El panóptico de Foucault es la metáfora perfecta de cómo te controla tu pareja

En el siglo XVIII al filósofo Jeremy Bentham le dio por pensar en cómo sería una cárcel perfecta, Foucault reflexionó sobre la idea y tu pareja controladora la perfeccionó.

Puede que no lo hayas pensado nunca, pero una pareja controladora es lo más parecido que existe al panóptico de Foucault, un inquietante diseño de cárcel en el que todos los presos eran vigilados desde una torre central noche y día sin que ellos pudieran saberlo a ciencia cierta. Obsesión, control, ausencia privacidad y represión. El resultado del escrutinio continuo de nuestras emociones por parte del otro, aún con el pretexto de amarnos, conduce a lo mismo: el fin de la libertad. 

Seguramente sabes muy bien a qué me estoy refiriendo si has pasado por esa mala experiencia o si has tenido algún amigx a quien su nuevx novix le ha separado de todo y de todos. Por celos, por inseguridad o por lo que sea. Tus teorías tendrás al respecto, eso seguro, pero el resultado es que esa persona ha perdido en gran medida su libertad sin darse cuenta y pensando que ha sido su elección. Y de eso te voy a hablar, de cómo la mejor de las cárceles es la que te hace sentir que eres libre. Y Foucault sabía un rato de esto, y no porque hubiera pasado por una relación tóxica (la angustia de su homosexualidad le llevó al borde del suicidio), sino porque la idea venía de lejos. 

Ya en el siglo XVIII al filósofo Jeremy Bentham le dio por pensar en cómo sería una cárcel perfecta. Esta consistiría en una torre elevada en el centro y las celdas con los reclusos formando un círculo a su alrededor. Los presos no podrían ver al guardia de la torre, pero este podría verlos a ellos en cualquier momento. ¿Por qué esta estructura? Porque, según el bueno de Jeremy, tarde o temprano los presos interiorizarían la vigilancia, el control de los guardias. Al no saber cuándo estaban siendo observados y cuándo no, ellos mismos se impondrían un cambio en su comportamiento. Y, por miedo al castigo, actuarían correctamente.

La cárcel perfecta eres tú 

A Foucault esto le pareció una maravilla de idea, y entendió que el poder en la actualidad se ejercía de una manera similar a como se diseñó el Panóptico. Hoy en día es fácil verlo. Piensa en las cámaras de vídeo, reconocimiento facial, policías de paisano… cualquier cosa. Es constante la posibilidad de que puedan vigilar (o, mejor aún, pillarte) en cualquier momento. ¿Por qué es tan efectivo este sistema de control? La idea central es que siempre puedes burlar la vigilancia directa. Puedes largarte de la fiesta, fugarte de casa, correr de la policía o no coger el móvil. Lo que no puedes hacer es escapar de ti, de tu propia medición, de los límites que te autoimpones por miedo a ser descubiertx o juzgadx. 

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Es decir, cuando eres tú mismx quien se está reprimiendo y lo presentas como algo voluntario aunque internamente lo motiva el miedo a ser descubierto. Es como cuando te lías en plan adolescente en un portal cualquiera y dices eso de “ahora no, que podrían vernos”. Querrías seguir, pero no quieres que te pillen, aunque nada ni nadie te lo prohíba directamente. A grandes rasgos así funcionaría (y que me perdone el francés por la comparación) el Panóptico de Foucault.

¿Qué he querido decir con todo esto y qué tiene que ver contigo? Pues que no todo el control en la pareja se ejerce de forma visible. Puede que con algunas actitudes tu supuesta ‘media naranja’ esté tratando de controlarte, o que seas tú quien lo haga, incluso aunque no sea esa tu intención (porque a veces uno controla de pura desesperación). Tal vez te cortes de hacer ciertas cosas por respeto, consideración, por deferencia o lo que sea. Pero, cuando dejas de hacer algo que te apetece hacer por miedo a la bronca de después, o porque no quieres escuchar cómo te afea la conducta, entonces puede que esté ejerciendo otro tipo de control sobre ti. 

El control y la pareja nunca deberían ser sinónimos

Personalmente, y si por algo he querido contarte esto, es porque he estado en los dos lados: como controlado y como controlador, y odié profundamente las dos situaciones. En aquel momento no me daba cuenta de que tenía la cabeza nublada por aquello que Hollywood y Disney se encargaron de vendernos como el ‘amor romántico’. Pensaba que el control era algo natural en la pareja porque lo veía en mi entorno y en las series de la tele o en cualquier lado. Una serie de estereotipos repetidos hasta la saciedad que supuestamente trataban de reflejar mi vida y que me decían que el amor era algo muy próximo a la posesión. 

Hoy en día me da vergüenza pensar en eso. Y de ahí que en mis relaciones a partir de entonces haya algunas cosas que no pregunto y haya otras que no respondo. Ahora con la distancia me he fijado en que siempre da la sensación de que el control funciona así: prohibitivo, directo. No hagas esto, no veas a esa persona. Y luego, claro, las preguntas. Que con quién estabas, que por qué lo hiciste (la pregunta más difícil). Pero el meollo del asunto es bastante más sutil. Y por eso mismo el panóptico de Foucault, la cárcel perfecta, un mecanismo ideal del poder, era la metáfora que mejor podía explicar qué supone el control total sobre la mente del otro.

La conclusión es que la cárcel más efectiva siempre será la que menos aspecto de celda tenga. Y el control más profundo es el que parece disfrazarse de decisión propia. ¿Cómo puedes hacer para tener una relación que no esté mediada por ningún tipo de control? ¿Cómo se sale de esto? Poco a poco, supongo, aunque tampoco es una ciencia exacta y que ni Foucault ni Jeremy Bentham, ni mucho menos yo, somos los mejores terapeutas de pareja que la filosofía puede ofrecer. Eso sí, conocer que la filosofía siempre ha tenido el tema de la libertad y el libre albedrío como uno de sus pilares debería hacerte reflexionar sobre lo vital que resulta preservarla. Tu libertad es tuya, no la regales ni por amor.