Si ser "la otra" te duele, mereces pasar página

Eres esa tercera persona y has decidido jugar la partida, pero no siempre es fácil, y menos para tu autoestima

Querías evitar el mal de amores y resulta que, casi sin darte cuenta, has acabado inmersa en un triángulo amoroso. Posiblemente, siempre has sido consciente de que este tipo de relación no iba nada contigo y de que, a la larga, sería una mala idea, pero… ahí estás: eres esa tercera persona y has decidido o aceptado, jugar la partida.  Así pues, tu drama personal es que te has enamorado de un hombre casado o con novia. Ahora eres, según el dictado de la sociedad, eso que llaman la amante, "la otra".

No se trata de un simple escarceo de una noche sino de una infidelidad mantenida en el tiempo. Al principio creías que aquello no iría a ninguna parte y que solo era cuestión de atracción física. Querías divertirte, mantener un alto nivel de independencia, huir de una relación seria, vivir el presente… Además, creías que el ser consciente de que tenía un compromiso con otra persona, podría disuadir que aparecieran en ti sentimientos más intensos. Sin embargo, ya se sabe, el roce hace el cariño y disfrutar de ‘lo prohibido’ acaba por ejercer en algunas de nosotras cierto magnetismo. 

A medida que pasa el tiempo, no solo te das cuenta de que cada vez te gusta más, sino de que la situación está llegando a su límite… Lo que antes te daba igual en este momento ya no lo soportas. Aborreces que la relación sea asimétrica y evasiva. Te frustra que todo gire alrededor de él, que tenga que estar continuamente ajustando horarios para veros, que nunca podáis relacionaros espontáneamente en la calle, que te abandone a mitad de la noche para volver a casa con su mujer… Al final, tú te cansas de esconderte y le pides más. Su reacción es cortar todo contacto contigo. Él solo quería salir de la rutina y nada más. ¡Has caído en sus redes y ahora estás jodida! 

Cada uno de nosotros decide la forma en la que desea vivir el amor hacia otra persona y correr ciertos riesgos. Lo que no queremos es que te martirices y acabes arruinando tu propia autoestima ante historias de amor turbulentas. Aunque te cueste aceptarlo, él te está haciendo un favor poniendo fin a la relación. Duele, pero es en este momento cuando empieza tu deconstrucción y no tu debacle. Por ello, es importante que tengas en cuenta lo siguiente:

Ser "la otra" no te define

Después de que todo acabe, puede que sientas que eres una mala persona, una arpía, una rompe hogares… Es decir, una vez que ha pasado el calentón y la ruptura sea un hecho es muy posible que aparezca la culpa. Puede que no sea algo de lo que generalmente te sientas orgullosa, pero esto no puede llevar a que te desprecies a ti misma una y otra vez. Al fin y al cabo, no eras tú la que tenía un compromiso con otra persona, ¿no? En ese sentido, es injusto que te sientas mal por creer que solo eres el rol que una vez ocupaste en esa relación. 

Recuerda que eres mucho más que eso y que una mala decisión no puede minar tu amor propio. Nuestro consejo es que, con respecto a tus pensamientos negativos, identifiques aquellos que son irracionales. Puede ser útil apuntar estos pensamientos en una libreta y analizar si existen razones objetivas para creer que eres un ser despreciable o por el contrario, solo una persona que ha cometido un error y que ahora trata de salir a flote y hacerlo mejor. 

Sé honesta y admite tu parte de responsabilidad 

Pese a que tú no tengas que rendir cuentas a nadie, sí tienes que valorar las consecuencias de tus actos. El desamor duele, pero verte en esta historia como la pobrecita tampoco puede ser tu tabla de salvación. Tú no has sido engañada, al contrario, eras plenamente consciente de todo lo que estaba pasando y aceptabas las reglas del juego… Además, si él nunca te llegó a prometer que dejaría a su pareja para tener una relación romántica y exclusiva contigo, tampoco tienes motivo para pagar tu frustración con él. Por duro que suene, debes asumir que tú has acabado siendo la víctima de tus propias decisiones. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Vale que nadie decide de quién enamorarse, pero sí podemos controlar en cierto sentido qué hacer con nuestros sentimientos. Si sabes que este tipo de relación no es lo que quieres, quizá lo mejor hubiera sido no alimentar el flirteo, evitar las invitaciones, haber dejado claros tus límites... Puede que ya sea tarde para todo esto, pero ser consciente de que teníamos margen de maniobra, nos ayuda a entender que en toda esta historia no hemos sido una marioneta. Salir del autoengaño es empezar a aceptar que está en nuestras manos cuidar de nosotras mismas y tomar mejores decisiones, al menos, de cara al presente y futuro. 

Date una nueva oportunidad 

Asumida la responsabilidad, es importante que continúes con tu vida y te centres en ti. En primer lugar, tienes que tener claro que el hecho de haber sido la otra no puede despojarte de tu valor como persona. En segundo lugar, si la ruptura te está haciendo sufrir, recuerda que no hay absolutamente nadie en el mundo sin que no puedas vivir. Los seres humanos tenemos una gran capacidad de resiliencia. O dicho de otra forma, superamos situaciones muy dolorosas y a menudo, salimos reforzados. Eres capaz de salir adelante, así que rema en la dirección del amor, pero del amor propio. Solo descubriendo lo que vales serás capaz de identificar aquello que mereces. Una vez que somos capaces de querernos a nosotras mismas, de valorar aquello que somos, dejaremos de intentar historias imposibles con quien no nos merece ni valora. 

CN