La brutal lección de vida del doctor que ayudó a más de 100 personas a morir dignamente

Yves de Locht lleva años trabajando con enfermos terminales y ha decidido que solo puede ayudar a morir a una persona al mes

Yves de Locht lo tiene que ver todos los días: pacientes que llegan a su consulta decididos a morir. Son enfermos terminales que saben que su dolor no va a retroceder. Que de ahora en adelante su calidad de vida no va a hacer sino empeorar y que sus familiares y amigos también van a seguir sufriendo hasta que llegue "el momento". Que sean ellos quienes esperen la muerte de pie, en lugar de dejarla a ella decidir hasta cuándo los quiere tener sobreviviendo.

El doctor De Locht lleva encima más de cien casos de eutanasia, pero según le ha explicado a la BBC, ahora que se ha hecho mayor ha decidido espaciar los pacientes y ayudar a morir a una única persona al mes. Recibe solicitudes a diario, pero él también sufre al ver cómo los demás desfallecen ante la enfermedad. De Locht es de Bélgica, uno de los países más avanzados en su forma de tratar la eutanasia. Ya van más de 2.350 casos desde que se legalizó la muerte asistida en 2002. Una media de seis personas al día, según el mismo reportaje de la BBC. Además de Bélgica, Holanda, Colombia, Luxemburgo, Canadá y algunos estados de Estados Unidos permiten la eutanasia.

"No siento que esté matando al paciente", dijo a la televisión británica el doctor mientras mostraba una cápsula con un líquido, "inyectamos esto en las venas del paciente y, en menos de un minuto, se va, cae dormido y luego muere. Sin sufrimiento, sin dolor (...) Yo no lo llamo matar un paciente. Le acorto su agonía, su sufrimiento. Le proveo el cuidado final".

El acto de la eutanasia, por muy abierto que seas, sigue siendo "difícil" y tiene en los médicos "un gran impacto emocional", según De Locht, que recibe pacientes de otros países donde la eutanasia sigue siendo ilegal, como en el caso de España. Una de las decisiones más importantes que tienen que tomar los pacientes es sobre el momento en que quieren que se les inyecte el líquido mortal, porque una de las claves de la eutanasia es que tiene que ser el mismo enfermo quien decida sobre su propia vida. Y lo deje por escrito en un documento firmado.

"Debemos aceptar que no podemos curarlo todo", seguía explicando el doctor en la entrevista con la BBC: "cuando no podemos curar, nuestro papel es intentar aliviar al paciente, paliar su dolor. Así que cuando llego hasta el final continúo haciendo mi labor de médico". Nadie puede juzgar cómo se siente un enfermo cuando ya la medicina no puede hacer nada por salvar sus vidas, pero todo el mundo debería poder elegir el momento en que quiere dejar de luchar por seguir viviendo si es que hacerlo le implica más dolor que alivio o felicidad.