Si tus vacaciones en pareja siempre acaban en drama, no estás solx

Aunque parezca todo lo contrario, pasar mucho tiempo juntxs o alejadxs, es todo un reto porque hay que gestionar muchas expectativas

El verano es un tiempo en el que no solo aumentan los nuevos comienzos, sino también las rupturas, los conflictos y las infidelidades. Las vacaciones de verano son una prueba para cualquier relación de pareja, pues se pasa de estar juntos unas cuantas horas al día y los fines de semanas a casi la mayor parte del tiempo o incluso las 24 horas. Se trata de todo un reto para muchos, un desafío que además requiere un período de adaptación, aunque a la mayoría de nosotros no se nos haya pasado ni por la cabeza.

Eso sí, hay que decir que este verano es un poco diferente: muchas parejas han estado varios meses sin verse y ahora pueden disfrutar de estar juntos más que nunca. No obstante, dejando a un lado esta situación excepcional, hay que decir que la victoria o el fracaso suele depender de la relación y sobre todo de la flexibilidad psicológica de sus integrantes.

Vacaciones + expectativas

¿Quién no desea que lleguen las vacaciones de verano para desconectar y descansar? Es más, y si es posible, viajar o hacer una escapada con nuestra pareja. Todos imaginamos las vacaciones como una oportunidad para relajarnos, olvidarnos del estrés diario, hacer algunas cosas pendientes y si tenemos pareja, pasar más tiempo con ella. Nos recreamos en una especie de futuro relax fruto de nuestras expectativas, las cuales muchos cultivamos durante casi todo el año. El problema es que, en bastantes ocasiones, las vacaciones resultan ser un tanto diferentes. Porque podemos irnos por ahí, sí, pero lo que tantos días llevábamos imaginando no ocurre. 

No todo es tan ideal, ni descansamos tanto, ni la convivencia con el otro es tan maravillosa, pues aparecen roces, conflictos y discusiones de forma frecuente. Esa es la realidad. Y es que la convivencia conlleva que la pareja pase a un primer plano porque se tiene más tiempo libre para pasar juntos, por lo tanto se incrementan las experiencias compartidas con la otra persona y a veces nos damos cuenta de que hay cierta distancia -a pesar de estar juntos-, que tenemos algo pendiente de que hablar, que la otra persona está diferente o incluso que nos molesta. Ni que decir tiene de aquellas parejas que están en crisis, en las que todo lo anterior está presente casi de manera constante.

Así es, las expectativas suelen ser excesivas e ilusorias: “todo irá bien, todo se solucionará y disfrutaremos de los días de relax”, pero no podemos echar a volar, hay que poner los pies en la tierra. Las vacaciones también son imprevistos, limitaciones y en ocasiones conflictos. Pues si hay algo “pendiente” o que se arrastra es muy probable que salga a la luz y habrá que lidiar con ello, sin olvidar la convivencia 24x7 que no siempre fluye de manera adecuada. De hecho, para las personas que están acostumbradas a ir a su aire o que pasan poco tiempo con su pareja por sus obligaciones, la convivencia durante las vacaciones puede ser un gran reto, ya que algunas llegan a experimentar cierta sensación de asfixia. 

También están aquellas personas que esperan que el otro tome la iniciativa y planifique algo durante este tiempo, ya sean actividades, salidas o simplemente un paseo y no sucede. Esto suele pasar en aquellas parejas en las que uno ha adoptado el rol del que propone y planifica y el otro el de dejarse llevar y el primero se cansa de tirar del carro y espera que el otro lo haga. Lo que ocurre es que al no haberlo hecho nunca, no se le da demasiado bien… la responsabilidad de organizar las vacaciones se convierte en algo difuso y al final llegan las quejas y los reproches.

Como vemos, las vacaciones ponen a prueba a la pareja. Son como una especie de reencuentro, un momento para mirarse de frente y ver qué pasa, dónde están y hacia dónde quieren ir, algo que a veces se espera con ganas si todo va bien o con cierto miedo si hay grandes diferencias. De ahí que la comunicación sea tan importante, porque como cambiamos nosotros con el paso del tiempo, también lo hace la relación y esto lleva indudablemente a una adaptación o bien a replantearse la relación. Eso sí, no siempre ocurre, si la relación es sana y sólida, todo será mucho más fácil.

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Claves para evitar los conflictos en vacaciones

  • Juntos, pero no revueltos. Estas de vacaciones no implica estar todo el tiempo juntos. Es muy sano que cada persona tenga sus momentos, sus respiros, sus ratos de intimidad. No hay que estar pendientes del otro todo el tiempo ni pegados codo con codo. De hecho, saber estar con uno mismo favorece la autoconfianza y ganar seguridad, aspectos que luego se reflejan en la relación.

  • Encontrar lo positivo del otro y hacérselo saber. Un punto muy importante y que tendemos a olvidar con el paso del tiempo o lo cambiamos por las críticas hacia el otro, ya que tendemos a retener y a valorar más lo negativo que lo positivo. Por ello, hay que esforzarse en observar qué es lo que nos gusta del otro y decírselo: por ejemplo, algo que se le dé bien, lo atractivo que está o simplemente eso pequeños detalles que lo hacen ser él o ella y no otro. ¿A quién no le gusta recibir comentarios así?

  • Planificar las vacaciones. Para evitar dejar la planificación en tierra de nadie, es mejor hablar sobre qué se quiere hacer. De esta forma, se intercambian opiniones y será mucho más fácil organizar las vacaciones.

  • Ante imprevistos, calma. Importante: tener presente las sorpresas y los imprevistos, dar margen y no olvidar que a menudo las cosas no suceden como esperamos. Algo que parece sin importancia, pero que a la hora de la verdad puede aportarnos ese granito de flexibilidad y relax que necesitamos. 

  • Comunicarse de verdad: escuchar y empatizar. Quizás unos de los consejos que más se repiten en el terreno de las parejas, pero también uno de los más necesarios. La comunicación permite crear puentes con el otro, comprenderlo, lidiar con las diferencias y por supuesto estrechar el vínculo y la conexión. Eso sí, no se trata solo de hablar, sino también de escuchar al otro, pero de verdad: desconectar por un momento de nosotros mismos y saber qué nos está diciendo, cómo se siente y qué quiere y de ponernos en su lugar. 

  • CN