Si quieres que tu relación dure para siempre, cuídala como si se fuera a romper mañana

Nos han enseñado que, cuando se quiere, se debe querer para siempre. Que debemos encontrar a alguien con quien construir una vida, asentarnos en ella y terminarla juntos. La literatura y las películas nos hicieron creer que eso era lo natural, que encajaríamos mágicamente con nuestra pareja y todo iría sobre ruedas, porque el amor es así y lo puede todo.

Esa idea del amor romántico acabó enfermándonos. Puede que no nos la explicaran del todo bien o que simplemente la malinterpretáramos porque la mayoría de historias se terminaban con el típico 'y vivieron felices y comieron perdices'. Así que dedujimos que no había que hacer nada más, que la felicidad se haría sola. Entonces empezaron a llegar los contratiempos, los desacuerdos, las incompatibilidades, las frustraciones, las discusiones, las peleas e incluso las palizas. Porque dejamos nuestra relación a la deriva y pensamos que sin remar llegaríamos a donde queríamos. En cambio fue el viento el que nos llevó donde le dio la gana, muy lejos del final idílico que nos habían prometido.

Así que, con todas las fuerzas que teníamos dijimos: 'Basta. No quiero más, no era por aquí. Esta no era mi media naranja, me equivoqué. Voy a seguir buscando otra'. Y cuando la encontramos, nos esforzamos por que nos quiera y en cuanto lo conseguimos, nos volvemos a tumbar al sol esperando que la relación se construya sola y que se materialice el mito de la felicidad eterna que nos creímos.

Pero no hay magia que valga. En primer lugar, debemos saber qué buscamos cuando buscamos, aprender a reconocerlo cuando lo tenemos delante y comenzar a trenzar entre ambos una relación sana. Cada uno hemos llegado a ella con nuestras mochilas repletas de experiencias, de sueños, de ideas preconcebidas y debemos aprender a bailar con ellas, desprendernos de algunas e incorporar otras.

Las relaciones son delicadas plantas que se riegan cada día. No cada dos semanas, ni cada dos meses, ni cuando da la casualidad de que llueve. Las parejas son grandes oportunidades de crecimiento personal. Un eufemismo que suena bonito pero que en realidad describe un gran reto. Porque es con las personas que más cerca tenemos con quienes sacamos nuestros demonios y nuestros miedos, quienes reflejan nuestras miserias como en un espejo. Y si no estamos dispuestos a enfrentarnos a ellas, tendremos la sensación de haber construido nuestra vida en el mismísimo infierno.

También existe la ruptura como vía de escape. Es una muy sana y digna, ya que el 'para siempre' no es algo que se alcance cada día. Cuando la esperanza de vida era de 35 años, era algo mucho más asequible, pero ahora se viven varias vidas en una sola y en cada una de ellas puede estar acompañada por una relación diferente, o se puede conseguir que sea siempre la misma. Lo importante para conseguirlo es no dar las cosas por sentado, no dejar nunca de remar y ser consciente de que una relación duradera es algo que se construye. Así que, quitémonos de una vez la venda de los ojos, porque no existe el amor 'para siempre' sino el amor paso a paso y hay que mirar bien por donde se pisa.