Toda la verdad detrás del negocio de la 'botellita de agua'

Botellita en la mesa de la biblioteca, botellita en la mochila del gimnasio, botellita en el coche. Asúmelo, las botellas de agua mineral se han convertido en algo tan cotidiano e imprescindible que a la mayoría de los jóvenes se nos hace poco menos que imposible imaginar nuestro día a día sin una de ellas a nuestro alrededor. De hecho, España ya es el tercer país de de la Unión Europea en consumo de agua embotellada con 5.500 millones de litros anuales y, en ciudades como Barcelona, el consumo de agua de botella (58%) supera al del agua del grifo (42%). Todo porque se nos ha metido en la cabeza que el agua del grifo ni es cómoda, ni tiene buen sabor, ni es la más saludable.

Pero, ¿te has parado a pensar que a lo mejor esta moda de las botellitas nos la está metiendo doblada? Para empezar, tú que seguramente no eres Rockefeller ni te sobra la pasta, estás pagando una media de entre 300 y 1.000 veces más por el agua de la botella que la que sale del grifo de tu cocina cuando, en realidad, las dos no son más que H2O. Ojo al dato, mientras en España el litro de agua del grifo se paga a una media de 0,00139 euros, estás pagando en torno a 0,54 euros el litro de agua de Font Vella, por poner el ejemplo del líder de ventas en el sector. Es decir, 388 veces más. Pero la cosa se dispara si el litro lo consumes en tres botellas de 33 cl. con un gasto 1,2 euros o 863 veces más.

Consecuencias para el medioambiente

“Es una locura total y más cuando en España prácticamente no hay un solo pueblo que no cuente con suministro de agua potable”, explica el responsable de la campaña de consumo responsable de Greenpeace, Julio Barea. Para él, el “precio astronómico” que alcanzan estas botellas, un 90% de producto, se debe a toda la industria que órbita en torno a su producción, transporte y publicidad. Además, señala el “enorme impacto” que tiene en el medio ambiente el hecho de que cada día se distribuyan en España 50 millones de envases plásticos de bebidas (18.250 millones al año) y más cuando se calcula que una botella de plástico necesitaría 450 años para biodegradarse.

Por su parte, Irene Zafra, secretaria de la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE), nos asegura que “todos los envases y embalajes que emplean las empresas de aguas envasadas son 100% reciclables y reutilizables” y que el sector “vela por el cuidado del medioambiente” ya que “fue el primero en poner envases de plástico reciclado en el mercado”. En este sentido, recuerda que “el sector ha conseguido, entre otros logros, reducir un 40% la utilización de plástico en sus envases gracias al ecodiseño que favorece una menor utilización de material”.

El sabor del agua de grifo

Llegados a este punto, y sabiendo ya que, además de ser más cara, su sostenibilidad es al menos cuestionable, deberíamos preguntarnos por qué cada vez más españoles beben agua embotellada. Según una encuesta de la startup TAPP Water, el 62% de los españoles evitan el agua del grifo debido al mal sabor mientras que un 31% lo harían por cuestiones de salud. Pero vayamos por partes, ¿realmente es tan chungo el sabor del agua del grifo? La respuesta, evidentemente, dependerá de donde vivas. En Madrid o en Sevilla, debido a los bajísimos niveles de cal el agua corriente está rica mientras que en Barcelona o Valencia sabe entre mal y peor.

Sí, es cierto que, antes de 2010, una parte del agua que recibía Barcelona tenía un sabor claramente peor, debido al recurso que procedía del río Llobregat, un curso fluvial con concentraciones salinas elevadas y mucho presión antrópica. Sin embargo, entre 2008 y 2010, la Generalitat hizo inversiones que mejoraron mucho los tratamientos de potabilización del Llobregat lo que ha permitido mejorar el gusto y el olor del agua”, comenta el director de la Agencia Catalana del Agua, Jordi Molist. En este sentido, insiste en que el agua que abastece a la ciudad pasa por un “exhaustivo control de calidad” con más de “6.000 analíticas” y “el control de 53.000 parámetros”.

Publicidad engañosa

Entonces, queda claro que más allá del sabor (algo que parece que está cambiando poco a poco) el agua que nos ofrecen nuestros grifos es, al menos desde el punto de vista sanitario, tan buena como la de cualquier marca. De hecho, recientemente Aquafina (perteneciente a Pepsi) tuvo que cambiar sus etiquetas por estar vendiendo literalmente agua del grifo filtrada o ‘agua potable preparada’ como dicen ellos. El portavoz FACUA, Rubén Sánchez, no se corta al afirmar que “el sector utiliza de forma habitual publicidad engañosa para convencer a los consumidores de unas propiedades casi milagrosas que sus aguas no poseen”.

En este sentido, Sánchez insiste en el abuso reiterado de algunas marcas que “venden su agua como si se tratase de un adelgazante” y cita el ejemplo de la campaña del año 2000 de la marca Font Vella (Danone) en la que el eslogan principal era: “Te aligera”. En aquel momento FACUA interpuso una denuncia esgrimiendo una violación a lo establecido en la Ley 34/88, General de Publicidad y en el Real Decreto 1.907/96 sobre productos con pretendida finalidad sanitaria. Sin embargo, desde ANEABE niegan rotundamente las acusaciones: “Aguas Danone como asociado de ANEABE se somete, además de a toda la legislación española en materia de publicidad, al código deontológico de buenas prácticas del sector”.

Una vez más, la secretaria de ANEABE, Irene Zafra, defiende el sector del agua embotellada e insiste en que su éxito se debe a algo más que la simple publicidad: “El consumo de agua mineral responde al interés creciente de los consumidores por procurarse un estilo de vida y una alimentación saludables, garantizándose una hidratación adecuada y de calidad en todo momento y lugar. Las aguas minerales, debido a sus singulares características, nos permiten conseguir y mantener una correcta hidratación en cualquier momento y lugar”. Un argumento que se une a los 5.000 empleos directos que generan las 60 empresas del sector en España.

La industria del agua

Aquí es donde realmente llegamos al meollo de toda la cuestión: el peso que ha alcanzado la industria del agua. En España, más allá de algunas compañías de menor tamaño (casi todas ellas asociadas a la ANEABE) el trozo más grande del pastel —un 60% de las ventas y el 73% de los beneficios— se lo reparten seis grandes multinacionales: Font Vella y Lanjarón (Danone), Bezoya (Grupo Leche Pascual), Aquarel (Nestlé), Solan de Cabras (Mahou-San Miguel), Font Natura y Fuente Primavera (del grupo italiano San Benedetto) y Aquabona (Coca-Cola). Es decir, unos 766 millones de euros que van de nuestros bolsillos a los suyos a cambio de simple agua, por mucha publicidad que le metan.

Y es que, debido a su crecimiento continuo, en torno a un 2% anual en España, algunos activistas han bautizado a la industria del agua embotellada como la del “oro azul”. En el libro 'Blue Gold: The Battle Against Corporate Theft of the World's Water', los canadienses Maude Barlow y Tony Clarke denunciaron como la venta mundial de agua embotellada pasaría de los 1.000 millones de litros en la década de los 70 a los 391.000 millones de litros este 2017. Un aumento surrealista si se tiene en cuenta que se trata de la construcción de toda una industria sobre un bien que, como nos recuerda Julio Barea desde Greenpeace, no debería estar sujeto a las leyes del mercado al tratarse de "un bien vital para el ser humano".

Qué sentido tiene

A ver, tampoco es que sea el momento de ponernos a cuestionar todo el modelo capitalista de consumo, tampoco vamos a dudar ahora de que la moda del agua mineral sea más saludable que la de los refrescos, pero hay algo que no encaja. El agua embotellada no te aligera, no hace milagros, no es la más sostenible a la hora de fabricar y, en ocasiones, ni siquiera supera el sabor del agua del grifo. Después de todo lo expuesto, se podría decir que realmente el consumo de agua embotellada solo se justifica en ciudades en las que el sabor del agua del suministro sea horrible y, aun así, existe la posibilidad de recurrir a los filtros o simplemente añadir rodajas de pepino o limón como hacen en otros países.

Un último cálculo para salir de dudas, si es que se puede. Si un adulto debería beber en torno 2,5 litros de agua al día (aunque esto incluya el agua de los alimentos) el coste de hacerlo a través del agua del grifo sería de 3 céntimos de euro al día o 1,26 euros al año. Mientras tanto, el coste de hidratarse a base de agua mineral sería de 1,35 euros al día o 492,75 euros anuales. Aunque desde ANEABE nos insisten en que estas comparaciones “son engañosas” porque se trataría de “productos distintos”, no hemos encontrado ningún argumento de peso para justificar el gasto diario en agua embotellada más allá del sabor. Ahora tú eres el que decide: botellita sí, botellita no.