Estar de rollo con tanta gente te acaba volviendo una persona triste

Cuando vas construyendo relaciones esporádicas sin límites con el tiempo te pasa factura

Sales de una relación en la que llevabas más de cinco años. Los últimos tiempos ya os hacían sospechar que algo no estaba funcionando del todo bien y que lo mejor era que cada unx siguiera su camino por separado. Cuando sales de una relación larga lo más normal es que no quieras meterte en otra. Lo que más apetece es conocer gente y probar lo que no has podido teniendo una relación monógama sin caer en infidelidades. Es entonces cuando empiezas a conocer sin parar a un montón de gente que está interesada en ti y en probar una noche de intimidad. 

Abres las puertas de tu cama a todo el que te apetece y cada noche vas cambiando porque sí, porque puedes y quieres. Y no tienes compromiso con nadie, sino que tienes varixs amantes perdidos por la ciudad. Esto no está nada mal, aunque —lamentablemente— los efectos psicológicos que tiene a la larga no son del todo positivos y tienen relación con la adicción. Así lo explican desde Psychology Today. Veamos qué es lo que ocurre exactamente.

“Un equipo internacional de investigadores de salud mental encabezado por Sandhya Ramrakha de la Escuela de Medicina de Dunedin, estudiaron a lo largo del tiempo las conexiones que existían entre la salud mental con las múltiples parejas sexuales. El estudio multidisciplinario inició con una muestra de más de 1.000 niñxs que fueron seguidos cada dos años hasta que cumplieron los 15 años y luego nuevamente a los 18, 21, 26 y 32 años. Un porcentaje increíblemente grande (el 96% de ellxs) permaneció disponible para las pruebas durante ese período de 30 años. A las edades de 21, 26 y 32, se les hicieron evaluaciones individuales sobre su estado de salud mental en las áreas de ansiedad, depresión y si existía o no dependencia de sustancias (cannabis y/o alcohol). También se les pidió que informaran sobre el número de parejas sexuales en cada intervalo, lo que permitió a los investigadores calcular el número de parejas por año”, explican los expertos.

Una de las principales conclusiones que sacaron los investigadores fue que la mayoría de los estudios que citan una “relación entre los problemas de salud mental, incluido el uso de sustancias y alcohol, y el número de parejas sexuales son de naturaleza correlacional”. Uno de los principales orígenes de las relaciones esporádicas es el esfuerzo que hacen muchas personas por reducir el dolor emocional que tienen, en lugar de detenerse a analizar si es posible resolver ese dolor por cuenta propia y no con el amor (en ocasiones muy fugaz) que puedan ofrecer terceras personas.

El estudio, además, sacó como conclusión que “las personas con un estilo de vida de alto riesgo podrían buscar lazos sexuales y el uso de sustancias, ya sea porque tienen personalidades impulsivas o porque están ansiosos y deprimidos. La sabiduría considerada de dicha investigación, por problemática que fuera, llevó a los expertos en salud mental a argumentar que para reducir las tasas de conductas sexuales de riesgo, es necesario tratar los problemas psicológicos subyacentes que llevan a las personas a este punto por su infelicidad o personalidad”.

La naturaleza de las relaciones sexuales esporádicas “puede presentar un factor de riesgo en sí mismo. Este tipo de relaciones tienden a ser impersonales y carentes de proporcionar una estabilidad emocional”. Cuando empiezas a experimentar una cadena de este tipo de relaciones sin freno, y sin que en ninguna haya un lazo un poco más fuerte que con el resto, puedes acabar sintiendo el vacío que ya existe de por sí en ti y que no puedes resolver por tus propias vías. Los vacíos emocionales pueden llegar a ser peligrosos porque pueden concluir en apatía y en una sensación de no tener ganas de nada, de vivir sin ilusión. Además, pueden potenciar la sensación de soledad.

Si tú o alguien que conoces está dentro de esta rueda de relaciones esporádicas puede, a la larga, acabar en más tristeza. Uno de los elementos a tener en cuenta y que no puede pasar desapercibido es el ‘cómo me siento’: cómo te sientes después de tener una relación sexual casual de una noche, cómo estás a la mañana siguiente, cómo es tu día a día… En estos instantes podrás ver si este tipo de rutina está siendo sana para ti o no. Mientras lo disfrutes, vas bien, pero si no te llena, revisa qué está pasando.

CN