Carta abierta a mi ex: te quiero, pero el amor no es suficiente

Llevamos mucho tiempo intentando evolucionar, pero no lo hemos logrado

Tuve tu amor. Tuviste mi amor. Nos enamoramos y no importó la distancia, el engaño o el dolor. Una conexión que parecía que no duraría más de algunos meses resistió las mareas, las tormentas y los muros que, constantemente, nos ponía la vida y nuestro compromiso con ella. Pasó menos de un año y me mudé. Cambié de ciudad para construir un futuro con el que siempre había soñado. Otras relaciones me habían enseñado que cuidar y mantener la individualidad era esencial para que una pareja estuviera completa. No podía renunciar a mis proyectos para quedarme en un lugar que ya me había dado lo que necesitaba. No podía quedarme solo para mantener la relación. Pensé en mí, tú lo comprendiste y decidimos seguir juntos a pesar de estar a 1000 kilómetros de distancia. Una hora en avión, cinco en tren, diez en coche.

¿Sabéis qué? Puedo decir que contadas cosas duelen más que sentir que estás atrapada en el tiempo. Pocas cosas duelen más que sentir que el amor ya no es suficiente. Puedo decir que hubiera preferido dejarte de querer. O enamorarme de otra persona. La distancia duró cinco años. Hasta hoy. Aguantamos cinco años viviendo a base de cápsulas de amor que surgían cuando nos encontrábamos en tu ciudad o en la mía y que manteníamos vivas a través de WhatsApp. Cuatro o cinco días en los que nos amábamos como si fuera la última vez.  Ni tú ni yo sabíamos que la anterior sería realmente la última. Fue decisión mía. Ahora parece que soy la culpable de no seguir confiando en que, en algún punto, estaríamos juntos. Porque sí, ahí estaba —supuestamente— la cuestión: tú te ibas a mudar. Y yo esperaría el tiempo necesario.

No es fácil reunir la entereza suficiente para decidir que algo así debe terminar. Y tengo que ser sincera: no podía ni puedo continuar. Perdí la ilusión, perdí la fuerza, perdí la calma, perdí la paciencia y descubrí, cuando fui perdiendo todo esto, que mi vida estaba dividida. Que el presente era solamente una parte de mí porque la otra se encontraba contigo, a 1000 kilómetros, detrás de la pantalla de mi móvil. La risa, el llanto, el aburrimiento, las ganas, mis despertares, mis sueños, mis deseos o mis miedos aprendí a vivirlos sola. Esto es algo positivo para mí y para mi crecimiento. Es necesario aprender a enfrentar estas experiencias en soledad. Pero anhelaba la sensación de mirarte a los ojos y poder compartir contigo lo que me estaba pasando. Anhelaba ser la mujer que estaría también escuchando lo que quisieras contarme. Tenía la nostalgia de algo que no había existido.

El tiempo es lo único que no puedes recuperar. No vuelve. Se ha ido y adiós. Esta es la parte negativa del tiempo. La parte positiva es que te hace madurar, evolucionar, cambiar. Así, después de cinco años, sé que no soy la misma. Sé que no quiero seguir teniendo mi vida dividida y sé que quiero estar conmigo, descubrir qué soy capaz de vivir estando al cien por cien en el ahora. No somos las mismas personas y no somos culpables de que se terminara. Las circunstancias han tenido mucho que ver y ahora es tarde para salvar la relación. Justamente, no hay nada que salvar ya. Forzarlo sería un error inmenso. Porque, para que una pareja pueda seguir viva, no solo hace falta el amor, hace falta también la voluntad de que ese amor fluya y crezca, una relación es también ese trabajo.

Y, ¿sabes qué? No pasa nada si no lo hace. No es culpa de nadie que esto no suceda pero sí es importante aceptar que no ha ocurrido. Aceptar que no hemos hecho, quizás, todo lo que estaba en nuestras manos. Y dejarlo ir. Encontrar paz en la idea de que tuvimos unos límites que no nos permitieron avanzar juntos y que nada podrá cambiarlo. Y aprender. El amor y las relaciones nos enseñan partes de nosotrxs mismxs que desconocemos. Nos sacan de quicio, nos llenan de impulsos, nos hacen ser, exprimir nuestra esencia. Ahora toca seguir hacia adelante y seguir aprendiendo, con toda la mochila llena de lecciones. La vida no se acaba.

No todo es la emoción, la parte racional juega un papel muy importante en esta decisión y en todas las que he tomado a lo largo de mi vida. Si mi mente cierra una etapa se abre un camino hacia una sensación: la oportunidad de volver a empezar. Toda esa lista de lugares a los que he querido ir, todas esas sensaciones que he deseado vivir, todas esas experiencias que están detrás de puertas que antes no veía. Y cuando me atrape el bajón, cuando llegue el instante del arrepentimiento, cuando aparezca el miedo a la soledad o cuando alguien de mi entorno (y el tuyo) me juzguen por haber tomado la decisión de terminar, recordaré que es pasajero y abrazaré la calma, me rodearé de amigos, de planes, de iniciativas. El dolor terminará. No te escribiré para no confundirte.

Por lo menos tengo la conciencia tranquila, porque he sido honesta contigo. Cuando la pareja no va bien y observas, a lo lejos, que lo blanco se volverá negro y que enfrentarte a ello te da un pánico atroz solo estás siendo egoísta. El dolor nos transforma en egoístas. No te prives de vivir y de sentir abiertamente y no hagas que la otra persona siga atrapada viviendo algo que ya no es real.