4

Hoy he decidido probar un restaurante crudivegano, de los pocos que hay en Madrid. Y, la verdad, he salido bastante decepcionada. Escogí este restaurante por las buenas críticas que había visto en Tripadvisor y porque uno de los platos que prometían era una 'tabla de quesos crudiveganos', uno de los alimentos que más he echado de menos estos días. Cuando llegamos, ni había tabla de quesos (estaba tachada en la carta) ni estaban disponibles el resto de los cinco entrantes. Sólo pudimos probar uno, el único que había, basado en algas nori rellenas de vegetales.

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En cuanto al resto de la carta, tampoco estaban disponibles todos los platos principales y he sentido que tenía que comer 'por descarte'. Además, el precio me ha parecido excesivo para un entrante (que no he podido elegir) y dos platos principales (una moussaka y unos espaguetis de calabacín al pesto de menta, con variación de ingredientes respecto a la carta): un total de 52 euros por dos personas, bebidas incluidas.

Por aportar un punto positivo de la experiencia, el cocinero —también camarero— ha sido muy agradable y nos ha explicado en cada momento qué era cada plato y cómo estaba elaborado. Sin embargo, hemos casi dos horas allí sentados habiendo únicamente una mesa con comensales. No quiero decir que la experiencia en cualquier restaurante de este tipo sea así pero, teniendo en cuenta la oferta, las posibilidades para los crudiveganos son muy reducidas en una ciudad como Madrid.

Día 5

Ha llegado el frío del otoño y se me hace un poco cuesta arriba no poder ingerir ningún alimento caliente. No quiero ni pensar si esto lo hubiera hecho en diciembre. He decidido acogerme a 'mi derecho', o más bien a la premisa, de que puedo ingerir un 30% de alimentos cocinados y he comido un sopa de miso caliente y una ensalada de col con varias semillas (sésamo, chía...). Lo he agradecido. Esto me ha llevado a pensar que no es posible que no haya voces discordantes sobre este forma de vida. Casi todas las informaciones que he encontrado de primeras eran positivas, hablando de las maravillas que supone para cuerpo y mente 'afiliarte' al crudiveganismo. Me equivocaba, sí las hay.

En la web Natturalia definen este estilo de vida como "un riesgo a largo plazo" y aconsejan no seguirla más de tres meses. Ponen de manifiesto algunos de los ejemplos de todos aquellos naturopatas, gurús y seguidores que han predicado el crudiveganismo durante años y, sin embargo, no acabaron bien parados. "Una de las personas más influyentes del movimiento crudivegano del siglo XX, Herbert Shelton, pasó los últimos 13 años de su vida postrado en una cama debido a la enfermedad de párkison que padecía". Como este, muchos otros.

Siguiendo la línea de los 'detractores', me he topado con un documental que pone frente a los espectadores, sin tomar parte, las dos versiones: la de una madre que alimenta a su hijo únicamente con frutas y verduras crudas y la de un gobierno, el holandés, que quiere quitarle la custodia porque cree que de esta forma está atentando contra la salud de su hijo de 15 años. Se llama 'Rawer' y con él sentirás que la madre puede a llegar a ser una fanática sin sentido común pero también criticarás que un país con problemas de obesidad infantil, como tantos otros en Occidente, se centre en un caso concreto sin saber qué intereses hay detrás.

Tendría muchas anécdotas que contar respecto a estos días como la cara que se me quedó cuando, tomando algo con mis amigos, un plato de jamón y tortilla apareció de la nada como 'tapa' sobre la mesa. No, fui fuerte y no comí nada. La conclusión a estos días siguiendo una dieta crudivegana es que no es para mí. Y no solo por el café que, por cierto, apenas me he acordado de él los dos últimos días.

Hace muchos años que estoy muy concienciada con el respeto a los animales y al medio ambiente. Entiendo, envidio y respeto a las personas que deciden seguir el rumbo del vegetarianismo o veganismo y si no fuera porque no me veo de capaz de seguir a rajatabla todas las 'normas', yo también lo sería. Pero el crudiveganismo es dar un paso más. Es una dieta muy restrictiva en la que tienes que pensar en cada momento si estás o no comiendo correctamente.

Si quieres innovar, y no comer cada día lo mismo, tienes que invertir horas y horas de cocina y aprendizaje para hacer platos más elaborados y que, además, estén buenos. Y muchos, no tenemos tiempo. En definitiva, es una dieta de apariencia saludable pero de la que no se conocen realmente sus efectos, positivos o negativos, en el futuro. Y enfrentarse a ellos es decisión de cada uno.