¿Por qué todavía nos cuesta decir que "no" en la cama?

A día de hoy, muchas mujeres se ven medio obligadas a 'devolver' el trato recibido con sexo o jugar un papel pasivo en la cama 

Muchxs hemos crecido viendo y practicando un tipo de sexo que seguramente no es el más ético, principalmente para la mujer en las relaciones heterosexuales. Con los años, nos hemos ido concienciando y nos hemos dado cuenta de que hemos visto y normalizado actitudes que no son, como mínimo, del todo correctas. Hemos ido aprendiendo y ya sabemos que no se trata de firmar ningún contrato con cláusulas extrañas con alguien, tal y como dicen algunos influencers y comunicadores. Pero, realmente, ¿practicamos un sexo ético? ¿Qué implica practicarlo?

Disfrutarlo desde dentro y sin presiones

Según un artículo de la experta en sexología Emma Camp publicado en el periódico The New York Timesmucha gente desconoce cómo mantener una relación sexual ética después del 'sí', después del consentimiento, y apunta que se tiene que profundizar para disfrutarlo más. "Necesitamos una cultura que nos anime a ir más allá del sexo legal y a dar prioridad al sexo satisfactorio a nivel emocional", escribe Camp.

No se acaba todo en el 'sí' del consentimiento, ni el 'sí' siempre es tan fácil de decir y tan puro. La experta explica que aún hay muy poca educación sexual. De hecho, nos pensamos que con dar el consentimiento ya basta, pero muchas veces (recalcamos: sobre todo las mujeres en relaciones heterosexuales) hay quien no se atreve a decir que no o, durante el sexo, hace cosas que no les gustan demasiado o nada.

El sexo no es ningún tipo de favor a devolver

Camp pone de ejemplo que muchas amigas le han explicado que algunas veces se han visto medio obligadas a mantener sexo con un hombre que les ha preparado una cena muy buena (con un vino carísimo) y que les ha tratado muy bien. No es que el hombre hiciera nada malo (en la mayoría de los casos), simplemente no les gustaba mucho o no les apetecía mantener relaciones sexuales con él. Eso demuestra, dice Camp, que aún algunas mujeres se sienten mal de no 'devolver' con sexo el trato recibido y que el hombre, a veces, juega con tratar muy bien a la mujer esperando sexo a cambio (con un poco de pasivoagresividad).

También durante el sexo, en muchas relaciones sexuales heterosexuales, la mujer juega un papel mucho más pasivo que el hombre. Eso, a veces (recalcamos: no siempre), se traduce en que la mujer hace en la cama lo que el hombre quiere y lo que a él le gusta, poniéndose así ella misma en un segundo plano y disfrutando poco (o nada) del acto sexual. La mujer, además, dependiendo de la situación (si es un lugar y una relación segura o no) no se atreve a decir que no a según qué cosas; por ejemplo, BDSM, y acaba haciendo cosas que no le gustan nada y sufriendo.

Ahora bien, es importante añadir que esto no solo sucede en relaciones heterosexuales, también en cualquier tipo de vínculo fuera de la norma cisgénero se puede dar o entre personas del mismo sexo. Al final es una cuestión que va más allá del género y la identidad: tiene que ver con el consentimiento puro y duro.

La solución a todo esto, subraya Camp, es principalmente la educación sexual y la concienciación de la población en general.