No tienes por qué contárselo todo a tu pareja

Las mentiras, en general, no son un recurso útil, pero en una relación lo importante es ser buena persona y respetar vuestros principios

Me arriesgo a pensar que todas las personas que vayan a leer esto han crecido con la idea de fondo de que la sinceridad, dentro de la pareja, es algo imprescindible para que la relación funcione. Lo hemos visto en series, películas y en mil y una publicaciones en redes. Es una especie de mantra que suena bonito y que parece esclarecedor cuando tienes dudas sobre qué hacer o qué decir. Sin embargo, hay veces en las que la sinceridad se vende como transparencia, y este es un error en el que resulta muy sencillo caer y difícil de ver. ¿Realmente tienes la obligación de contarle cada minuto de tu vida a tu pareja? ¿No te da mucha rabia contarle un problema a un amigx y saber que en cuanto termines de rajar irá corriendo junto a su pareja y se lo contará? ¿Y, además, saber que no tendrán el menor reparo en comentar lo que harían ellos en tu lugar, cambiar opiniones sobre lo que piensan de ti y cargarse un poquito la intimidad que tenías con tu amigx? Pues por cosas como esas no tendrías por qué decírselo todo a tu pareja. Es como cuando Homer Simpson dice eso de “el problema es la comunicación, demasiada comunicación”. Al igual que tantas otras veces en la historia de esa serie, lanzaron ahí una especie de profecía.

¿En qué consiste hacer las cosas bien?

Elizabeth Anscombe fue una filósofa del siglo XX desconocida para el gran público. No hizo grandes trabajos teóricos ni desarrolló teorías que cambiarían el mundo, pero hizo aportes más que interesantes en uno u otro punto. Uno de ellos fue su estudio sobre las acciones y las intenciones, y la relación que tenía con la ética. Vamos a partir de la idea que estás en una relación y que quieres que funcione. Por lo tanto, te decides a jugar limpio, sin trampas ni mentiras. ¿Cómo se hace eso de forma adulta? O, dicho de otra forma: ¿cómo se hacen bien las cosas? ¿De qué forma no cagarla cada cinco minutos?

Para Anscombe, responder esto implica, primero, pensar en qué consiste ser una buena persona, qué son las buenas acciones. Alguna gente dirá que “bien está lo que bien acaba”. Otros defienden eso de que “la intención es lo que cuenta”. Anscombe mantiene una especie de síntesis o mezcla entre ambas posturas. Evidentemente las intenciones cuentan, y en general uno tiene que tratar de que lo que vaya haciendo se parezca lo menos posible a una hecatombe para la gente de su alrededor. Sin embargo, lo determinante aquí son los efectos que se producen, prestar atención a los resultados de tus acciones.

Puedes tener intenciones maravillosas y objetivos estupendos, pero si para llegar a ellos produces sufrimiento o algún tipo de malestar, entonces no estarías actuando como una buena persona. A lo mejor tu intención es la de que tu pareja siga contigo y portarte maravillosamente bien, pero si para lograr eso tienes que ocultar una infidelidad, mentir, engañar o cualquier otra acción reprobable, lo que produces es un efecto negativo, principalmente porque es una falta de respeto a una persona que, en principio, quieres.

Tener principios por encima de todo

Por lo tanto, podemos entender que las mentiras, en general, no son un recurso útil. Pero aquí hace falta una puntualización bastante común: no es lo mismo mentir que no contarlo todo. La vida adulta se caracteriza por las decisiones difíciles, y una de ellas puede ser la de saber cuándo ocultar algo y cuándo no. Es en esos casos más complejos o ambiguos cuando hay que tener algo fundamental a lo que ya apuntaba Anscombe: los principios.

Estos consisten en una serie de valores fundamentales con los que te tienes que identificar y a los que tienes que tratar de aproximarte. Son cosas abstractas e inviolables, las leyes internas que guiarán tu conducta y que pueden ser desde el “no matarás” hasta el “nunca salir de fiesta entre semana”. Ya sea la honestidad o la lealtad, para Anscombe los principios tienen que funcionar como un faro de todo lo que hagas. Y te ayudarán a tomar decisiones buenas en situaciones difíciles.

Hoy en día (y siempre) ha habido muchas relaciones en las que parece que las parejas se lo tienen que contar todo (¡todo!) para demostrarse una transparencia absoluta, total y casi enfermiza. Incluso todo aquello que no tiene que ver directamente con ninguno de los dos. Evidentemente la sinceridad en la pareja es lo más y es totalmente deseable y sana. Pero no lo es cuando para ello tienes que realizar acciones que producen efectos negativos, como traicionar la intimidad de una amistad o tratar mal a una tercera persona. Así que no, no tienes por qué contarle todo a tu pareja.  

CN