Mi pareja me cae mejor por móvil que en persona

Antes de la primera cita: memes, risas, conversación. Durante: silencio y timidez. Las redes sociales nos permiten crear un entorno seguro para comunicarnos, y por eso luego podemos caer en 'texting relationships'

“Un seguidor nuevo”. Con esta notificación de Twitter se despertó Carla (pseudónimo a petición suya), una madrileña de 19 años. Era Guille, otro madrileño de 23 años que durante la cuarentena se aburría y se topó con su perfil. Carla no se fijó en él, “tenía una foto random de una serie y no me llamó la atención”. Pero él interactuó con ella de forma insistente: “siempre me salía en las notificaciones, me daba likes constantemente”. Eso sí, “siempre a los memes y RTs graciosos”, así que le dio la impresión de que “no era un baboso”, de esos que te comentan siempre las fotos, “parecía que solo me seguía por mis tonterías”.

Así que se puso a stalkear un poco para ver quién era esa misteriosa persona, y se topó con que la cuenta de Guille estaba llena de memes, muy similares a su humor. “Me estuve un buen rato mirando sus tuits y riéndome, así que le hice follow back. Luego me abrió por privado para darme las gracias y empezamos a hablar”.

‘Texting’ bien, cita fatal

Carla se topó con un chico con un sentido del humor genial. Se reía siempre conversando con él, “escribía jajaja y encima me reía en voz alta cuando lo escribía”, “eso es amor verdadero”, bromea. Así que, en cuanto levantaron la cuarentena, se conocieron. Pero la primera cita fue fría. No es que no fuera majo, “sí que lo era, simplemente me pareció muy tímido. Lo que me gustaba de él era su humor, sus memes y en persona eso no estaba”, recuerda.

Aun así, se gustaban físicamente, se liaron y empezaron de rollo: “era como salir con dos personas. Por una parte, el que me hacía reír por WhatsApp, por otra parte, con el que me enrollaba. Sinceramente… creo que me cae mejor mi novio por móvil que en persona”. Parece el argumento de un capítulo de esos de Black Mirror cuya única moraleja es que las redes son malas, pero no: “el mundo virtual es cómodo y seguro, y eso hace que haya muchas personas que reflejen un personaje que no son”, explica la divulgadora, psicóloga y sexóloga María Esclapez.

En redes sociales “nos comportamos de forma deseable, no solo hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. A veces queremos ser más graciosos, por ejemplo, entonces intentamos copiar cualidades de nuestro yo ideal”, añade la experta. Además, tenemos más tiempo para pensar qué decir, responder o leer los mensajes, y eso nos da más margen para elaborar una respuesta más reflexionada, mientras que en persona es todo más dinámico y surgen “inseguridades comunicativas”. Aun así, como matiza Esclapez, “no es que seamos una persona diferente en redes y otra en la vida real, sino que la digital es una versión editada y controlada”, y por eso personas como Guille pueden parecer más abiertas, graciosas y simpáticas a través de la pantalla.

Cuando la ansiedad te lleva al ‘sexting’

En una rápida búsqueda de Twitter, aparecen otras personas con historias parecidas. “Solo tengo amigos online porque es donde soy graciosa. En persona me bloqueo y no sé qué decir”, asegura Kirlya, un pseudónimo que ha dado porque le da cosa que puedan identificarla. “La vergüenza es terrible. Puedo haber estado enviándome mil memes con alguien y ser super amigos que luego me ves por Zoom o en persona y me entra ansiedad”, concluye. Asegura que por miedo a estos episodios nerviosos nunca ha tenido una cita, y que los únicos contactos sexuales que ha tenido han sido por sexting: “se me da muy bien escribir, y sé tener polvos increíbles por mensaje, pero en persona no sé si me atrevo a exponerme a decepcionar a alguien porque no soy como se imaginan que soy”.

Como explica la antropóloga Krystal D'Costa en la revista Scientific American, el sexting es un acto que puede llegar a ser empoderador, porque facilita tener una interacción sexual en un entorno 100% controlado. Como explicaba Esclapez, las relaciones digitales permiten pensar mejor las respuestas, carecen de espontaneidad (y, con ella, incomodidad, miedos, vergüenzas y sustos), y además se hacen desde la seguridad e intimidad del hogar, por lo tanto, el sexting se convierte en una experiencia casi más satisfactoria que el “sexo real” para estas personas invadidas por la timidez ansiosa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Pero, por otra parte, como añade Esclapez, que para Kirlya el sexting pueda convertirse en un sustituto liberador de la ansiedad por no cumplir las expectativas que tienen los otros de sí misma, demuestra uno de los riesgos de generar este “doble yo” digital. “Si ser ‘diferente’ en lo virtual te ayuda a crear autoestima, está bien. Pero el problema es atraparte en esa mentira que has creado. Hay personas que dejan de vivir su vida real porque su vida virtual les resulta más agradable. El mundo virtual es cómodo y seguro, y por eso estas personas tan tímidas se muestran más abiertas y liberadas por aquí”, afirma al respecto.

Una ‘texting relationship’

Las relaciones en las que entra Kirlya o con la que se ha topado Carla tienen nombre: texting relationship. El nombre lo dice todo: se basan en mensajearse y es ahí donde se dan los momentos de mayor conexión e intimidad, dejando de lado lo “físico”, lo “real”. Normalmente, este tipo de relaciones no suelen llegar nunca muy lejos (es decir, “no llegan a conocerse porque una de las dos partes tiene demasiados miedos e inseguridades”, como lo describe el portal Paired Life), pero hay casos en los que los miembros de la pareja se desvirtualizan, con un resultado parecido al de Guille y Carla, creando una dualidad en la relación.

Para Carla, encontrarse en este tipo de pareja es un poco raro. Siente que no quiere decirle adiós a su corta relación, pero tampoco cree que pueda seguir tirando hacia adelante así. “Cuando quedo con amigas les digo que es tímido, pero que es muy majo. Pero tampoco lo sabrán nunca porque no se abrirán por privado y se pasarán memes”, se lamenta. “Si tu novio digital te gusta más, plantéate de si esa relación vale la pena”, concluye la sexóloga, “porque te has enamorado de unas expectativas muy elevadas, de una imagen de tu pareja que no se asemeja a la realidad”.

Brecha generacional en el humor

Pero no solo sucede por timidez, inseguridades o autoidealización. Lo demuestran Aleix y su pareja, ambos de Barcelona, que tienen una historia similar: “mi novio se queja de que tengo un humor muy de memes. Soy generación Z y él millennial y a veces sí que hay una brecha generacional en nuestro humor”. Aunque se lo pasan bien juntos, siente que no puede trasladar su forma de ser a una conversación fuera de un entorno online. “Muchas veces para reírme de algo envío un vídeo o un tuit que tengo guardado. En persona, claro, no puedo. Me corto las bromas porque sé que la brecha me obligará a contarle la gracia, y nada peor que tener que explicar un chiste”, sigue.

La psicológa Ana Yáñez asegura que para aquellas generaciones que se han criado con tecnología, las formas de comunicarse entre ellos incorporan todo un lenguaje digital que les es muy natural, pero que a otras generaciones puede escapársele, hasta el punto de presentar un humor totalmente diferente en persona que online. “Siempre le digo a mi novio que los chistes son de viejo, él me dice que mis memes no tienen sentido. Aunque estamos bien, me da pena que no podamos compartir del todo el lenguaje”, se lamenta ante un problema que, aparentemente, ni es crítico como para romper, ni tiene solución.