Por qué es importante la responsabilidad afectiva en tus relaciones

Una forma de acabar con la ambigüedad de esos vínculos en los que, erróneamente, se cree que no es necesario cuidar al otro

Estás de rollo con alguien. No quiere una relación exclusiva ni nada súper serio, pero con la broma ya lleváis seis meses viéndoos cada semana. Paseos en bici, conciertos con distancia de seguridad o tardes mirando series en la cama, no son solo algunos de los planes que más os han unido, también momentos en los que habéis conectado y has sentido que le importas. Pero, en otros momentos, la cosa no es tan idílica. Cuando le da por ahí, te deja en visto durante más de doce horas, te habla como si nada de otros rollos o percibes que no te apoya en tus días de bajón. Vale que no sois una pareja, pero ¿qué hay de tus sentimientos? ¿No merecen ser respetados? Obviamente, la respuesta es sí.

Si has vivido una situación de este tipo, te interesará saber que esta falta de cuidados se puede contrarrestar si todos nos tomamos más en serio la responsabilidad afectiva. Un término del que se ha hablado en varios blogs y que va de cuidar mejor los vínculos. Así lo expresó al diario uruguayo EL PAÍS la sexóloga y terapeuta sexual, Vivián Dufau, aportando una definición muy fácil de entender: “La responsabilidad afectiva significa tener presente que todo acto tiene sus consecuencias y unx debe hacerse cargo de ellas. Si unx está en relación con otra u otras personas, todo acto que realice va a tener una consecuencia en esa o en esas personas. Tiene que ver con la empatía”. Vaya, con leer bien los sentimientos de los demás y actuar en consecuencia.

Y eso, lo de cuidar de verdad al otro, tiene que darse en todas las relaciones, aunque sean de una noche, semanas, meses o tengan al amor libre como constante, según señaló la periodista y activista feminista Luciana Peker a la publicación mexicana MALVESTIDAFue en esa entrevista donde el mismo medio compartió tres claves muy importantes extraídas de la conversación con Peker y que podrían ayudarnos a todxs ser más responsables a nivel afectivo.

1. Establecer reglas previas

No todo el mundo busca lo mismo en otras personas y aún más cuando se atraviesan momentos vitales diferentes, por lo que es crucial compartir que se espera de una relación o de un simple encuentro. Una forma de saber hasta dónde puede llegar cada unx y evitar que la incertidumbre juegue malas pasadas, sobre todo cuando ya sentimos amor a tope. Peker no lo pudo decir más claro: “Cuando no hay un diálogo es cuando se produce dolor o frustración”.

2. Ocuparse de las emociones propias

Todos tenemos nuestras mochilas que arrastramos desde hace años o problemas del día a día, pero por difícil que sea a veces, no podemos pagar nada de esto con los demás y menos si es a partir de argumentos tipo “Siempre he sido así” o “Hago lo que me apetece en cada momento”. Trabajar nuestras movidas, ya sea con un café con amigos o una terapia, sin duda contribuye a que las relaciones sean más igualitarias.

3. Tener empatía

Siempre que podamos, hemos de ponernos en las pieles ajenas y, si creemos que hacemos daño a alguien, hay que intentar hablarlo. A cada persona le afectan las cosas de una manera y puede que algo que para unx no sea importante, sea vital para otro. Empatía significa cuidar, significa no confundir libertad con egoísmo.