¿Estás comiendo porque lo necesitas o por tu hambre emocional?

A veces, lo que te pasa es que comes con las emociones y no por necesidad. Un tipo de hambre que puede llevarte a excesos con la comida.

Las emociones son respuestas originadas por nuestro cuerpo y nuestra mente ante un estímulo, el que puede ser interno (provocado por vivencias propias) o externo (provocado por el entorno que nos rodea). El miedo, por ejemplo, lo percibimos como algo que nos intimida o amenaza y nos lleva a protegernos, mientras que la felicidad nos llena de energía y ganas de celebrar. Hablando de celebraciones, ¿te has fijado en que casi toda celebración tiene algún tipo de relación con la alimentación? Desde que nacemos, e incluso antes, se establece una relación emocional con la comida. Durante la gestación y a lo largo de los primeros meses y años de vida, es la madre y las personas más cercanas las que le proporcionan nutrición a nuestro organismo, estableciendo un fuerte vínculo entre ellas y los alimentos. 

Aniversarios, festividades, etc., vamos creciendo y celebramos eventos especiales y agradables en presencia de comida. De la misma manera, también aprendemos a superar estados emocionales intensos con la comida, ya que en muchas ocasiones acudimos a ella para retrasar el momento de enfrentarnos a una situación complicada o cuando tenemos mucho trabajo y nos cuesta llevarlo a cabo porque no hemos descansado bien. La falta de autoconfianza y de sueño, respectivamente, pueden ser el motor que arranque nuestro hambre emocional.

Y es que al comer, sobre todo determinados alimentos o productos como aquellos ricos en azúcar, activa los receptores del placer de la amígdala cerebral, cuya función principal es el procesamiento y almacenamiento de emociones, haciendo que algo que queremos en un momento determinado —chocolate cuando estamos tristes, por ejemplo—, pasemos a desearlo siempre que se produce ese sentimiento, pues se activa lo que se conoce como circuito hedónico del placer que libera dopamina, un neurotransmisor que nos produce esa sensación de bienestar post-ingesta. Esto no será un problema si somos conscientes de la situación, pero la constante estimulación de este circuito puede llevarnos a un círculo vicioso que nos haga comer para distraer la atención sobre nuestros propios sentimientos. 

La ansiedad, el aburrimiento, la tristeza y otras emociones que puedan aparecer repentinamente en nuestra vida, tienen múltiples maneras de abordarse y la comida no debe ser una de ellas si no tenemos hambre real. Esta hambre real aparece de manera progresiva, sin pensar en ella. Se satisface con cualquier comida y, si no podemos comer, persiste esa sensación de vacío estomacal hasta que aportamos alimento. En cambio, los antojos o el hambre emocional aparecen de repente —normalmente a consecuencia de un sentimiento—, suelen apetecer alimentos o productos concretos –normalmente aquellos ricos en azúcar y grasas— y si no les hacemos caso desaparecen, mientras que si comemos nunca alcanzamos esa sensación de saciedad; nuestro cuerpo sigue pidiendo más y más.  

¿Cuántas veces nos hemos sorprendido comiendo sin tener hambre? Esto puede que se deba a aquello inesperado que te acaba de suceder, a la presencia de estrés, a la falta de sueño, a la deshidratación, a alguna deficiencia nutricional, a la necesidad de un abrazo, etc. Tu cuerpo pide lo que le falta y es importante escucharlo para poder ofrecerle lo que verdaderamente necesita. La comida puede ser una válvula de escape pero nunca llenará ese vacío, así que entender los problemas es el primer paso para solucionarlos.  

Aquí te dejo algunos consejos que pueden ayudarte a la hora de reducir esos antojos y combatir la ansiedad por comer: 

  • Hidrátate bien: la mayoría de personas no se hidrata correctamente. El agua forma parte de más del 60% de nuestro cuerpo y es necesaria para que nuestras células, tejidos y órganos funcionen de manera óptima. Entre sus funciones principales, participa en la digestión, en el transporte de nutrientes, en la eliminación de residuos, etc. Muchos antojos pueden aparecer debido que presentes una ligera deshidratación. Prueba de beber un buen vaso de agua la próxima vez que aparezcan esas ganas de comer alguna cosa en particular o te sientas aburrido/a, puede ayudarte a diferenciar entre los dos tipos de hambre

  • Descansa adecuadamente: la falta de sueño conlleva que tu sistema hormonal se descontrole. La buena gestión del estrés y mantener el cortisol en sus niveles adecuados durante el día es súper importante para dormir bien. De lo contrario, eso afecta a tus hormonas del hambre y la saciedad, la grelina y la leptina, respectivamente. Cuando dormimos bien, los niveles de leptina aumentan, informando a tu cuerpo de que dispone de la energía necesaria, mientras que cuando el sueño es insuficiente y de poca calidad, los niveles de leptina disminuyen y aumentan los de grelina, lo que hace que tu cerebro interprete que necesita energía (comida) y eso hace que aparezcan los antojos, cuando lo que verdaderamente necesita es un buen descanso. Mejora tu higiene del sueño para que no tengas problemas en este sentido: no te expongas a pantallas antes de acostarte, acuéstate y levántate siempre a la misma hora, no cenes antes de ir a dormir y procura controlar tu estrés con meditación, ejercicios de relajación, comiendo alimentos de calidad, etc.

  • Come alimentos que nutren: reducir los azúcares de la dieta puede ayudar a la hora de controlar el hambre emocional. La fibra de los vegetales, los carbohidratos de las legumbres y los cereales integrales, la proteína –ya sea animal o vegetal-, las grasas saludables –pescado azul, huevo, aceite de oliva, frutos secos, aguacate…- y las vitaminas y minerales de la fruta y todos los alimentos mencionados, van a nutrir tus células y eso se transforma en saciedad y bienestar. Si tu cuerpo no recibe lo que necesita va a seguir pidiendo a gritos cualquier cosa (antojos).

  • Haz ejercicio: el ejercicio es la mejor polipíldora y puede ayudarte a romper con ese círculo vicioso que se genera cuando el hambre emocional entra en tu vida. Vístete con ropa cómoda, ponte tu música favorita y sal a entrenar, seguro que te olvidas de todo y desaparecen esas ganas de comer.

  • Come sin distracciones: comer conscientemente te ayuda a masticar más y disfrutar de los sabores, olores y texturas de los alimentos. Además, necesitamos un tiempo de unos 20-30min para poder alcanzar la sensación de saciedad. Si comes en 5´ es muy probable que vuelvas a tener hambre al poco tiempo, aunque hayas comido suficiente previamente. 

En conclusión, acudir a la comida de vez en cuando como un acto reconfortante, para celebrar tu cumpleaños o para disfrutar de un día especial con tu pareja, por ejemplo, no es algo malo. Si, en cambio, comer es tu principal mecanismo de defensa ante una situación crítica, es cuando debe ser atendido, porque todos los problemas deben tratar de solucionarse de raíz, nunca silenciando el síntoma.