Si no tienes coronavirus, sientes que sobras en el hospital aunque te estés muriendo

La madre de Manel tenía un cáncer de pulmón. "Sentía que mis familiares y vecinos querían que la dejásemos morir porque estaba ocupando una cama en pleno COVID", recuerda

Hace una semana Nico me enseñaba las heridas que su abuelo le ha dejado en el brazo y las manos. “Nos agrede y no podemos controlarlo entre mi madre y yo, pero no lo ingresan, están dejándolo desatendido", me contaba. Llevaba 72 horas con un brote psicótico por párkinson y demencia, además de microictus diarios que duraban entre un minuto y un minuto y medio. "Han venido a ponerle inyecciones a casa dos veces y ningún medicamento le hace efecto. Pedimos que por favor lo ingresen, porque tiene que haber algún sitio donde traten cosas que no sean COVID, pero dicen que es imposible ahora”, detalla.

Archivo personal

Se ha topado de bruces con una consecuencia más del coronavirus: la saturación de las urgencias hace que se estén dando prioridades. Como aseguraba hace dos semanas el director del Centro de Emergencias y Alertas Sanitarias, Fernando Simón, en algunas UCIs el “estrés es cercano al límite”, lo cual les está obligando a ser “un poco más restrictivos” a la hora de admitir a los pacientes. Como explica El Periódico, en Cataluña, región donde vive Nico, se han elaborado “unas recomendaciones de triaje en las UCIs basadas en la esperanza de vida del paciente, la edad biológica o el valor social”.

Ahora, por fin, ya lo han ingresado en un hospital. “Pero hemos tenido que luchar mucho. Tenemos a mi abuela con Alzheimer también y no podíamos cuidarla. Cada vez que venían a ver al abuelo para tratarlo, no se lo llevaban. Nos dijeron que algunas patologías que no fueran coronavirus no se estaban tratando como tocaba”, recuerda Nico. Estos días luchando le han ocasionado “dolor en el pecho, estrés y ansiedad”, y su madre está igual de mal. “Estábamos desesperados, y aunque los sanitarixs son maravillosxs, el problema es el sistema sanitario, nos sentíamos abandonados". Y sí, a pesar de que entendían que “tratar el coronavirus tiene mucha importancia” y que su abuelo es muy anciano, no lo toman como argumento para sentirse excluidos por el sistema de salud.

Morir de cáncer en medio de una pandemia

Pero no todas las situaciones son iguales. Por ejemplo, la madre de Manel, un joven de 28 años que vive en Sabadell (Barcelona), sí que fue atendida rápidamente. Era marzo, en pleno brote del COVID, y fue ingresada por un cáncer de pulmón que acabaría siendo mortal. En ningún momento se sintió desamparado, "no voy a criticar a los profesionales que trataron a mi madre, porque la ingresaron rápidamente y la atendieron hasta el final". Aun así, sí que sentía que socialmente se los juzgó, por parte de vecinos y familiares, "como si debiéramos tirar la toalla ya que se estaba muriendo y tocaba centrarnos en el virus", recuerda.

Mientras su madre moría, “todo lo que oía era sobre las urgencias por el coronavirus". Asegura que "es difícil de describirlo, pero sentí que era más urgente el virus que el cáncer de mi madre. Todos sabíamos que esa nueva recaída iba a ser la última y que no era curable, pero mis familiares casi se preocupaban más del coronavirus". Reconoce que quizá está dolido y que quizá está intentando ver culpables donde no los hay, "pero sí, siento rencor hacia mi familia, me hicieron sentir que si se tenía que morir casi que era mejor que lo hiciera pronto para liberar su espacio en el hospital”, añade.

“Ha sido muy duro estar casi un mes en el hospital, viendo a todos volverse locos por una enfermedad que hacía dos días los telediarios comparaban con una gripe. Me recomendaban evitar el contacto, ¿pero mi madre se estaba muriendo y no me iba a despedir con un abrazo? Ni loco”, añade. El personal sanitario entendió su postura y pudo despedirse en condiciones de su madre, tomando las medidas de seguridad necesarias, estando con ella hasta el final. Eso sí, hubo un funeral bajo mínimos, como ha sucedido con la mayoría de muertos por el COVID. "Estoy mal, la verdad, no hemos podido darle la despedida que merecía", dice, entristecido.

La asistencia sanitaria primaria

La saturación y el funcionamiento límite de la sanidad no solo se está dando a nivel hospitalario y de urgencias, también en los centros de atención primaria (CAP). Como explica la doctora Meritxell Sánchez-Amat, presidenta de FoCAP, asociación catalana que representa los derechos de los centros de atención primaria en Cataluña, el principal problema con el que se están encontrando es que se están cerrando CAPs (según el diario ARA, más del 50%) para enviar a sus profesionales a centros u hospitales de campaña que tratan exclusivamente el COVID. Pero esto no solo sucede en Cataluña. La Consejería de Sanidad madrileña anunció el cierre de 430 centros de salud por los mismos motivos, lo cual "puede ser catastrófico", según añade la doctora, porque se dejan barrios enteros sin atención médica, no solo para el coronavirus, sino para otro tipo de enfermedades que siguen apareciendo en plena alerta sanitaria.

"Se transmite la idea de que en la atención primaria no hacemos nada más que recetas, pero somos mucho más, la atención primaria es la que tiene más peso en preservar la buena salud de la población, según demuestra la evidencia científica. Y aunque nos hemos movilizado y hemos logrado que haya casos en los que reculen, aunque siguen insistiendo con proceder así", lamenta Sánchez-Amat. Desde el FoCAP, además, denuncian que hay una visión hospitalocéntrica y que cerrando estos centros obligas a los ciudadanos a ir a hospitales si aparecen otras patologías, que son, precisamente, los sitios donde hay más riesgo de contagio por la constante exposición al virus, contribuyendo a la propagación del COVID y al mal tratamiento de otras enfermedades: "por ejemplo, el fracaso inicial de concentrar todas las consultas al 061, el teléfono que usamos también para activar ambulancias. Estuvimos los dos o tres primeros días con un infarto y quizá teníamos que esperar media hora para que nos respondieran, por suerte ya se solucionó". 

Responsabilidad ciudadana

En medio de este contexto, Juan (un pseudónimo para preservar su identidad) ha vuelto a recaer en los condilomas anales surgidos por un papiloma de transmisión sexual. “Es la segunda vez que me salen, llamé a mi doctora de cabecera y me dijo que no fuera si no era muy urgente”. Sabía por qué lo decía: han cerrado algunos centros en su ciudad (Badalona, cerca de Barcelona) y el de su barrio, que ya de por sí está saturado, ahora estaba funcionando únicamente bajo el estrés. "Entendí por qué me lo decían: ahora mismo hay gente que está peor, sobre todo los grupos de riesgo del COVID, y es de responsabilidad ciudadana aligerar el volumen de pacientes y no exponerse a contagios", añade.

Según Sánchez-Amat, este sentido de la responsabilidad ciudadana está ayudando a frenar el virus y facilitar el trabajo. "Hay mucha prudencia y pocas ganas de saturar", asegura. Es decir, todos somos muy conscientes de que la situación actual es excepcional y estamos evitando hacer consultas para problemas que, o bien se pasan solos o bien no son graves. Eso sí, "si es grave, ven. Por ejemplo, si Juan solo tiene un condiloma y es la segunda vez que sale no es tan grave. Si fuera otro tipo de ETS más urgente le diría que se viniera porque, de hecho, en mi centro, el CAP Besòs, seguimos tratándolas", concluye. Es decir: en plena epidemia toca afrontar nuestros síntomas con responsabilidad, no los exageremos, pero tampoco los dejemos pasar porque, aunque todo lo invada el COVID, el resto de enfermedades no descansa.