El error de los que dejan una relación porque 'ya no sienten lo que sentían al principio'

Cuántas parejas no se habrán roto con la frase: 'es que ya no siento lo mismo' o con variantes tipo: 'ya no es lo que era' o la peor de todas: 'ya no tengo mariposas en el estómago'. Y generalmente quien las pronuncia se da media vuelta, cierra la relación de un portazo y se va a buscar a otra persona que le despierte ese tipo de emociones 'toda la vida'. Sin embargo, lo que le acaba pasando es que 'toda la vida' se le escurre entre parejas fugaces a las que siempre acaba dejando por la misma razón sin darse cuenta de que está cometiendo un error muy grave de concepto. El de haberse dejado influenciar por el modelo del amor romántico que, más allá de vender libros de poemas y hacer películas de Hollywood, nos ha hecho confundir el enamoramiento con el amor.

El enamoramiento es un proceso biológico, una descarga hormonal que se produce en nuestro cuerpo cuando estamos ante una persona que es genéticamente compatible con nosotros. Estamos programados para asegurar la supervivencia de la especie y para ello necesitamos generar ciertos lazos emocionales. Por esa razón hay personas que hacen que tengamos un nudo en el estómago, nos suden las manos, nos tiemble la voz y se nos nuble el pensamiento. Evidentemente es una sensación agradable que nos tatúa una sonrisa en la cara y nos hace pensar 24 horas en esa persona.

Pero el enamoramiento también tiene su lado oscuro: por una parte nos impide concentrarnos en cualquier otro aspecto de nuestra vida como el trabajo, la familia o nuestro propio crecimiento personal y, por otra parte, también nos distorsiona la imagen de la persona que tenemos en frente. Esa sobrecarga hormonal nos aumenta los aspectos positivos de su personalidad y nos hace minimizar los negativos. Por eso, algunos se 'despiertan' después de unos cuantos meses de relación y se preguntan cómo han podido estar con semejante individuo, o no entienden por qué su entorno parece verle a su nueva pareja unos defectos que para él o ella no son tan graves.

De manera que el enamoramiento está bien, pero afortunadamente tiene una duración determinada y después de unos meses o, como máximo dos años según los expertos, nuestras hormonas vuelven a su cauce. Después de un periodo en el que la relación se ha estrechado mucho, la emoción se convierte en algo más estable y permiten a ambas personas volver a centrarse en otros aspectos de la vida o incluso en el de formar una familia. Esta fase, a diferencia de la anterior, sí puede durar 'toda la vida' mientras se trabaje la relación cada día y no se le exija a la pareja más de lo que pueda dar.

Aquí viene la confusión

Sin embargo, aquí es donde nuestros amigos del primer párrafo se pierden. Ellos se había creído al amor romántico que les decía que el 'amor' es esa pasión desenfrenada, esas ganas constantes de sexo, la enajenación mental transitoria que te impide despegarte del ser querido... y cuando el grado de pasión baja, creen que esa persona ya es desechable. Así que se pasan la vida a la caza del enamoramiento, lo que les genera muchas frustraciones porque, después de varios fracasos, se empiezan a preguntar qué están haciendo mal y por qué no son capaces de encontrar a 'la persona adecuada'.

El problema es que están buscando según unos criterios erróneos. Dejar la elección de la pareja única y exclusivamente a las emociones suele dar resultados devastadores, como decía el filósofo Alain de Botton en su conferencia 'Why you will marry the wrong person'. Es imprescindible utilizar la razón e intentar darse cuenta de si la persona que tenemos delante es compatible con nosotros en cierta medida y a partir de ahí comenzar a trabajar para hacer que esa compatibilidad sea cada vez mayor. Algo que se consigue cuestionándose a uno mismo, trabajando cada día para conocerse y aprendiendo a ceder y a amoldarse a la otra persona para dar lugar a una relación fuerte y enriquecedora.

De manera que el amor duradero tiene poco de improvisación. Por supuesto que habrá un impulso inicial que nos empuje hacia unas personas y no hacia otras, pero a partir de ahí debemos intentar evitar que nuestras hormonas nos emparejen con una persona que no nos conviene o pensar que cuando las hormonas ya no están, tenemos que ir a buscar a la siguiente. Si seguimos queriendo romper esa relación de pareja porque creemos que no nos conviene, perfecto, pero al menos que la razón no sea que 'ya no sientes lo que sentías al principio'.