4 errores en tu dieta que están arruinando tus esfuerzos por lucir tipazo este verano

Muchas personas elaboran sus dietas en base a sus prejuicios, provocando que en la mayor parte de los casos acaben en fracaso

El verano ya está en pleno apogeo y para algunxs es cuestión de días cogerse las ansiadas vacaciones y ponerse el bañador para no quitárselo hasta septiembre. Es un momento de tensión porque, si algo tiene la moda veraniega, es que no miente: si te has dejado este invierno los kilos de más aparecerán en todo su esplendor. Es por ello que antes de poner un pie en la playa son muchxs los que optan por poner en marcha la ‘operación bikini’ (un término con unos tintes bastante machistas), sin embargo, también los hay que no han tenido tiempo de ponerse fit y buscan alguna dieta milagro para disimular su falta de actividad.

El problema es que al tener poca o nula idea de nutrición y no dejarse asesorar por un dietista-nutricionista, muchxs acaban aplicando dietas hiper restrictivas muy poco eficientes y basadas en los prejuicios más que en un cálculo real de sus necesidades. En su libro Pierde Peso y Gana Salud, uno de los más vendidos en Amazon, la dietista Pilar Rodrigáñez ha recopilado algunos de los errores más básicos que están dinamitando los esfuerzos de miles de personas por lograr erradicar sus michelines. Aunque son nociones bastante básicas, te evitarán cometer errores que podrían fastidiarte las vacaciones.

1. Las grasas no son tu enemigo

Es el axioma número uno de quienes aspiran a perder peso: eliminar las grasas del menú. Y sí, reducir las grasas es el método más efectivo de esculpir tu cuerpo, pero hacerlo de una manera equilibrada es la clave para no que tu salud no se vea afectada. Consumir todo productos light o bajos en calorías no es demasiado inteligente puesto que contienen gran cantidad de aditivos, conservantes y demás compuestos que alterarán tu flora intestinal. Lo mejor es eliminar los productos más grasos y optar por alimentos con grasas saludables como el aguacate o los frutos secos.

2. No te mates de hambre

Si te castigas pasando hambre lo más probable es que acabes provocando un momento de locura y te abalances sobre la nevera y devores los alimentos que más sacian, es decir, los ultraprocesados llenos de azúcares y grasas. Por eso es mejor acostumbrar tu cuerpo a comer pequeños snacks (frutas y frutos secos) cada 2-3 horas que te ayudarán a llegar a las comidas principales del día. Lo ideal es dividir tu día en cinco comidas (desayuno, almuerzo. comida, merienda y cena) y no ingerir alimentos sólidos más allá de las 20-21h de la noche.

3. Tu cuerpo no es una calculadora

Contar calorías para asegurarte un correcto balance calórico es imprescindible para perder peso, pero jamás debería ser una obsesión. Más allá de la tiranía de las calorías existen otros muchos factores que pueden influir en la marcha de tu dieta y que no son tan fáciles de controlar. Lo ideal es tener un cálculo aproximado de tus necesidades diarias pero sin caer en la obsesión. Realmente el mayor error que suele cometerse es el de restringir al máximo el número total de calorías diarias provocando que tu nueva forma de alimentarte se convierta en una tortura difícil de soportar.

4. Distrae a tu cerebro y no sufras

Lo que nunca debería ocurrir es que percibas el proceso de perder peso como un castigo. Eso no solamente provocará que aumente tu ansiedad y tu malestar, sino que lo más probable es que acabe por dinamitar todo tu esfuerzo pasado algún tiempo. Es por ello que acompañar la dieta con un aumento de la actividad física (algo razonable, claro) siempre es mejor ya que es una evidencia que el deporte aumenta los niveles de endorfinas y acelera la quema de grasas. Además, verás aparecer los cambios más rápidamente sobre tu cuerpo.

Intentar llegar a las vacaciones con un cuerpo más saludable es un objetivo muy loable pero la realidad es que es un método erróneo de base. Si de verdad quieres que el verano se convierta en un momento cómodo en el que disfrutar luciendo tu cuerpo sin tener que pasar penurias lo suyo es implementar todos estos cambios en tu alimentación y tus hábitos deportivos el resto del año. Acude a un dietista-nutricionista y busca alguna actividad (yoga, pilates, fitness, crossfit, spinning…) que te motive para ir mejorando a lo largo del año. 

En realidad, el verano no es más que el espejo que te recuerda si estás cuidándote como deberías y eso va mucho más allá del postureo. Cuídate los 365 días del año y tu salud te lo agradecerá.