Siempre te gusta gente que tiene pareja, pero eso puede cambiar

Parece ser que no es casualidad que acabes fijándote, siempre, en personas que emocionalmente no están disponibles 

Sales con amigxs a tomar algo y te enteras que vendrá también otro grupito nuevo de gente. En tu universo de la soltería, conocer gente nueva es uno de los principales entretenimientos de los fines de semana. Y de pronto lx ves. Esa persona que llama tu atención por su forma de hablar y moverse. Empezáis a coquetear, está claro en el ambiente. Al final de la noche nadie tiene dudas de que os iréis juntxs pero hay algo que aún no sabes: tiene pareja. Sí, no está disponible pero aún así ha estado flirteando. Y otra vez te ha pasado: otra vez te fijas en alguien que no está disponible, ¿cómo puede ser que siempre te pase lo mismo?

Pero la diferencia muy clara está en qué haces después. Una cosa es que te llame la atención alguien que no está disponible y pienses "jo, ¡qué pena!". La otra es que insistas y te involucres sentimentalmente con ese alguien, aun sabiendo que nunca te corresponderá. Si recaes en este tipo de comportamientos, es que algo no va bien. Estás atrapándote en relaciones con personas emocionalmente no disponibles, un comportamiento bastante común y que nos dice mucho de cómo nos percibimos y las heridas que todavía tenemos abiertas. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Lo explica la psicóloga Amy Chan en una entrevista con Psychology Today: "es un tema de autoestima. Si te obsesionas con alguien emocionalmente desconectado de ti, tienes que entender que estás apostando por una relación que es un callejón sin salida. Y si entramos de forma sistemática en estas relaciones, es muy probable que tengas una visión disfuncional del amor o, de forma inconsciente, no te sientas dignx e ser amadx". 

Uno de los muchos aspectos que pueden provocar esta trampa psicológica es que desde pequeños hemos tenido patrones de fijación amorosa (familiar y romántica) poco sanos. Entonces los repetimos en la adultez, acercándonos a alguien que nos proporciona y revive estas emociones negativas, esta vez con el objetivo de corregirlas, lograr un final feliz y cerrar nuestras heridas. Así se crea esta química que te lanza hacia estas personas emparejadas: un compás amoroso que te señala cómo solucionar esta cuenta pendiente. Sin embargo, lo único que solemos lograr es abrir más las heridas.

Por supuesto, un problema así requiere una solución de terapia psicológica densa y profesional. Sin embargo, hay unos pequeños consejos que puedes aplicar para facilitarte las rayadas del día a día que inevitablemente vendrán cuando estás cayendo de nuevo en este remolino de sufrimiento, autocomplacencia, falta de autoestima y problemas sin resolver. Estos son los cinco que Chan propone a sus lectores:

1. Sal con gente que no sea de tu tipo. Ábrete a conocer gente con la que normalmente no tendrías nada. El objetivo es encontrar gente compatible, aunque la química romántica no esté ahí, eso puede venir después. Pero al menos sabes que lo más importante está ahí.  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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2. Deja de tener “citas” y empieza a buscar “conexiones”. Conexiones que pueden ser de todo tipo: amigos, laborales, compañeros de hobbies… No busques el amor de tu vida, no busques una relación… Busca alguien con quien construir algo genuino, aunque sea fuera del aspecto romántico. 

3. La intensidad no significa amor. Cuando sabes que sueles caer en estos patrones y te encuentras con que hay una química explosiva inicial, es probable que te esté señalando el camino erróneo. En cambio de ver la intensidad inicial como un semáforo verde, míralo como una señal de STOP. El amor no es un camino rápido, con ansiedad, bajadas y subidas. Ante la intensidad, pon el freno.

4. No quieras hablar siempre con alguien que te guste, no quieras veros cada día de la semana. Reduce la cantidad de interacción por el mismo motivo anterior. Si vais muy rápido, será demasiado tarde para salir indemne si resulta que esa persona no es buena para ti.

5. Fíjate quién te da amor en tu día a día y déjate cuidar. Si estás acostumbrado a tener relaciones no-recíprocas es probable que des, des y des. Para, escucha y déjate querer un poco, porque lo necesitas.