Cómo descubrí que el sexo de una noche es solo un intercambio de desechos emocionales

Viernes noche. Cenas una hamburguesa, un par de cervezas, un par de risas con los amigos. Llegan las copas. La vista se te enturbia. Conoces a alguien. Charlas un rato, no escuchas nada. Te vas a su casa. Echas en un polvo las pocas fuerzas que te quedan y caes rendido en una cama desconocida.

Esa fue mi vida durante casi un año y medio. Y no me preocupaba que así lo fuera. Yo salía, conocía a un tío y si me apetecía, me lo llevaba a la cama. Follábamos en su casa, follábamos en la mía, follábamos en su coche y follábamos donde nos daba la gana.

El hecho de bajarme las bragas cuando yo quería generaba constantemente entre mi círculo debates acerca de mi moral, mi dignidad y la libertad sexual. Pero siempre me resbaló bastante hasta que llegué a una teoría que vinculaba el sexo y la energía.

Cayó en mis manos el libro La pareja multiorgásmica, de Mantak Chia y a partir de ahí fui llegando a otros que explicaban esa extraña sensación de vacío postcoital que yo cada mañana arrastraba a mi casa con el intercambio a nivel energético que se produce durante el sexo.

A partir de ahí me he dado cuenta de que el sexo es mucho más importante de lo que parece. El sexo es esencial. El sexo es poderoso. El sexo da vida, pero también la quita. El sexo puede generar las mayores maravillas de este mundo y las peores atrocidades. Pero la mayoría de las personas vivimos completamente ajenas a todo su potencial y lo dejamos relegado a un acto básico, primitivo y disfuncional que agota nuestras reservas de energía.

Parece ser que durante el sexo y, especialmente en el orgasmo, se produce una especie de ‘fusión nuclear’ entre las dos personas que puede resultar maravillosa o nefasta según las condiciones en las que se da. En un contexto de alcohol, drogas, comida pesada, música alta y elección a ciegas del compañero de cama, las dos personas se descargan de estreses, tensiones y emociones negativas cargando con ellas al otro, con lo que se convierte en un extenuante intercambio de desechos emocionales entre desconocidos. Como lo que yo hacía tan a menudo.

En mis investigaciones aprendí que para elevar un poco esta experiencia sexual, lo primero que hay que hacer es evitar todos esos elementos que envuelven la noche de fiesta y que nos bajan la energía. Al igual que los colores, los sonidos y todo lo que puebla este mundo, cada persona tiene un nivel de vibración y este viene determinado por sus experiencias, sus emociones, sus creencias, lo que piensa, lo que come y un sinfín de cosas más.

En resumen, se podría decir que una persona con una frecuencia baja sería basta, agresiva e insensible mientras que otra con un nivel vibratorio mayor sería más sutil, creativa y perceptiva. Además hay elementos que aumentan la energía de uno como la dieta sana (generalmente vegetariana), el contacto con la naturaleza, la meditación o las emociones positivas y otros que la estrangulan, como el alcohol, el tabaco, la violencia, ciertos tipos de música, etc.

En el sexo, estos niveles vibratorios tienden a igualarse, por lo que es importante haber elegido una pareja que sea afín a uno y para ello es necesario estar en plenas facultades. Cuando lo practicamos con una persona con la que sabemos que congeniamos medianamente, el sexo es un poco menos ‘nocivo’ de lo que hemos descrito antes, pero seguimos estando lejos de experimentar su potencial.

Muchas culturas orientales incluyen la sexualidad como una práctica de elevación espiritual. En cambio otras, que no tienen interés en que las personas se eleven de ninguna manera, la condenan, la prohíben y la estigmatizan. Las sesiones de sexo tántrico, por ejemplo, son más parecidas a un ritual que a ese aquí te pillo, aquí te mato de discoteca. Puede durar 5 o 6 horas y para prepararlo se come determinada comida o se realizan masajes para eliminar de antemano todas esas tensiones. Entre otras cosas, se utilizan técnicas para inhibir la eyaculación masculina, con lo que esa energía que se produce durante la excitación y que, generalmente, se expulsa al cabo de 15 minutos, aquí se acumula durante horas llevando a las personas a niveles de expansión de conciencia a los que es imposible llegar solo por mucho que se medite durante 20 años.

Sinceramente me cuesta creer que viviera el sexo de manera tan vacía durante tanto tiempo. Aunque toda aquella experiencia se convirtió un día en una llamada de atención que me ha traído a descubrir otra dimensión. Así que no seré yo quien de consejos a nadie para que haga o deje de hacer. Cada uno encuentra su camino cuando está preparado. O no.

Crétito de la imagen: Maurizio Catelan