Una última conversación después de dejarlo, ¿buena o mala idea?

No para de aparecerte tu ex en la cabeza y aún tienes preguntas que quieres hacerle pero ¿es buena idea volver a veros?

Quedar para tomar un café después de una ruptura puede servir para aclarar las cosas...o para liarlas más todavía Hay bastantes formas de dejarlo. Unx de los dos se ha portado mal, lxs dos han sido infieles o manipuladores, la llama se ha apagado, unx de lxs dos se ha enamorado de otra persona, una discusión incendiaria ha hecho que lo dejéis en caliente…Pero en cualquiera de estas modalidades, es habitual que aparezca en la cabeza de unx u otrx, o en las dos, que aún falta una última conversación para cerrar o zanjar las cosas. ¿Es buena idea? 

Pues depende. El autor anónimo de este texto está bastante a favor y en general esas últimas conversaciones le han servido para resolver dudas y quedarse más tranquilo, tener más claro que la relación ha acabado del todo y pasar página o bien poder pedir perdón o aceptar las disculpas de quien se ha portado mal. Pero, claro está, tiene unos riesgos. Y no, no pasan solo por el típico polvo de reenganche, que también. Ah, y la última no puede ser siempre en verdad la penúltima, porque así no hay quien zanje  nada. 

Los motivos para hablar

Para empezar, nos planteamos por qué queremos tener esta conversación. Y se nos ocurren cinco motivos: Volver con la otra persona, confirmar que no queremos volver, volcar todo lo malo que se te ha quedado dentro, pedir perdón por tu actitud o encontrar los porqués de la ruptura. Puede que haya alguna más. Todos menos la opción tres, si se hace desde la venganza o la inquina, son bastante legítimos y aceptables. 

Pero, en el caso de que quedes para volver, no te engañes pensando que quedas para otra cosa, y prepárate para un posible “no” al otro lado. Hay gente, es verdad, que necesita un chasco bien gordo para pasar página. Pero no repitas, por favor, no te arrastres e insistas, insistas, insistas…porque tu dignidad acaba por los suelos y además estarás acosando e invadiendo la intimidad de la otra persona. 

En el caso de querer quedar para confirmar que no queremos volver, debemos preguntarnos en qué situación se encuentra la otra persona, si a ella le puede hacer bien esta confirmación o si más bien le vas a remover sus demonios. Sobre todo cuando eres tú quién ha dejado, es importante que pienses en qué es lo mejor para la otra persona y no solo para ti. Se llama responsabilidad afectiva. De nada.

¿Por qué quieres hablar?

Si quieres quedar para volcar todo lo malo que se te ha quedado dentro, pregúntate si te ayuda en algo, a ti o a la otra persona. Hay casos extremos, ante maltratadorxs psicológicos o verdaderxs cabronazxs, en que tal vez sí que sea necesario dejar las cosas claritas y dejar claro el daño que te han hecho, aunque recordemos que las personas tóxicas son inmunes a las críticas y les dan la vuelta.. ¿Reproches infinitos hacia alguien que lo ha hecho lo mejor que ha podido? No, por favor. 

Si quieres quedar para pedir perdón porque tu actitud no ha sido ejemplar, es de lo más loable, pero de nuevo tienes que preguntarte si la otra persona necesita ese pedido de disculpas y si es el mejor momento para ello. Es habitual que quien deja a la otra persona tenga una necesidad de tener el contacto por tener la conciencia tranquila que es una malísima decisión porque no permites a la otra persona desconectar. 

Y por último, ese café para saber los porqués de la ruptura necesita de antemano dos premisas: ¿los sabemos ya? ¿Podremos averiguar algo más? Si la respuesta a la primera pregunta es afirmativa, tal vez te puedas ahorrar este café que en verdad, de nuevo, es para intentar volver. Y si la respuesta a lo segundo también es negativa, es posible que esa conversación realmente no nos sirva para pasar página. 

En un reportaje reciente en S Moda sobre este asunto, la psicóloga Imma Ríos explica que “lo ideal sería preguntar los motivos de la necesidad de esa conversación y, si uno también está en ese punto, expresar los propios”. También recomienda, antes del encuentro, “establecer los límites, los temas y los asuntos a tratar en esa conversación, para evitar malentendidos y conflictos”.