Me pasé casi un año intentando corregir una falta de ortografía en mi DNI

"Aleìx", con acento en la i, a pesar de que gramaticalmente es incorrecto. Fue a comisaría, pensando que sería un mero trámite, pero no: son papeles y papeles que se alargan durante meses

Aleìx, así, con la tilde en la i, mal puesta. “Ni tan siquiera en catalán, donde sí que existen estas tildes abiertas [mirando hacia la izquierda], puede ponerse sobre la vocal i. Me molestaba muchísimo verlo”, recuerda. Se pasó años con esta falta de ortografía, con el DNI, pasaporte y todo tipo de documentos oficiales llamándolo “Aleìx”. Así que “un buen día dije: voy a cambiarlo, pensando que iba a ser facilito, y menudo clown. Me estuve meses”.

Lo mismo le pasó a Carolina Elizabeth. Hija de españoles viviendo en Venezuela, cuando de pequeña fueron a sacarle los papeles españoles, se dieron cuenta de que había una falta: su segundo nombre, Elizabeth, lo habían registrado como Elisabet. Cuando de adulta fue a cambiarlo al consulado español de Bogotá, donde estaba viviendo, le dijeron que tuviera mucha paciencia porque iba a ser difícil. “Para empezar, me dijeron que si quería hacerlo que fuese a Madrid. Y que, aun así, iba a ser complicado”. Mudarse a España estaba entre sus planes de 2020, así que, en cuanto llegó, retomó el proceso legal. Ya desde un principio se dio cuenta de lo difícil que iba a ser: “una carga burocrática terrible, que ojalá pudiera ser fácil de hacer”, explica enumerando los muchos procesos que tuvo que hacer simplemente para iniciar el trámite del cambio.

Una carga burocrática terrible y desmotivadora

El proceso ya apuntaba a largo. Pero, además, estalló la cuarentena, así que ahora está ha paralizado. Un proceso de meses para el cual todavía tendrá que esperar más. “Tampoco me preocupa mucho, es mi segundo nombre y en España no se utiliza demasiado, así que de momento esperaré”. Explicándole a Aleix la historia de Carolina, asegura que la entiende: “realmente el proceso se me alargó durante casi un año porque me pedían tantos papeles que hubo veces que lo dejé apartado. Pensé que ‘para qué, solo es una falta’. Me autoconvencía porque me desmotivaba”.

Archivo personal

“Me acuerdo de que la primera vez que intenté cambiar el DNI fue cuando fui a mi comisaría de Barcelona a renovarlo y les dije: ‘oye, que esta tilde sobra, ¿me la podéis quitar?’. Pensaba que sería sencillo, es una falta que va en contra de las normas gramaticales del catalán y el castellano, pero no. Tenía que encontrar el libro de familia, buscar la partida de nacimiento en el registro y otros documentos que me tenían que traer de Madrid para que la borrasen”, cuenta. En total, papeles que simplemente tenía que pedir a las autoridades y en unas semanas se lo enviaban, pero eran muchos y los dispensaban diversos organismos. Tenía una lista e iba haciendo tick cada vez que le llegaba uno. “Pero, al final, después de más de medio año, lo conseguí”, recuerda, victorioso.

Me llamo Daenerys y quiero cambiarme el nombre

Pero no todos los cambios de nombre son como los de Aleix y Carolina, “que podían esperar, aunque fueran por faltas profundamente molestas”. Algunos están bien escritos, por desgracia, pero el problema es el nombre en sí, que no te representa. Por ejemplo, como explica la cadena Onda Cero, uno de los motivos para cambiar el nombre es porque tus padres te lo pusieron porque estaba de moda por algún programa de tele (¡un saludo a todas las Daenerys que están rondando por ahí!) y ya te cansaste. Son muchos los ejemplos de este tipo, como explican, “la edad media de los Rocky de España es de 26 años… que coincide con el boom de las películas”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Siendo mayor de edad y español, es posible cambiarlo. Pero tiene que ser por un motivo justo”, explica David Sánchez, abogado en Sánchez Bermejo, especializados en este tipo de trámites. Por ejemplo, el más común es pasar de José a Pepe, porque así se le conoce. “Si te conocen de esta forma, tienes que acreditar con testigos y documentación que en tu día a día te conocen así”, un proceso largo que requiere ayuda de tus conocidos, mucho tiempo y que al funcionario del registro civil le parezcan convincentes tus argumentos.

Cambiar el género del DNI, lo más complicado

Al final, esa es la clave: tiempo. Quieras o no, te va a robar horas. “Después de este trámite, empaticé mucho más con las personas trans. Si yo quería cambiarme, simplemente, una falta, imagínate cambiar el género. Debe ser complicadísimo”, añade Aleix. “Sí, es complicado”, sentencia el valenciano Guillem Montoro, primer concejal hombre trans de España y que, en 2018, consiguió que en su DNI dijese que, en efecto, es un hombre. “Fue una lucha de más de 3 años para existir legalmente [como hombre]”, recuerda.

El proceso lo describe con muchos trámites, pero también abusos. “Estuve dos años en proceso hormonal, luego, en cuanto lo pedí, tuve que conseguir un informe de disforia, es decir, que me catalogaba como persona enferma, porque en 2020 las personas trans todavía necesitamos un documento médico que reconozca que tenemos una patología mental. Luego también un informe del endocrino que dice que, mínimo, llevas dos años en tratamiento para pasar al ‘género de destino’, y luego todo aquello que tengas que demuestra que eres una persona trans y que usas comúnmente tu nombre, que es un nombre verídico que usas en tu día a día. Una vez entregas todos los documentos, el plazo es de seis meses como mínimo; a veces te lo tiran para atrás porque un papel no está bien o por otros mil motivos”, añade.  

Montoro señala que es un proceso arbitrario. Depende de quién te toca en el registro civil, te lo aprueba o no. “No debería estar a opinión de un profesional que te cambien o no el nombre”, se queja. No es el único problema que encuentra durante el proceso: “tienes que pasar por el forense, aunque técnicamente no debería intervenir, y hay algunos que te obligan a desnudarte para ver si tu cuerpo ‘parece del otro género’. Esto hace que, si no cumples la normatividad con tu cuerpo, se paraliza el proceso”, denuncia. Muchas personas trans tienen miedo a que les toque: “sucede en el 20% de los casos, más de cien personas al año tienen que verse expuestas a esta humillación”.

Todas las experiencias se traducen en lo mismo: como mínimo seis meses de agotamiento mental. Y aunque algunos puedan “hacerlo con tranquilidad” porque “simplemente es una falta de ortografía”, como detalla Aleix, otros no tienen alternativa: “si no tienes el DNI acorde a tu género tienes muchos problemas en el día a día”, recuerda Guillem, así que tienes que hacer todo el proceso sí o sí. Por muy duro que sea.

CN