El infierno de los niños LGTBI que entrenan para ser "más hombres" y no defraudar a sus padres

Buscando en Google "voley" aparecen mujeres, si buscas "rugby", hombres: los deportes están masculinizados o feminizados, pero los equipos LGTBI aparecen para subvertir estos roles de género

"Mi madre me obligó a apuntarme a rugby para ser más hombre. A mí me gustaba bailar, pero mi madre quería que hiciera algo ‘masculino’. Me forcé a que me gustase, pero no podía más", cuenta David, "lo practiqué hasta que salí del armario y me cansé de intentarlo. Al final, creo que lo odiaba más porque me recordaba a mi madre que porque el deporte en sí no me gustara”.

A los 25 años, David, que usa un nombre ficticio para que nadie lo reconozca, se ha reconciliado un poco con el rugby y gracias a algunos excompañeros ha vuelto a practicarlo en su tiempo libre. Para él ya no es una imposición para demostrar a nadie que"puede ser un macho", aunque reconoce que todavía no ha superado estas inseguridades en torno al deporte, originadas por todas estas presiones desde niño: a los que “parecíamos homosexuales nos obligaban a hacer deporte”, asegura, pero luego si no eres bueno o no te gusta, "es peor, porque nos juzgan". Ahora, "aunque creo que no se me da mal, todavía me aterra practicarlo con quienes no son mis amigos". 

Rugby de Panteres Grogues | Felix Perez Lara

Pero David no es el único. Entre las Panteres Grogues, la federación deportiva LGTBI catalana, se han encontrado con muchos casos de deportistas homosexuales cargados de miedos. “Nos llegan personas que al cuarto día se ponen negativas, creyendo que no sirven para esto”, explica el coach emocional del equipo de rugby, Toni Mellado. Estos deportistas sufren de homofobia interiorizada y piensan que se les da mal “porque desde siempre han vivido con este prejuicio”.

“Te dicen que el deporte no es para ti y que lo dejes”, asegura Carlos, un joven homosexual de 25 años que practicó fútbol a instancias de su familia para reforzar su masculinidad “cuando empezó a apuntar maneras”. “Tus compañeros de gimnasio te hacen bullying por afeminado, te da vergüenza practicar y no mejoras. Lo peor es que tú no quieres decepcionar a tus padres, pero tampoco quieres estar ahí. Buscas excusas para no ir, te inventas enfermedades… Al final, me puse a llorar diciendo que no quería volver y mi padre me borró”, recuerda Andreu, también de 25 años, que hizo taekwondo hasta los 12.

El deporte, terreno heterosexual

Quique, un jugador de rugby en un club LGTBIfriendly argentino, explica el peor día fue el que ganaron contra un equipo de heterosexuales. No reaccionaron bien porque “sintieron atacada su hombría”. Tras estos partidos ha escuchado cómo los llamaban “putos” (insulto que en Argentina se usa para atacar a los homosexuales), “entre otras muchas cosas”. Estos ataques lo llenaban de rabia y frustración porque intentaban denigrarlos como personas para quitar mérito a su victoria.

Toni Mellado | Abel Cobos

Estas reacciones se dan porque el deporte se suele asimilar con masculinidad, al contrario que la homosexualidad en hombres. Y es por eso que las mujeres lesbianas lo tienen “más fácil” para salir del armario dentro del deporte (todo lo fácil que puede serlo en una sociedad heteropatriarcal), porque prototípicamente se las asimila a la masculinidad. Por lo tanto, según los roles de género hegemónicos, el colectivo gay no debería encajar en este campo.

Pero está claro que la realidad no es así. Víctor Gutiérrez, jugador de waterpolo español es abiertamente gay, Gus Kenworthy, esquiador olímpico, también, o Gareth Thomas, exjugador de rugby, es gay. También existen los clubes como la federación LGTBI Panteres Grogues (en Cataluña) o el Madrid Titanes (también de rugby), que subvierten esta concepción heterocéntrica del deporte.

El fútbol, el deporte más importante a nivel comercial, no es ajeno a esta discriminaciónLo vemos en la liga profesional: ¿dónde están los jugadores homosexuales? En activo, ninguno. ¿Por qué? ¿Acaso ningún jugador (actual o del pasado) es homosexual? Estadísticamente es absurdo que no haya salido ninguno. Son muchos los jugadores de fútbol que se han pronunciado sobre esto. “Es imposible que un futbolista se declare homosexual por la reacción de los aficionados”, dijo el español Héctor Bellerín, que ha recibido insultos homófobos por llevar el pelo largo. Griezmann, el jugador del Barcelona, también dijo que él veía normal que nadie saliese del armario, “tenemos miedo a lo que puedan decir”. Hasta la UEFA se pronunció y su presidente corroboró este miedo a ser públicamente gay.

El rugby, “un deporte de machos”

Por supuesto, el encaje entre homosexualidad y deporte también cambia según el juego. Por ejemplo, el rugby es uno de los deportes que más se asimilan a masculinidad porque se percibe como algo violento, agresivo y rudo. En Panteres Grogues son conscientes de que existe este tópico, pero ellos mismos se encargan de desmentirlo.

Rugby playa de Panteres Grogues | Abel Cobos

La idea de que el rugby es un deporte agresivo y brutal es falsa”, explica Toni Mellado, el coach. Arturo Cuesta, el entrenador deportivo, cree que la concepción violenta del rugby es un tópico que surge de la ignorancia: "No es un deporte agresivo donde se pegan porque sí. Por supuesto que hay contacto físico, pero tiene muchísimas normas y hay muchos roles sobre el campo que requieren, por ejemplo, más velocidad que fuerza o más agilidad y resistencia que musculación".

Y, aunque el rugby fuera un deporte muy violento y físicamente exigente (“que no lo es”, recuerda Cuesta), eso no querría decir que mujeres y colectivo LGTBI no fuesen capaces de practicarlo, ya que ni todos los hombres cisheterosexuales cumplen el canon de la masculinidad, ni los que sí lo cumplen tienen el monopolio de la fuerza y las capacidades físicas.

Este discurso no se queda solo en lo teórico. En sus filas hay mujeres, hombres gais, personas trans y, también, hombres heteros. Un mosaico de identidades muy diverso que se aleja del estereotipo del rugby. “Somos un equipo mixto y LGTBfriendly, es decir, no discriminamos a nadie por su orientación sexual o de género”, explica Cuesta mientras entrena a su equipo en la playa.

Arturo Cuesta | Abel Cobos

Sobre la arena, un hombre con sobrepeso placa a otro igual de corpulento. Tras ellos, una mujer joven agarra el balón y corre con una velocidad que el resto de los hombres musculados no pueden igualar. “Cada persona tiene una función que se adapta a su cuerpo y fisiología”, añade Cuesta ante esta imagen. “Tristemente, la Federación divide por género”, por lo que lo más lejos que podrá llegar con el equipo es a los entrenamientos o amistosos. Por esto, varias lo han dejado.

Aun así, todavía se han visto en esa tesitura, puesto que no han empezado a competir en ligas (en septiembre harán la presentación oficial) porque están “recibiendo incorporaciones de personas que no tienen conocimientos de rugby”, por lo que todavía se encuentran “en un proceso de formación previo”.

Deportes “masculinos” y deportes “femeninos”

Pablo del Papa, jugador y entrenador de vóley en Panteres Grogues, vivió el proceso inverso al de sus compañeros de rugby. Lleva más de 30 años practicando vóley, y recuerda que cuando era más joven “lo más difícil era encontrar hombres que quisieran jugarlo” porque es un deporte que se ha percibido siempre como más femenino, o así lo asegura él. Es tan fácil como hacer una búsqueda en Google para comprobarlo: si pones vóley, saldrán imágenes de mujeres. Si rugby, hombres.

Con el tiempo “el vóley masculino se ha normalizado”, añade. De hecho, en España hay las mismas competiciones en categoría masculina y femenina, pero la LGTBIfobia no ha desaparecido. Del Papa, cuyo equipo sí que juega en ligas estatales, recuerda algunos comentarios que han escuchado, como “ya están aquí los maricas” en cuanto llegaban a un partido contra un equipo mayoritariamente heterosexual.

Vóley-playa de Panteres Grogues | Felix Perez Lara

A pesar de los pasos que se están dando, el deporte todavía es un terreno especialmente difícil para las personas homosexuales. Sobre todo en el fútbol, el que más se resiste a aceptar que homosexualidad y deporte no son un binomio imposible. Sin embargo, los deportistas queer siguen intentándolo. No solo por sus derechos sino porque, como explica Mellado, el deporte es necesario para el bienestar y el colectivo LGTBI, uno de los grupos sociales más expuestos a las enfermedades mentales debido a la represión social, necesita tener pequeños oasis donde desarrollarlo.