Jóvenes españoles que se lo montan para recoger marihuana en California

El trabajo en los cultivos de Estados Unidos y Canadá está en completo auge y muchos no dudan en aprovechar para hacer un dinerillo

Berta tiene 25 años. Estoy a su lado mientras compra un billete hacia Canadá, 541 euros, solo ida, para este mes de julio. Es la segunda vez que se embarca en la aventura de pasar los meses de verano trabajando en la recogida de cerezas en Canadá y, cuando acaba, termina el recorrido recogiendo marihuana en California. Cuando volvió de su primera vez llegó con 5.000 dólares en el bolsillo. “Pero fue porque trabajé súper poco, tía, puedes volver con mucho más”, me argumenta. El viaje es una aventura. Y una de las de verdad. La primera vez que Berta voló hacia Canadá compró un billete hacia Montreal "y no a Vancouver, en esta segunda ciudad el control del pasaporte y de las razones por las que se viaja son meticulosas y no hay detalle que se les escape": si no tienes la llamada Working Visa, no es posible entrar en el país a trabajar. Te hacen preguntas trampa, pueden observar tu móvil y tus conversaciones de Whatsapp. De hecho, si vas con amigos es posible que os separen para preguntaros a cada uno el porqué del viaje. 

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Marihuana, el agronegocio estrella en Estados Unidos

Situaciones como la de Berta son posibles después de que el consumo de la marihuana se haya legalizado en 10 estados de los EE.UU. Esto quiere decir que puede utilizarse tanto de forma recreacional como medicinal. En el caso de California no solo está permitido su consumo, sino también su cultivo y su comercialización. Eso sí, en el estado más rico del país hay algunas reglas en relación a la ‘maría’: está prohibido conducir bajo los efectos de la droga, la cantidad máxima para tener por persona es de 28 gramos, tienes que tener más de 21 años para hacer uso de ella  y no se puede fumar en público ni cerca de colegios o parques infantiles. Ignacio, uno de los dos chicos que viajó con Berta en su primer viaje, cuenta que gran parte de la gente que va a EE.UU a trabajar en los cultivos de marihuana va motivado por la libertad que existe a la hora de disfrutar de esta droga. “Es como una especie de devoción, es verdad que les llama el dinero y la experiencia pero sobre todo su motivación está en que pueden fumar todo lo que les apetezca”, dice.

Es por ello que, a partir de su progresiva legalización en la última década, ha surgido un turismo solamente relacionado con ello. En estados como Colorado el 15% de los turistas participa en actividades relacionadas con la marihuana. Un ejemplo de cómo se ha potenciado su uso para atraer al turismo es el ya conocido ‘tour de la marihuana’. Se realiza en un autobús que se llama Loopr y está ubicado en la capital, Denver. Equipado con luces psicodélicas, música al volumen que el cliente quiera, alcohol, comida y asientos que recuerdan a los de una limusina. El autobús ofrece un viaje tanto físico como mental: en él se puede fumar la cantidad de marihuana que quieras, ¿lo mejor? que es de forma completamente legal. El Loopr tiene una capacidad para 46 personas y los precios no son en absoluto desorbitados: 25.000 dólares para un pase de 24 horas, 60 para tres días y 100 para estar una semana a bordo.  

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Al parecer, en Colorado hay muchísimo movimiento. “Me enteré del trabajo en las granjas estando en un festival en Colombia. Fue ahí donde conocí a unos chicos que acababan de llegar de la recogida en Colorado y me hablaron de que estaba expandiéndose hacia el resto de estados donde la marihuana estaba legalizándose”. Así lo recuerda Ignacio, que después de trabajar en Jaén recogiendo aceitunas, se vio motivado a trasladarse a otras partes del planeta con una labor parecida y ganando bastante más dinero. El destino fue, sin dudarlo, Estados Unidos donde según un informe reciente de BDS Analytics —empresa encargada de evaluar el crecimiento del cannabis en Estados Unidos— en el año 2021 la marihuana legalizada inyectará más de 21.000 millones de dólares a la economía estadounidense y generará más de 400.000 puestos de trabajo, es decir, cuatro veces más que los 121.000 puestos de trabajo que genera en la actualidad.

Un roadtrip con el que ganarse la vida

La primera vez que llegó a Montreal, tanto Berta como Borja, el tercer miembro de la expedición, se dejaron aconsejar por Ignacio, que ya tenía experiencia en este tipo de trabajos a esa distancia de España. Después de estar unos días algo perdidos, como aún asentándose de un viaje de casi ocho horas en avión y tan lejos de las comodidades, los tres decidieron comprar una autocaravana de segunda mano. Allí vivían y gracias a esa casa andante pudieron llegar a California, donde un terreno robusto lleno de cáñamo los esperaba: “Lo mejor del viaje era tener una autocaravana de 1979 y la incertidumbre. Sí. No saber dónde vas a estar el día siguiente, dónde vas a dormir, a quién vas a conocer o si vas a conseguir trabajo o no”, me cuenta mientras recuerda. La “vendimia” de marihuana se ha convertido en uno de los destinos más visitados por miles de españoles que trabajan mientras disfrutan de un verano en otra parte del planeta y vuelven a España a intentar vivir de lo ahorrado Una forma de vida imposible si te quedas en el país, al menos eso cuentan los que se han ido.

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Sin embargo, Borja advierte que “no todo es como lo pintan”. Su primera experiencia en los cultivos de marihuana fue muy buena pero para él es importante que también se hable de las cosas de las que nadie habla: “No es ir y ganar mucho dinero, es bastante complicado, depende de dónde vayas, con quién, cómo sea la granja, qué tipo de gente trabaja en ella y también las condiciones”. A muchos de los españoles que viajan a Estados Unidos les sorprende enterarse de que está prohibido trabajar como ellos lo hacen: es esencial llevar un traje aislante, guantes e incluso mascarillas para que el contacto con la marihuana no se vea contaminado por ninguna sustancia que el trabajador pueda portar tanto en la ropa como en las manos. “Podrían haber hecho una inspección de higiene y a los de la granja se les cae el pelo, te lo digo”, me cuenta Berta que añade: “una de las chicas que conocí me contó que una vez habían encontrado restos de heces en los cogollos, imagínate”.

Y no todo se queda ahí, existen sombras en esta labor que ahora mismo está en auge, Borja dio con personas con testimonios muy dispares en las que los relatos giraban en torno a crímenes y demás movidas de lo más chungo: “Hay desaparecidos, robos, gente que no paga y luego está la policía que, cuando acaba la temporada, busca a inmigrantes que hayan podido estar trabajando y que llevan mucho dinero en metálico encima”. Pero, para Berta lo peor de toda esta aventura es la convivencia: “Son 24 horas literalmente con las mismas personas, haciendo el mismo trabajo y no hay nadie con quien puedas filtrar lo que sientes o lo que te pasa”. Ignacio no piensa igual, para él lo peor es “no tener las comodidades a las que estás acostumbrado: un buen plato de comida o la facilidad con la que puedes asistir al médico”, además, advierte que “si se te rompe el coche también es un problemón”. 

Españoles, la plaga inesperada e ilegal

En este apartado todos los testimonios coinciden: la nacionalidad por antonomasia trabajando en los cultivos es la española. “Buff, tanto en Canadá como en California lo que hay es plaga de españoles, tía, plaga. Si te digo un número te miento. A ver, también hay mucha gente de Latinoamérica pero no se compara a la gente de España. De verdad que es excesivo”, recalca Ignacio. Además, existe un detalle importante: la mayoría de los españoles que viajan a Canadá o Estados Unidos a trabajar en las plantaciones lo hacen de forma ilegal y cuando llegan al aeropuerto enseñan un permiso de vacaciones, por ejemplo, que tiene una validez de 90 días. Te inventas alguna excusa de un sitio que vas a ir a conocer y listo. Algunos de estos españoles dicen la verdad, claro está, pero otros entran al país para ir en busca de una granja que les de trabajo. 

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En realidad, no existe la manera de poder calcular cuántos españoles se trasladan cada verano a Norteamérica para trabajar, esto solo es posible medirlo si el viaje se hace de forma legal, es decir, si tramitas lo que se llama Working Visa, un visado creado y hecho exclusivamente para trabajar. Eso sí, hay límites y problemas varios. En Canadá, por ejemplo, está permitido entrar al país con el visado de trabajo aunque solo para las personas que tengan entre 18 y 35 años. Este permiso solo existe para Canadá, Nueva Zelanda y Australia. Entonces ¿cómo puedes entrar a trabajar legalmente en Estados Unidos? Exacto, no puedes, a no ser que tengas una residencia permanente —la codiciada Green Card— o que hayas solicitado un permiso de trabajo porque tienes una formación académica muy particular y especializada en algo concreto o te han contactado desde alguna empresa para contratarte. 

Todas las opciones posibles están determinadas por si el trabajo que deseas es de interés para Estados Unidos o no. Esta es una de las razones por las cuales los españoles que quieren trabajar de forma legal están tomando la decisión de ir a Canadá y dedicar el verano a la recogida de las cerezas. Sin embargo, los que buscan vivir la experiencia y llegar a trabajar en las plantaciones de marihuana deciden optar por la opción Montreal y luego trasladarse mediante las carreteras internas a la costa de Estados Unidos. Más allá del riesgo que podría significar vivir este tipo de estas experiencia lo que reina —y en lo que todos sí coinciden— es el aprendizaje, el contacto con la naturaleza y un viaje que marca un antes y un después en la vida. Desde luego, y viendo que el panorama por nuestro país está como para darse un salto transatlántico, es muy posible que en el próximo viaje de Berta le pida espacio para una más en su vieja autocaravana.