Todo el mundo se piensa que mi mejor amigo y yo somos pareja

Es lo que se conoce como "amistad platónica": a grandes rasgos parecemos novios... pero falta el componente sexual y romántico. Y no todo el mundo lo entiende

Estas navidades fui a las comidas familiares, por primera vez, acompañado. No, no era la primera vez que presentaba a mi pareja a mis padres. Llevé a Carlos, mi mejor amigo. A mis padres no les extrañó: ya saben la relación tan íntima que tenemos. Pero el resto de mis familiares dio por supuesto que estábamos juntos. Lo mismo cuando lo invité a la boda de prima para no aburrirme, porque no iba a conocer a nadie. “¿Es tu pareja?”, me preguntó mi tía. “No exactamente…”. Para evitar todas estas preguntas, porque pocos entenderían que solamente es un amigo, al final no se vino.

Nos pasa siempre: todo el mundo piensa, de buenas a primeras, que somos pareja. Por ejemplo, nos pasa en el súper cuando vamos a rellenar la despensa (porque vivimos juntos). O cuando me encuentro a gente del instituto, que ha visto todas las stories y me pregunta: “ah, ¿pero que ese no es tu novio?”. Incluso algún rollete de Tinder me ha llegado a preguntar si tenía una relación abierta con él o si era el típico crush no resuelto. Y no, ninguna de estas opciones, solo somos amigos. Y no es tan difícil de pillarlo, es algo muy común: todo el mundo conoce los típicos amigos que parecen pareja, “ese tipo de amistad, tan difícil de comprender desde fuera, tiene un nombre: se llama amistad platónica”, afirma un artículo de El País.

La relación entre Carlos y yo, por lo tanto, es como la de una pareja. Vivimos juntos, nos presentamos ante la familia, amigos y compañeros de trabajo, somos nuestro +1 habitual en eventos laborales o académicos, aparecemos constantemente en las stories el uno del otro. Hacemos todo lo que hacemos con nuestras parejas… pero sin sexo. Para describir esas amistades, la psicóloga consultada por el artículo, Susana Ivorra, cree que “a casi todos los efectos son una pareja, pero sin un componente erótico. Es decir, hay compromiso, hay intimidad emocional y se pasa mucho tiempo juntos. […] Pero el hecho de no haber tensión sexual (de ahí lo de ‘platónicas’) no impide que haya muchos gestos físicos de cariño”.

Nosotros somos conscientes de esto. Precisamente, en épocas que hemos estado solteros mucho tiempo, nos lo hemos confesado. Me acuerdo de que hace un tiempo, cuando estaba soltero, le dije: “me siento mal porque me siento solo. Y sé que no lo estoy, porque cuando te necesito estás ahí, pero me falta encontrar a alguien que me dé ese pequeño algo, esa llama de la pasión, el ‘amor’”. Esto es lo primordial, nuestra relación de amistad no suplanta a una pareja amorosa, nunca. Pero sí que permite llenar los pequeños vacíos.

Es decir: sé que puedo estar con personas con quien no tenga muchas cosas en común porque todos mis hobbies e intereses pueden pasar por Carlos. Si quiero ir a un concierto, como nos gustan la mayoría de artistas, vamos juntos. Lo mismo con pelis, exposiciones o locales. Por eso, si a mi pareja no le gusta alguno de mis hobbies, no pasa nada, no siento un vacío porque no puedo compartir esa faceta: ya tengo mi amistad platónica que viene a llenar ese hueco que siempre está presente en todas las relaciones (a no ser que salgas con tu clon). Así, cuando empiezo con alguien, me parece mucho más interesante ver qué cosas construimos de cero. No intento forzarlo a participar en las aficiones que ya tengo, porque si quiero compartirlas, ya sé con quién hacerlo.

Archivo personal

Por supuesto esto ha despertado a veces conflictos. Parejas celosas que no han entendido que mi amistad esté, en muchos casos, por encima de ellas. Recuerdo cuando fui con Carlos al cine a ver una de Pixar que llevábamos tiempo esperando. Mi pareja me preguntó que por qué no habíamos ido juntos y había preferido ir con un amigo. “Lo siento, pero es que prefiero ir con Carlos a ver todo lo que es Disney porque sabe mucho y es muy enriquecedor comentarlo con él después de la peli”. Se enfadó: no entendía que, para mí, mi amistad de ocho años estaba en muchos aspectos por encima de una relación de un año. Por suerte, en mi relación más larga, cuatro años, mi amistad con Carlos nunca fue un problema: mi pareja tenía la suficiente inteligencia emocional para entender que podía querer a ambos y que no tenía que tener celos. 

“Las amistades platónicas surgen porque las parejas ya no son para siempre y la relación con la familia cambia bastante cuando uno vive lejos de casa”, añade el artículo. Es decir, “los amigos han pasado a importar más que la pareja o la familia”, porque muchas veces están más presentes en nuestra vida. Eso sí: “la amistad platónica supone una inversión seria y el cuidado de la relación. Se basan principalmente en la equidad, dar y recibir en un mismo grado, la confianza y la lealtad hacia la otra persona, con una implicación en cuanto a tiempo y energía dedicado al otro, unido al cuidado y los detalles”, asegura. Vamos, que no es fácil mantener este tipo de relación. Pero sí muy gratificante.