Toda la verdad detrás de la absurda moda de beber agua de mar

Anunciada como una agua poco menos que milagrosa, el precio de mercado del agua de mar está en torno a los dos euros por litro

Un brick de dos litros vale casi cuatro eurazos. Por mucho que lo ilustren como una maravilla “100% natural” que contiene “78 minerales y oligoelementos” vender agua marina embotellada puede haberse convertido en el último gran timo del siglo XXI. Puede parecer una locura, pero la moda de cocinar e incluso beber agua marina ha comenzado a extenderse entre los entusiastas de lo alternativo como si se tratase de un producto milagroso que aporta todo lo que el agua dulce es incapaz de dar a nuestros cuerpos fit, además de hacernos adelgazar, claro.

El bulo pseudocientífico comenzó en el s.XIX de mano del médico francés Rene Quinton quien opinaba que el agua de mar diluida podría tener una composición similar al plasma intracelular y que gracias a esto su consumo podría equilibrar las carencias de las células remediando enfermedades como la artritis, cólera, desnutrición, desórdenes del aparato digestivo, etc. El plasma de Quinton se hizo tan popular que todavía se puede encontrar en algunos herbolarios. Sin embargo, el desembarco de la industria alimentaria a la moda de beber agua de mar ha llevado estas supuestas propiedades al extremo.

“El agua de mar no es mejor, no cura, no hidrata (al revés), no tiene propiedades extra. Y si es Alimentaria, es agua normal. A precio de oro. Porfa, que no os timen. Si dejáis de comprar chorradas, las dejamos de fabricar. Se ve que en lo de la ética y el criterio nos falta aún”, escribía indignada hace unas semanas en su cuenta de Twitter la experta en calidad en la industria alimentaria Gemma del Caño. Y su denuncia no es la única que se alza sobre un negocio redondo que, además, podría causar daños irreparables a las personas que la consuman sin un mínimo de precauciones ya que podría intoxicarnos tanto por motivos químicos como biológicos.

En primer lugar, la salinidad del agua del mar puede causar la deshidratación del cuerpo pero es que además contiene altas cantidades de boro, metales e incluso microplásticos que podríamos ingerir si tenemos la brillante idea de recogerla directamente del mar nosotros mismos. Pero es que además las aguas del mar (especialmente del Mediterráneo) pueden contener micropatógenos e incluso bacterias fecales. Puede que, precisamente por eso, las compañías que envasan agua de mar aleguen que sus productos están debidamente filtrados y depurados pero eso no justifica su consumo y mucho menos su precio.

El único supuesto en el que esta moda podría tener el mínimo sentido es en la preparación de algunos productos gastronómicos como el marisco en el que algunos profesionales prefieren utilizar esta agua que, según ellos, deja el marisco en su punto justo de sal. Eso sí, añadiendo dos tercios de agua dulce por una salada. Así que aún en los contextos de la alta cocina las precauciones que se toman en torno a su uso son de lo más específicos y, en la mayoría de los casos, se opta directamente por coger agua del grifo y añadirle entre 35 y 40 gramos de sal por litro. Al final, se mire como se mire, esta moda huele más a timo o a puro esnobismo que a cualquier otra cosa.