Las prácticas sexuales de la antigüedad que te harán reírte de lo que ves en PornHub

Podría parecer que vivimos en la época más lujuriosa y transgresora de la historia de la humanidad. Pues no.

A juzgar por los millones de escenas de sexo de Pornhub, aplicaciones para el folleteo como Tinder o Grindr y la normalización de prácticas sexuales provenientes del BDSM, podría parecer que vivimos en la época más lujuriosa y transgresora de la historia de la humanidad. Pues no, aunque te sorprenda ni siquiera nos acercamos al nivel de perversión pero también de libertad sexual (matizable, claro) a la que se situaron civilizaciones tan aparentemente castas como el Antiguo Egipto, la Grecia Clásica o el Imperio Romano. De hecho, por estadística, somos incluso más recatados que la generación de nuestros padres.

En un artículo del diario ABC han resumido algunas de las costumbres y prácticas sexuales que harán implosionar tu concepción del sexo en la antigüedad. Desde los bukkakes a orillas del Nilo a la pederastia como forma de instrucción militar griega, pasando por las orgías romanas, las siguientes prácticas pondrán en tela de juicio lo que creías saber sobre el sexo y los tabúes. Quizás, incluso, te replantees si somos la generación más liberada de la historia o quizá una de las más astuta y sutilmente reprimidas.

Egipto parecía sodoma

Empezando por los faraones que practicaban el incesto para asegurar la pureza de sus linajes, la religión y sus ritos servían de pretexto para todo tipo de prácticas bizarras. Las orgías dedicadas a la diosa felina Sejmet convertían los barcos que navegaban el Nilo a la altura de la ciudad de Bubastis en la versión antidiluviana de un club de swingers. La cosa era tan heavy que el historiador Heródoto se quedó bloqueado con tanto desparrame, aunque fuera en honor a una diosa.

Otro que la liaba bastante con sus ritos de adoración era el dios Atum. Para honrarle los fieles debían acudir a las orillas del río para masturbarse y eyacular en sus aguas. El primero en hacerlo era el faraón y luego el resto de los asistentes debían hacer lo mismo. Vamos que se marcaban un bukkake sobre el Nilo. La intención, según sus creencias, era emular a Atum quien tras autocrearse formó a los demás dioses del panteón de esta manera.

Pero quizá la práctica más aberrante de Egipto tenía que ver con las pobres momias. Por lo que se describe en el Papiro de Ebers, durante el reinado de Amenhotep I existe constancia de que algunos embalsamados practicaban sexo con los cuerpos de los fallecidos antes de iniciar el proceso de embalsamado sin que fueran sancionados por ello ya que, según su religión, seguían pudiendo mantener sexo al no haber abandonado todavía su alma el cuerpo. Esto provocó que las familias más pudientes pagaran a vigilantes para velar por los cuerpos de sus fallecidos. Eso sí, en los casos de violación con personas vivas la pena en Egipto era la castración. 

Grecia y los militares pedófilos

La manera en la que un adolescente griego se introducía en la vida adulta implicaba casi forzosamente su adiestramiento militar, académico y sexual por parte de un hombre de mediana edad. El mentor iniciaba al menor, que todavía no tenía la consideración de hombre hasta su casamiento en las prácticas sexuales a la vez que iniciaba su instrucción militar. Esto provocaba que en muchas ocasiones estas relaciones nacidas durante la instrucción produjera parejas estables.

Prueba de ello era el batallón sagrado de Tebas en el que 150 parejas de amantes masculinos luchaban codo con codo. Sin embargo, una vez esta se producía fuera del contexto del ejército o entre hombres adultos estaba muy mal considerada socialmente. Únicamente los aristócratas practicaban la homosexualidad con cierta normalldad aunque no podían ser acusados de manera homófona por parte de los plebeyos que lo consideran uno de los síntomas de su falta de moralidad.

Roma, homófoba y paraíso swinger

En la antigua Roma la homosexualidad era rechazada en todos los sectores de la sociedad y más aún la pederastia, que consideraban la causa principal de la decadencia griega. La homofobia era tal que el sujeto pasivo en una relación homosexual recibía mucho mayor estigma que el activo e, incluso, el mismísimo Júlio César sufrió el odio de los homófobos al acusarlo de haber mantenido relaciones como sujeto pasivo con el rey de Bitinia, Nicomedes IV.

Eso sí, más allá de aquella acusación el emperador era conocido por su atracción sexual sobre las parejas de los senadores y aristócratas de Roma, es decir, un amante del swinger. De hecho, existía una fecha, el festival de los Lupercales, en los que tanto César como los jóvenes romanos podían dar rienda suelta a sus bajos instintos siempre que pudieran pagar las ostentosas orgías que solían producirse con parejas y prostitutas. Lejos de verse como algo depravado, Catón el Viejo llegó a definir este festival como una bendición y una solución al acoso de las mujeres casadas. Whatever. 

Resulta imposible juzgar todas estas prácticas sexuales sin atender con profundidad a los condicionamientos religiosos, sociales y políticos de cada uno de las anteriores culturas. Incluso dentro ellas se produjeron enormes cambios y tanto los gustos como las prácticas fueron evolucionando con el tiempo. La única conclusión posible es que tanto entonces como ahora el sexo fue y será siempre uno de los termómetros más fiables para medir la evolución de una sociedad.