Empecé a tomarme pausas durante el sexo y alcancé el éxtasis

Los descansos (y no como te los imaginas) son necesarios para aumentar el placer, para conectar más con la otra persona y para disfrutar de una experiencia completa

Nos estamos besando apasionadamente en el sofá del salón. Sus labios gorditos están entrelazados con los míos en una melodía que crece sin freno. Sus manos no están muertas, me cogen muy fuerte por la cintura y buscan mi cuerpo. Estoy sentada encima de él y noto cómo aumenta la excitación. De un momento a otro no tenemos ropa y estamos ciegos yendo hacia el orgasmo. La pasión no se controla, el tiempo desaparece y, cuando menos lo esperamos, el sexo ha terminado. Exhaustos nos quedamos tumbados en el mismo espacio recobrando la conexión con la realidad. Lo cierto es que no ha estado nada mal pero ambos sabemos que podría haber estado mejor. Este tipo de relaciones sexuales no tienen una estructura pero cuando entras en una, variarla es la mejor idea.

Nadie te pasa una guía para follar. Siempre depende de la persona, de la conexión con la persona, de la confianza en unx mismx, de la libertad que exista en unx como en otrx… Aunque no lo creas, a veces la intuición te comunica secretos de forma orgánica y, quizás por miedo o vergüenza no le haces caso. A mí me ocurría esto constantemente, hasta que un día decidí seguir lo que me salía naturalmente y así aparecieron las mágicas pausas en todas mis relaciones sexuales.

¿Un acto de valentía?

La realidad es que estamos teniendo relaciones sexuales a tope de velocidad. Queremos comerlo todo, probarlo todo, hacer esto, hacer aquello, ponte aquí, ponte allí y, venga, todas las casillas rellenas. El tiempo que pasamos en la cama, en el sofá, en el suelo o en la ducha con la pareja parece tener que ir siempre al mismo ritmo y nos estamos perdiendo un sinfín de conexiones que harían que nuestro placer se intensificara. Ahora bien, tampoco quiero decir que lo de echar un polvo rápido y salvaje esté mal, para nada, solo busco que se tengan las mayores posibilidades al alcance de la mano.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Las pausas llegaron a mis relaciones sexuales casi de forma accidental y, ojo, no me refiero a parar el sexo y echarte un cigarrito, tampoco me refiero a frenar la relación sexual para charlar, nada de eso. La pausa apareció cuando, una noche, mientras estaba teniendo el sexo más básico de mi vida, tomé la decisión de frenarlo y empezar a masturbarme delante de la otra persona. Joven e inexperta, en ese momento, eso fue un acto de valentía. La otra persona no sabía qué hacer y lo primero que pensó fue que no me estaba gustando. La pausa en este momento fue para insertar la masturbación en este encuentro al que le faltaban ingredientes.

Involucrando el juego

Las pausas no son invención de nadie. Se trata de agregarle pasos a la relación sexual. Nos estamos perdiendo un disfrute más completo. Es más, la sexóloga, escritora e investigadora francesa Valèrie Tasso explicó para un artículo en Código Nuevo que la media de una relación sexual entre los españoles es de 20 minutos aproximadamente. “Esos 20 minutos son los que tarda, más o menos, el cuerpo de la mujer en excitarse. Si la relación sexual se basa en ese tiempo, cuando el sexo llega a su fin (en una relación heterosexual) el cuerpo de la mujer está listo para empezar. Vemos claramente que esto no está compensado, hay que dar con el equilibrio del disfrute sin objetivos, poner atención y enfoque en el proceso y no en el fin”, detalla la experta.

Obviamente lo que nos sucede es que estamos reproduciendo los modelos y las representaciones que vemos en la pornografía. El sexo parece tener una misma estructura y no es así. Lo de frenar el contacto con la otra persona y empezar a masturbarme empecé a probarlo con diferentes personas. Poco a poco no fue lo único, después empecé a involucrar juguetes y otros productos para explorar no solo mi cuerpo frente a la otra persona sino también para que entre los dos pudiéramos experimentar otras sensaciones. Más pausa, más juego, mayor conexión en todos los niveles. 

Ahora es algo recurrente en el sexo que practico. Me ha permitido conectar como no esperaba. Es más, el otro día, mientras practicaba el sexo más salvaje que he tenido en mucho tiempo, detuve el ritmo frenético para cogerle del pelo, mirarlo a los ojos y darle un beso. El deseo creció en ese instante justamente gracias a habernos detenido. A veces, incluso, hay espacio para el humor. Cuando aprendes a tomar descansos y que la relación sexual sea como una onda que va variando de intensidad, lo que descubres es un placer más natural, te permites reírte, hablar, decir frases que pueden aumentar la excitación, explorar el juego en cualquiera de sus vertientes. 

Aprende observando

En muchos aspectos estas pausas pueden darnos vergüenza o miedo. Cuando ocupas el tiempo de la relación sexual llenándolo de una cosa tras otra puede no llegar a haber una conexión real. Aunque esto sea así, es completamente normal no atreverse porque, quieras o no, es exponerse, es volverse más vulnerable. Es como tener sexo con absolutamente todas las luces encendidas. Eso sí, cuando lo pruebas y la otra persona también está escuchando lo que propones se forma una fusión que hace que el placer sea mayor. Y no solo es esto lo positivo sino que es un momento ideal para aprender.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Cuando ves a la otra persona, por ejemplo, masturbándose, puedes ver cómo le gusta, cómo lo hace y, por tanto, aprender a hacérselo tú también. Es más, las pausas sirven para eso, para aprender. Puedes utilizar esos mini descansos para decirle que te muestre de qué manera lo puedes hacer y, obviamente, para tú decirle qué quieres probar y cómo quieres probarlo. Las fantasías sexuales también tienen su espacio aquí, puedes intentar compartirlas y ver la reacción de la otra persona. El espacio para experimentar es amplio, así que es hora de atreverse.