¿Se puede separar el amor del sexo?

Le hacemos la eterna pregunta sobre relaciones a los filósofos de la Selectividad

Una de las panaceas del siglo XXI es la de separar el amor del sexo. Qué bien estaría eso de poder juntarte con una persona, daros amor, cariño y lo que surja y que luego cada uno se fuese por su lado sin egos heridos, sin la ansiedad en el pecho de mirar el móvil cada pocos minutos y sin tener que preocuparte de si esa persona piensa en ti o no. Hay afortunadxs que han encontrado un follamigx, y que han sido capaces de tener una relación saludable, afectiva y duradera sin un compromiso emocional o sin la aparición de un sentimiento amoroso que (casi siempre y a la larga) lo arruinara todo. De alguna forma siempre tendemos a asociar o a juntar el sexo con el amor, y la pregunta eterna que nos hacemos es la de: ¿puede existir sexo sin amor? ¿Realmente hay una separación entre ambos?

La pasión y lo tóxico

Eros era el dios griego del amor. Si no te suena de nada, seguro que conoces su representación (o imitación) latina, la de Cupido. Los griegos eran una gente muy intensa con una energía que prácticamente les desbordaba continuamente. Así que se pasaban la vida luchando, muriendo, haciendo tremendas hazañas y, en general, dándole un punto pasional a todas las cosas. Así, su representación del amor tiene, exactamente, la misma esencia que tanto les caracteriza a ellos. El amor consistía en algo pasional y brusco, en una tempestad de emociones. Las flechas de Eros atravesaban al amado y este (o esta) prácticamente se obsesionada con la otra persona. Pero no todo era una atracción desmedida. El componente sexual era tremendo. Su concepto del amor se convertía así en algo totalmente destructivo y por momentos puramente sexual. Es decir: algo parecido a una relación tóxica.

¿Por qué tóxica? Pues porque solo hay que ver lo que hacían por amor. Los griegos están muy bien para algunas cosas, pero también es cierto que su mitología está plagada de castraciones, violaciones, asesinatos y, en general, de toda una serie de conflictos disfuncionales y destructivos. Esto no les restaba inteligencia ni capacidad de observar bien su entorno, y por eso su representación del amor sí que ofrecía aspectos mucho más reveladores. 

Por ejemplo, Eros se enamoró de una mujer, de Psique, que en griego quiere decir “alma”. Aquí vemos ya un elemento importante en las relaciones, y es que estas no siempre se centran (o no se agotan simplemente) en el sexo, aunque en un primer momento es con lo que se asocia a Eros. Hay algo más, una atracción hacia algo inmaterial, esas mariposas que, según las películas, se sienten en el estómago cuando conoces a alguien. Pero vayamos poco a poco.

Philia, la friendzone de la antigüedad

Los griegos tenían también un término para cuando estiras demasiado la tensión sexual con tu crush y al final acabáis por desarrollar un extraño tipo de amistad, y te mueve a la friendzone, se trataba de la “philia”. Este tipo de amor se consideraba fraternal, como entre hermanos o amigos. Se trataba de buscar el bien para ambos, comprensión, dialogo y demás. Todo esto los griegos lo dejaban fuera del amor auténtico, de su amor pasional. ¿Por qué? Buena pregunta, y más teniendo en cuenta que se trata de una serie de atributos que, generalmente, viene bien que puedas encontrar en tu pareja.

El giro platónico

Platón, el gran filósofo griego, reinterpretó el mito del Eros. Para él, este no era un Dios, sino un ente entre lo divino y lo terrenal, ya que hacía que los hombres y mujeres mortales sintiesen una atracción hacia lo divino, hacia lo bello, hacia el amor. Intelectualizó, en cierta medida, los mitos tradicionales sobre el amor para decir algo especialmente interesante: que el amor funciona como atracción no solo por la belleza, sino por todo lo que es bello: la sabiduría, la bondad y demás. Es decir, alejándose un poco de la parte carnal, Platón veía en el amor la posibilidad de que una persona encontrara su alma gemela, es decir: su amor platónico.

Y hasta aquí tres formas de entender el amor en la antigua Grecia. ¿Y en qué queda todo, puede haber sexo sin amor? Sí, porque esa era, precisamente, la concepción original. Hoy en día hemos asumido el amor como compañía, como una persona que es perfecta para nosotros. Es decir: de la forma en la que Platón describió el Eros. Eso sí, lo verdaderamente interesante es la “philia”, esa forma de incluir la amistad y el afecto en nuestras relaciones. Puede haber, obviamente, sexo sin amor, lo importante en cualquier caso y en cualquier situación es que seamos capaces de eliminar esa toxicidad tan asociada con el sexo y con la pasión y que podamos incluir un poco más de amistad en nuestras relaciones afectivas.