¿Por qué me gusta un tío que es idiota?

El motivo por el que te puedes pillar de un tío idiota es más simple de lo que piensas 

Ha vuelto a pasar. Te has pillado de un completo gilipollas y has hecho caso omiso a las red flags o, por lo menos, no las has visto ni venir. Si teóricamente tienes la lección aprendida, ¿cómo es posible que este tío haya saltado todas tus alarmas? Bueno, a pesar de que no hay una razón científica, sí que hay detalles que explican por qué a veces, sin darnos cuenta, nos pillamos de algún idiota. 

Cuando esto pasa, normalmente hay dos motivos: uno más físico, por así decirlo, y otro más de idealización o conceptual. Primero de todo es que hay personas con las que, sin saber por qué, y sin conocerlas exactamente, notas que hay un montón de química y con las que conectas al segundo. Estamos hablando de esa típica persona con la que seguro que follarías una sola vez por la gran atracción sexual que hay entre ambos, pero que cada vez que abre la boca piensas: “Dios mío, tremendo gilipollas”.

Cuidado con la idealización

Ahora bien, el factor principal es el que tiene que ver con la idealización de dicha persona. Seguramente ahora pensarás, “yo no voy por la vida idealizando a las personas”. Obvio que no, pero sí que puede pasar según el contexto en el que conozcas a alguna persona o la situación emocional que te encuentres.

Por ejemplo, cuando empiezas en un trabajo nuevo y aún no conoces a nadie. Es muy fácil que en ese momento, cuando ansias caerle bien a la gente y agradeces un montón los gestos de amabilidad, puede que el gilipollas de la oficina te entre por el ojo derecho sin que te des cuenta. A veces el casito, en el momento indicado, hace mucho. Esto también es aplicable a cuándo te mudas de ciudad, te apuntas a alguna actividad nueva o empiezas la uni. 

A eso hay que sumarle nuestra predisposición a pillarnos de alguien. Incluso a veces, por mucho que nos digamos a nosotras mismas que queremos estar una temporada solas, nos puede pasar que en el fondo queramos tener algún rollo. Lo dicho, esta predisposición (a veces inconsciente) suma mucho. Es entonces cuando entras en la fase de idealización y empiezas a darle significado a cosas súper comunes como: “bebe el café sin azúcar como yo” o “siempre nos cruzamos en el ascensor, tiene que ser una señal”. 

Bajar a tierra lo que nos pasa por fantasear

En ese momento entras en una fase de pensar que es el tío más majo de la oficina y no te importaría quedar para hacer una birra con él. Y es cuando se lo comentas a una amiga tuya o compi del trabajo y te avisa que es un trepa de cuidado. Una definición que te sorprende porque no cuadra nada con lo poco que has visto. En este punto solo pueden pasar dos cosas: o que ignores este aviso y conozcas al chico hasta que tu misma te hartes, o que bien en ese momento escuches a tu compi y lo desidealices. Sea como sea, a veces, unas palabras amables en un contexto determinado nos las pueden jugar y por eso nos acabamos pilladas de un idiota. Así que, siempre confía en los consejos de tus amigas.