4 trucos para empezar con el running y no dejarlo a las pocas semanas

Lo más difícil de cualquier actividad es consolidarlo como un hábito y que no lo abandones a las pocas semanas. Te enseñamos cómo evitarlo.

Llega el buen tiempo y seguramente notas la presión por mejorar tu forma física y deshacerte de los centímetros de grasa que has ido acumulando a lo largo del invierno. No solo eso, sino que te apetece mucho más tener un estilo de vida activo y disfrutar del aire limpio y el sol de la primavera. Entre el repertorio de opciones para alcanzar esos objetivos el clásico por excelencia es el running pero sabemos que hay personas, de hecho muchas, que les da una pereza extrema eso de ponerse pantalones cortos y salir a correr. O simplemente cada vez que lo han intentado lo han dejado a las pocas semanas por falta de constancia y/o que se les ha hecho demasiado duro.

Empieza lo más suave posible

Una no se hace runner por gastarse 120 eurazos en unas zapatillas último modelo adaptadas a tu pisada pronadora, no. El proceso para poder afirmar que se practica este deporte a un nivel aceptable (sobre todo a nivel técnico) puede ser lento y no pasa nada. Una muy buena opción es salir los primeros días simplemente a caminar a un ritmo superior al habitual y enlazar con momento de trote ligero. Puedes ir aumentando la intensidad y duración de estos periodos corriendo progresiva pero continuamente para notar los efectos y lograr consolidarte.

Utiliza los intervalos 

Muy relacionado con el punto anterior está romper con la monotonía. Por correr 20 o 30 minutos no significa que tengas que transcurrirlos a la misma velocidad e intensidad todo el rato. Puedes optar directamente por alternar trote, caminar a alto ritmo y sprints explosivos breves. De esta manera conseguirás no solamente salir de la monotonía que supone para algunas personas la carrera continua, sino que además está demostrado que entrenar con intervalos permite aumentar la quema de calorías en menos tiempo.

Aprende a descansar antes de petar

Uno de los fallos más comunes de la gente que se inicia en el running es cogerlo con muchas ganas (demasiadas) y correr todos los días con el afán de mejorar. Esto a medio plazo solo conduce al agotamiento y aumenta el riesgo de lesiones. Escucha a tu cuerpo y planifica los descansos para no pagar las consecuencias. Como con todo en esta vida también está bien echar de menos una actividad y retomarla con más ganas al día siguiente o en unos días. Con tres días a la semana que salgas a correr estarás cumpliendo con los objetivos de una persona promedio. 

Conviértelo en tu hábito

Igual que no te planteas si deberías salir a tomar el vermú el finde o no, debería ocurrir lo mismo con tu momento de ir a correr. Debe ser una rutina tan integrada en tu día a día que no te suponga ningún tipo de esfuerzo mental pasar a aplicarla. Esto puedes hacer reservando un horario específico que encaje tan bien que no suelas tener inconvenientes en aplicarlo al menos 3-4 veces por semana. Incluso y aunque tengas los peores horarios del mundo puedes combinarlo para encajarlo si, por ejemplo, aprovechas para correr cuando sacas al perro o de camino al gym o al trabajo (sobre todo si hay duchas y vestuarios). 

Recuerda que como ocurre con cualquier hábito es extremadamente importante ir aplicándolo poco a poco y de la manera más orgánica posible a tu estilo de vida. Para nadie es fácil pasar de un modo de vida sedentario a uno activo, y menos aún cuando las obligaciones nos sacuden. Sin embargo, las ventajas tanto físicas como mentales de la actividad al aire libre son tan elevadas que si consigues atravesar las primeras semanas de sufrimiento y flaquezas es muy probable que tu nuevo hábito te sea tan necesario como el respirar. Mucha suerte y nunca desistas de tus propósitos.