Sabes que no funcionará y aún así quieres volver, ¿por qué?

Si has vivido alguna ruptura sabes que, en algún momento, has tenido o tendrás las ganas de volver. Sientes que puede ser una buena idea aún incluso cuando profundizas un poco en el sentimiento y crees que no irá bien

¿Recuerdas aquellos paseos que dabais por la noche? Ibais, quizás, hasta el 24 horas de turno que había por el barrio a por alguna chocolatina o algún antojo que tuvierais. Y qué de aquellos almuerzos, cenas o tardes de pelis. También las recuerdas. Nada de eso existe ya. Bueno, sigue existiendo pero ya no lo compartes con esa persona. Ahora es tu ex. Tu ex pareja. Las cosas no fueron como esperabais. No pasa nada. Bastante habéis hablado de los motivos. Ahora habéis acordado una distancia al menos mínima, para poder curaros la herida. Pero la situación ha cambiado: esa persona te contacta o tú no paras de pensar en él o ella. Y, de repente, te lo planteas: ¿y si volvemos? 

La tentación de volver te contagia todo el cuerpo. Y hasta crees que es buena idea porque, tras un tiempo, quizás pudierais resolver las diferencias que os hicieron dar paso a la ruptura. El problema es que este anhelo puede ocurrir incluso cuando sabes muy bien que la relación nunca funcionaría, y que volver, en el fondo y al final, quizás no sea positivo. Rompisteis por una razón. Tuya o suya, apenas importa. Y, sin embargo, parece muy fácil mirar más allá de todo eso a favor de escribirle o llamarle y, finalmente, volver a estar juntos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Pocas cosas duelen más que sentir que estás atrapada en el tiempo. Cuando decidí terminar nuestra relación tuve miedo. Físicamente tenía la sensación de vértigo que supone estar al borde del abismo. No es fácil despedirte de una persona a la que quieres. Sobre todo por ello, porque lo quiero. Porque lo sabes: te quiero pero ahora mismo el amor no es suficiente. En una relación hace falta también la voluntad de que ese amor fluya y crezca, una relación es también ese trabajo. Y la culpa no es de tuya ni mía. Mándale este artículo a quien crees que lo necesita. Tenéis el link completo en nuestra bio. Por @guillerminatorresi

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La facilidad con la que miras al pasado y viajas a la parte más positiva de la relación es porque, de forma automática, nuestro cerebro almacena esos instantes para que el dolor sea más llevadero. Estos recuerdos, no solo cumplen esta función de hacer la ruptura menos dolorosa, sino que también hacen un llamamiento al anhelo: las ganas de volver nacen a menudo de anhelar lo que estás acostumbradx. Las personas estamos, de forma natural, atadas a la familiaridad y a la comodidad de lo que sabemos. Así que para bien o para mal, regresar puede significar caer en viejos y cómodos patrones con una persona que conoces bien. Es aquí donde debe aparecer la pregunta de siempre: ¿qué es lo que realmente quieres? Y para poder responder tienes que ser sumamente objetivx. 

Las personas tenemos una necesidad básica de sentirnos seguras. Hemos ido, poco a poco, desarrollando miedo a la soledad y la solución es asociarnos a otras personas como clave de supervivencia. Esos son los instantes (los de soledad) en los que te planteas escribirle a tu ex, hacer esa llamada que prometiste que no harías, mirar vuestras fotos e incluso permitirte darle paso a la tristeza para que ese anhelo aumente y ya no puedas controlar tus impulsos. Es más, con el paso del tiempo, a veces puedes comenzar a olvidar por qué terminó la relación, lo que puede dejarlo anhelando lo que alguna vez fue. Es fácil romantizar en exceso algo cuando ha transcurrido la distancia o el tiempo.

La facilidad de todo esto también incluye que ya conoces a esa persona, lo cual es más sencillo que salir fuera y conocer a alguien desde cero. Aún así querer volver con tu ex puede no ser sano. Hay que reflexionar y, sobre todo, recordar qué salió mal y por qué. Cuando tomas un tiempo para recordar los motivos posiblemente te des cuenta de que estas ganas nacen de una dependencia y un apego que no son positivos. Es por ello que, quizás, sea mejor continuar tu camino en soledad y no retroceder para intentarlo nuevamente.