Mi plan B me dejó y tengo que felicitarlo por su valentía

El benching es la práctica de tener a alguien en la recámara "por si acaso". Yo llevaba así con un tío durante 5 años, pero me dejó. Y es lo mejor que podría haber hecho

Volví a hablarle. Hacía mucho que no le decía nada. Desde antes de conocer a Oriol, que me acababa de hacer ghosting. Estaba frustrado, así que por eso volví a hablar a Xavi, mi plan B, ese tío que tenía desde 2014 en benching (una práctica que como define el portal Psicología y mente es: “aquella situación en la que una persona mantiene cierto contacto con otra, comunicándose con ella generalmente de forma breve y superficial, con el único fin de mantener su interés en la propia persona pero sin pretender obtener amistad ni nada en concreto más allá de beneficiarse de él/ella”).

Nuestra relación ha sido un on and off. Una ida y venida. Lo conocí al mismo tiempo que a mi ex, con el que estuve durante cuatro años. Teníamos relación abierta, así que cada cierto tiempo contactaba con él, teníamos una cita, nos liábamos un poco, lo usaba para sentirme deseado, subirme la autoestima y luego siempre volvía con mi novio. Sabía que él quería algo más y yo, bajo excusas de estar con otro, aseguraba que no podía darle. Aunque la verdad era que no quería darle.

Cuando rompí con mi ex, Xavi creyó que tendría una oportunidad de salir conmigo. Pero no fue el caso. Lo mantenía en la recámara, diciendo cosas como “acabo de salir de una relación”, “todavía no estoy bien”, “dame tiempo”, mientras lo usaba para tener sexo con él, subirme la autoestima y saber que estaba ahí cuando necesitaba un poco de cariño por una noche. Mientras tanto, yo iba con Tinder y Grindr buscando una nueva pareja, rollete o algo que me gustase más.

We Heart It

Pero la situación ha cambiado. Después del ghosting de Oriol, hice lo habitual y abrí a Xavi. Pero no accedió al plan sin miramientos. Al contrario, me dijo que no quería verme. “Estoy harto y me dueles”. Me quedé parado: “¿Qué? ¿Qué ha pasado aquí?”. Me explicó que se había cansado de esperar algo que no iba a pasar, se había hartado de comentarios que sonaban a excusas, de cancelar planes cuando me apetecía, de estar siempre pendiente de que yo quisiera avanzar en la relación para luego retroceder.

Se me quedó grabada una frase: “te veía en Grindr cuando pasabas por mi barrio y me decía ‘yo le puedo dar lo que quiere’. Pero él no lo quiere”. En ese momento me puse tristísimo. ¿Tenía razón? ¿Había desperdiciado la oportunidad de oro y a un tío ideal que me habría aportado mucho? Me puse tristísimo y pasé a insistirle, enviarle mensajes para hablar y pidiéndole quedar bajo extorsión emocional. Cuando logré que dijera que sí a quedar, volvió a darme pereza y pasé dos días sin entrar a su conversación.

Xavi tenía razón. No íbamos a funcionar y yo no iba a dejar de ser una mala persona con él. Había hecho lo más valiente que se puede hacer: decir que no al que te tiene en benching y alejarte de una relación profundamente tóxica que solo te quiere por el propio beneficio. Por eso me decidí a escribir esto a riesgo de quedar como mala persona, porque quiero que todas esas personas que son el plan B o tienen la sospecha de serlo, que huyan de esa relación. Es difícil, pero es necesario porque, como dice la sexóloga Núria Jorba, “un plan B nunca se convertirá en plan A”. Y con mi experiencia lo corroboro. Solo necesitaba su atención. Y sé que nunca habría pasado de ahí.