¿Sinceridad o sincericidio? Por qué la honestidad brutal puede ser tan tóxica como la mentira compulsiva

Se cree que ser honesto y decir la verdad es siempre algo moralmente superior. Sin embargo, no siempre es cierto

Te has echado miraditas con un extraño en el metro, flirteáis con la mirada, pero tú tienes pareja. ¿Se lo cuentas? Estás en la oficina y te llega un mensaje de tu ex: "quiero volver contigo, te echo de menos". Pero tú estás en una relación sana. ¿Se lo cuentas? Pongamos otro caso: llevas cinco años de relación, y tu compañero de trabajo te hace 'tilín'. Habláis, os tiráis la caña y te sientes feliz y de ánimo renovado porque le has gustado a alguien, pero tú estás convencido de que quieres a tu pareja. ¿Se lo cuentas? 

Si te encuentras en este dilema (o te has encontrado) estás ante dos opciones: contarlo o callártelo. Según nos suelen contar, la base de una relación es la sinceridad. De hecho, ser honesto y sincero es un valor que suele verse como ética y moralmente elevado. Decir la verdad es, según los convecionalismos sociales, lo correcto y deseable. Pero, ¿es cierto? En muchas de las situaciones anteriores, decir la verdad es cometer un auténtico sincericidio. Es decir, el acto de causar dolor diciendo tu verdad (que no la verdad).

El sincericidio: cuando la verdad no es buena

María Esclapez, psicóloga y sexóloga responsable de la sede en Alicante del  Instituto Sexológico Murciano da unas recomendaciones para tratar este tipo de situaciones. "Si tu ex te dice que quiere volver contigo y a ti te remueve algo dentro de ti, quizá deberías decírselo a tu pareja. Si no sientes nada y este mensaje para ti es como quien oye llover... ¿por qué se lo vas a contar? Eso le va a doler y quizá estás cometiendo un sincericidio, dándole más importancia a un asunto de lo que deberías". Pero, si tu ex te envía un mensaje y te remueve por dentro, la sexóloga cree que deberías comentarlo con tu pareja: "no decirlo sería un error, porque está claro que ese mensaje está afectando a tu relación".

Aun así, que tu ex te hable parece inocente. Pero, ¿y si le has tirado la caña a alguien del trabajo? Ahí ya entran muchos más factores. Tú crees que no has hecho nada malo porque no ha significado nada para ti, no obstante, sabes que eso podría destruir a tu pareja. En este caso, de nuevo, puede ser que la honestidad no sea la mejor solución. Al final tienes que pensar: ¿la sinceridad va a restar o no? Para algunas personas, no decirle que tu ex te ha hablado es una forma de engaño. Pero Esclapez no lo tiene tan claro. "Las cosas que se deben comunicar nunca deben restar. Si va a doler lo que dirás, tiene que ser imprescindible decirlo. Si no lo es, ¿para qué lo vas a comunicar si va a restar en vuestra relación? No, no es engañar a la persona. Es, simplemente, no darle importancia a cosas que no tienen y vivir más tranquilo y en serenidad".

Entonces, decirlo todo, sin filtros, es contraproducente. Hay personas a quienes les duele saber algunas cosas. En muchos casos, es más sano no ser 100% honesto y no contarlo todo sin filtros. Todos tenemos intimidad y una vida interior profunda que no siempre tienes que compartir. "Cada pareja es diferente, tienes que conocer bien con quién te estás relacionando, con quién estás compartiendo información. La comunicación en pareja es vital, sí, pero la sinceridad tiene límites y tienen que conocerse los de cada persona", añade.

Si te digo que eres gilipollas, ¿soy honesto?

El sincericidio también se puede cometer fuera del ámbito de las parejas. De hecho, hay riesgo de cometerlo casi en dosis diarias. Por ejemplo, decirle a alguien "hoy llevas una falda feísima". Este tipo de comentarios no aportan nada, aunque la mayoría de personas que los sueltan caen en el error de pensar “esto que he hecho es súper bueno, no me estoy guardando nada, así que estoy soltando toda la verdad, sin filtros, de forma honesta". Si es la verdad, ¿por qué se enfada el resto? Es porque, de nuevo, has cometido un sincericidio. 

La sexóloga da una explicación: cuando soltamos estas "verdades" nos olvidamos que para los demás hay "otras verdades absolutas" y que, por lo tanto, aunque tú seas honesto no siempre tienes razón, por lo que puede ser que palabras no sean un arrebato de sinceridad sino un ataque gratuito. "Por eso mismo, es muy complejo interactuar entre personas". Para evitar malentendidos, Esclapez recomienda que prestes atención a la forma de comunicar estas "verdades" (tan relativas, porque, en el caso de la falda, lo que es horrendo para ti, para el otro es última moda).

 

No es que sean personas honestas o que 'siempre vayan de cara', es que son sincericidas. Foto de @shusaku1977

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"Decir tu verdad siempre se puede hacer, claro, pero lo importante es cómo se hace". La diferencia entre sinceridad y sincericidio es clara. Sinceridad es comunicar de forma asertiva (respeto por uno mismo y los demás), sabiendo con quién estás hablando, cómo transmitir tus ideas y entendiendo que tu verdad es subjetiva. Sincericidio es hablar con agresividad, sentando cátedra, hiriendo independientemente de lo que diga (es decir, dice verdades que duelen sin ponerle filtro, haciendo que la herida sea todavía más fuerte), no filtra e impone sus ideas. "El mundo no es tuyo y no puedes ir imponiendo tu verdad y valores a los demás", advierte Esclapez. 

En resumidas cuentas, no insultes a tu compañero de trabajo si quieres quejarte de algo. "¿Le dirías a alguien 'mira, eres gilipollas'? ¿Esa expresión te va a aportar algo? No te va aportar nada, solo conflicto", añade la sexóloga. Así pues, dile que está comportándose de forma incorrecta, no le insultes agresivamente. Si lo que quieres es regañarle, hazlo con tanto y educación, de esta forma puedes decirle prácticamente cualquier cosa a cualquier persona. Por otra parte, reflexiona si realmente necesitas regañar y soltárselo todo a todo el mundo. Por ejemplo, si odias el humor de alguien, ¿le dirás "tu humor es una mierda"? Hay verdades que mejor guardarse para uno mismo porque no aportan nada

La sinceridad como arma

La sinceridad, aunque nos hagan creer lo contrario, no siempre es positiva. Puede ser usada como una arma. "Si tú estás saliendo con una persona de tendencia sumisa, es posible usar la sinceridad más cruel y agresiva para reprimir más a esa persona y dominarla. Estás moldeando la honestidad a tu favor". Por ejemplo, en medio de una discusión le sueltas verdades que duelen para someter al otro, demostrando que tienes más fuerza. La sexóloga lo resume en: "antes que me comas tú, te como yo". Es decir, antes de perder en la pelea o ceder un poco, le sueltas un insulto que pueda doler para que la persona esté vulnerable y vencerla. 

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La sinceridad tiene un límite. Si usas la verdad para atacar a alguien, es un sincericidio. Si usas la sinceridad sin asertividad y con agresividad, es un sincericidio. Si comunicas la verdad sin filtros y de forma impulsiva y visceral, más de lo mismo. Al final, es importante entrenar cómo comunicas la verdad para no caer en el sincericidio. Más que nada que nos guiamos por nuestras emociones y la verdad también es emocional. Lo que un día puede ser la realidad, al día siguiente quizá ya no lo ves igual, y comunicar algo que sientes en un momento determinado corre el riesgo de estar condicionado por tus sentimientos. En definitiva, reflexiona bien lo que dices. Que tus vísceras no te hagan decir nada que solo reste.