Guía para resolver la tensión sexual en el trabajo sin liarla en la cena de Navidad

La madurez es muy importante para poder llevar una relación sexual o sentimental en el trabajo sin acabar perdiéndolo

Miraditas, risas tímidas y detalles que cada día te dan un motivo para levantarte de la cama e ir al trabajo con una sonrisa. Da igual si trabajas en una tienda de ropa, un banco, un supermercado, un hospital, un bufete de abogados o la Guardia Civil. En todos los curros del mundo puede haber alguien que te haga ‘tilin’ y con quien te pegarías un buen revolcón si pudieras. Esas personas que te ponen tanto que la tensión sexual se podría cortar con un cuchillo jamonero. Y lo peor es cuando notas que a la otra persona le pasa lo mismo y encima se acerca un momento tan peligroso como la cena de empresa de Navidad.  

Pero para no acabar en el paro y con el corazón partido, hemos consultado el método más efectivo para sobrevivir a una noche de sexo (o varias) con un compañero de trabajo a la sexóloga y terapeuta de parejas, Núria Jorba. Lo primero que nos advierte la experta es que este es un contexto mucho más erótico de lo que pensamos. “Básicamente el trabajo es el colegio de los adultos. Es decir, en la vida adulta y una vez dejamos que de estudiar, es el entorno en el que pasamos la mayor parte del tiempo”, señala Jorba. Precisamente, para la especialista “el trabajo es el lugar donde más se suelen dar las tensiones sexuales e intentos de relación” y recuerda que a pesar del uso común de las app de ligue “las dos principales vías para conocer a alguien siguen siendo el trabajo y el típico amigo en común”.

Tu curro es un festival de hormonas

El motivo para esta efervescencia emocional es que “a diferencia de tu lugar de residencia donde ya tienes tus amistades de toda la vida, suele ser el único sitio en el que se va renovando el perfil de gente a tu alrededor”. Además la sexóloga cree que hay un motivo que explica por qué es tan fácil que se prenda la chispa entre compañeros: “El trabajo es un ambiente que se presta a la interacción porque siempre hay alguna excusa, algo que no ocurre, por ejemplo, en un gimnasio donde nos puede atraer una persona físicamente pero no tenemos ningún pretexto para acercarnos y establecer un diálogo”.

Desde pedir una grapadora a iros juntos al almacén, todo puede ser una forma de satisfacer ese morbo interior que no para de aumentar. Por no hablar ya de la cervecita afterworking, viajes de negocios o comidas de empresa. “Es en las oportunidades para ir a tomar algo donde se suele comenzar con el ‘jiji-jaja’ y a establecerse los vínculos más allá de lo estrictamente laboral”, apunta Jorba. Pero es justamente llegados este punto de tonteo en el que, según la sexóloga, uno debería de empezar a establecer los primeros límites para evitar que la cosa adquiera una dinámica difícil de controlar. En este sentido, el primer paso SIEMPRE es actuar con discreción: “NUNCA se debe decir a otros compañeros de trabajo porque entonces comienza el circo del ‘mira como se miran’, las risitas y ahí es donde comienzan tus problemas”.

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El primer paso, siempre fuera del trabajo

Por tanto, ante de irte de la lengua comentándolo con tu compi de confianza —ya que más tarde o más temprano acabará contándolo o te hará una broma que te delate— para Jorba la opción más inteligente es tomar la iniciativa: “Si sientes esa atracción lo primero que debes fomentar es quedar con esa persona fuera del trabajo: tomar un café o lo que sea. Lo importante es salir a divertiros porque así podrás valorar si es solamente una atracción o algo más serio”. A veces es solamente el morbo y la tensión en el trabajo la que nos genera esa atracción y cuando quedamos con esa persona fuera del trabajo nos damos cuenta de que no era para tanto o que, directamente, nos deja de atraer.

“Tuve un caso en el que una chica lo pasó mal porque sentía una atracción muy fuerte por un chico que trabajaba con ella en una tienda de ropa de las grandes. Después de muchas miraditas y jugar entre ellos acabaron quedando. La cosa fue un desastre, pero el haber quedado antes de lanzarse a hacer una tontería fue todo un acierto porque no tenían ninguna compatibilidad fuera del trabajo”, relata Jorba que acumula infinitas historias como esta y que por eso insiste en resaltar algo con mayúsculas: “por muy bien que lo hagas, si hay un intento o un lío con un/una compañera de trabajo, nada volverá a ser como antes. Hay que valorar muy bien ese riesgo porque nunca vas a tener la misma naturalidad ni la misma comodidad. Siempre habrá tensión y no sabrás como actuar”.

No te flipes ni te quedes con las ganas

Sin embargo, tampoco hay que pasarse de cauto/a. Quedarse con las ganas también puede ser un peligro porque actúa como potenciador de tu propia fantasía. “Siempre es mejor probar y cagarla porque, si no, el ‘y si’ no te dejará tranquilo y acabarás por idealizar a la otra persona”, dice la sexóloga mientras insiste en que el primer encuentro siempre sea planeado y nunca fruto de una explosión de impulsos o, peor aún, del alcohol. Y más de cara a las cenas de Navidad en las empresas: “Que sea el alcohol el que nos impulse a dar el primer paso es uno de los peores errores que se pueden cometer. Lo más probable es que acabemos dando el espectáculo ante nuestros compañero y lo que es peor, nuestros jefes”.

Pero, ¿qué ocurre si todo lo anterior falla y la acabamos liando? ¿es posible sobrevivir a una affaire en el trabajo? Según la sexóloga, sí, aunque tomando precauciones: “Antes del día siguiente toca una llamada. Ni que sea diez minutos antes de entrar. Si entras a las ocho, me da igual: a las ocho menos diez llamas. Tenéis que naturalizar la situación lo antes posible o se podrá provocar una incomodidad y una tensión entre ambos insoportable”.

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Una llamadita a tiempo es una victoria

Parece fácil de decir, pero Jorba es consciente de que esto es precisamente la parte más jodida a la hora de afrontar el temido día después. “No es fácil dar este paso pero hay que ser adultos. Mínimo dar ese paso y ya saber a qué atenerte evitando esos momentos incómodos en los que no sabes si darte un beso, dos, darte la mano o qué”, reflexiona. Y, no nos vamos a engañar, existe la posibilidad de que lo vuestro no acabe de la mejor manera y no consigáis establecer un consenso para llevar la cosa con normalidad. Algo que de todas maneras y según la especialista, “no debería ser el fin del mundo” ya que, siempre que se tenga la posibilidad de hacerlo, “no hay que tener tanto miedo a cambiar de trabajo”.

“A veces son precisamente esos cambios los que nos evitarán el dolor emocional y la angustia de vivir una mala relación en el trabajo”, concluye Jorba. Al final, dar el paso de liarte con tu compañero es una moneda al aire en la que todo puede ocurrir, pero tomando una serie de precauciones es muy probable que el resultado de seguir tus impulsos no se lleve por delante todo lo demás. Como señalaba la sexóloga en todos los puntos, tu madurez, tomártelo con calma y asegurarte de que la otra persona también sea un mínimo responsable, evitará que esa aventura entre vosotros no acabe con uno de los dos hecho polvo o cambiando de trabajo. Sobrevivir a un rollete en el trabajo no solamente es posible sino que es probable que lo vuestro acabe en una bonita relación. O no.