Breadcrumbing: dar migajas es mucho peor que el ghosting

Quizás seas víctima de este tipo de relación y no lo sepas, pero te avisamos: no te conformes con los restos

Aunque el breadcrumbing no sea nada nuevo, la era digital ha favorecido que aumente el número de personas que lo ponen en práctica. Al fin y al cabo, no es lo mismo comunicarse online y detrás de una pantalla, que cara a cara. Es lo que tienen las nuevas tecnologías, favorecen lo que el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman denominó “relaciones líquidas”: vínculos frágiles que establecemos con los demás.

Antes de nada, te invito a que dejes de lado ese pensamiento de “otra nueva terminología más, ya no saben que inventarse”... porque aunque es cierto que nos encontramos en la época de “poner nombres a todo”, hacerlo nos facilita hablar sobre ciertas prácticas o tendencias y, como consecuencia, analizar y reflexionar sobre el punto en el que nos encontramos. Por ello, en este artículo queremos ir más allá y no solo explicar en qué consiste esta nueva tendencia relacional, sino intentar descifrar a qué se debe y qué tipo de consecuencias conlleva. ¿Preparados?

Migajas no, gracias

Imagina que has tenido una cita y todo ha ido bien. Te has sentido a gusto y lo habéis pasado bien. A partir de ahí lo típico: tenéis largas conversaciones por Whatsapp, algún que otro intercambio de audios e incluso, a veces te llama. Te ha insinuado que le gustas, te pregunta cómo estás y te recuerda lo bien que lo pasásteis, pero de pronto un día te deja en visto. Quizás al principio no le das importancia, total apenas os conocéis. Pasan los días y nada, hasta que te sorprende con un like y un comentario en tu último post de Instagram. Y, seguidamente, aparece de nuevo por whatsapp y retomáis el contacto.

¿Hay alguien ahí? ¿está o no está? De forma virtual parece que sí, pero cada vez que le sugieres quedar responde con un “ok” o un “vale, ya te diré”, la cuestión es que nunca se llega a hacer realidad, a pesar de que las conversaciones sean intensas y a primera vista transmite que “hay ganas”. Quizás algún día volváis a quedar, pero nada frecuente, más bien de “tarde en tarde”. Y lo peor de todo es que esa dinámica de te contesto, desaparezco, aparezco para que me prestes atención y vuelvo a desaparecer puede establecerse durante meses y años… Y esto es el breadcrumbing: dar migajas en las relaciones -recibir sobras de afecto- o lo que toda la vida se conoce como el perro del hortelano. Una actitud más común de lo que pensamos en la era digital, con tintes egoístas y hasta un tanto sádicos y pasivo-agresivos porque si en algún momento se pone en duda a quien lo practica se hace el ofendido y se pone a la defensiva.

Así, el breadcrumbing consiste en dar esperanzas para que el otro siga ahí, manteniéndolo con un mínimo esfuerzo y sobre todo para alimentar el propio ego, pero sin establecer ningún tipo de compromiso. Además, quien lo pone en práctica es un experto en jugar al despiste: un día se muestra supercariñoso y otro no contesta o te hace sentirte culpable. La estrategia es dar migajas emocionales, te envía señales de vez en cuando para que sepas que sigue por ahí y para que estés pendiente. En psicología esto se explica a través del refuerzo intermitente (o dar recompensas de forma esporádica). Se trata de una táctica muy sútil, y común en las relaciones de abuso o con personas narcisistas, psicópatas o sociópatas, que puede crear dependencia en la otra persona, ya que su fuerza radica en el poder de la incertidumbre, en ese “estoy, pero no estoy”, “me muestro cariñoso y atento y otras desaparezco”. Así, se crea una especie de ciclo en el que la otra persona trabaja para mantener esa relación con la esperanza de recibir ese afecto que a veces hace acto de presencia, a pesar de ponerse en riesgo a sí mismas.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Y aunque no todas las personas sean vulnerables a este tipo de comportamientos, sí que podemos caer en la trampa, sobre todo si tenemos una autoestima vulnerable. De hecho, la inestabilidad de quien practica el breadcrumbing conduce a las víctimas a convertirse en una fuente de estabilidad para ellos. Increíble ¿verdad?

¿Qué hay detrás del breadcumbring?

A nivel general, hay dos motivos: el primero atiende a razones relacionadas con el ego (sentirse superior, saber que el otro está ahí para cuando interes, llenar vacíos emocionales...) y el segundo a no saber cómo cortar la relación y hacer daño a la otra persona. El factor común es que se piensa en uno mismo en ambas situaciones, en la primera está más claro y en la segunda, aunque a algunas personas les genere más confusión, la cuestión es que si de verdad se piensa en el otro, la sinceridad primaría por delante todo, porque el juego de “sí, pero no” hace mucho más año a la larga.

¿Cómo saber si eres víctima y cómo actuar?

Aunque parezca sencillo de identificar, el breadcrumbing genera dependencia y en ocasiones autoengaño. Es fácil ponerse una venda en los ojos ante este tipo de conductas, ya que se valoran las atenciones por encima de las desapariciones e incluso hay personas que encuentran justificaciones a las mismas. Ahora bien, lo importante es chequear nuestras relaciones de vez en cuando, no solo por esto sino porque es conveniente para saber con quién estamos y cómo nos encontramos. Por ello, estas señales pueden indicarte si eres una posible víctima del breadcrumbing:

  • Si la otra persona da “señales de vida” solo de vez en cuando. Y cuando aparece, suele decirte que te ha echado de menos.

  • Si cuando propones planeas, no hay claridad, sino más bien un “quizás” o un “ya veremos”. Lo que viene a ser mucha palabrería, pero pocos hechos.

  • Predomina la interacción online por encima de la física.

  • No suele haber un momento para hablar de sentimientos, es decir, las conversaciones son muy simples. Y en el caso de hablar sobre ellos, al final te hará sentirte culpable.

Y si, finalmente, estás atrapado en una relación con una persona que se relaciona a través de este tipo de actuaciones, esto es lo que puedes hacer:

  • Analizar lo que ocurre de forma objetiva. ¿Es normal que la otra persona aparezca cada x semanas y luego no sepas nada ella? ¿ese tipo de relación es la que quieres? ¿eres feliz? ¿crees que la otra persona te da amor o más bien es manipulación emocional? Si experimentas malestar, y no ha ocurrido nada a tu alrededor que pueda justificarlo, tómalo como una señal de alarma. 

  • Pon límites. Habla con claridad con esa persona, explícale lo que te hace daño y pon límites. No estás solo para cubrir sus necesidades y si no reacciona, ya sabes que lo vuestro no es una relación sana. Pon punto y final.

  • Pide ayuda. Puede que no seas capaz de salir de este tipo de “pseudorelación” por ti mismo, no olvides que genera una especie de adicción en algunos casos y puede afectar a tu autoestima. Por ello, da el paso y pide ayuda profesional. 

Y por último, recuerda no olvidarte de ti cuando tengas una relación de pareja, no te conformes con migajas no solo porque no te lo mereces, sino porque corres el riesgo de que tu hambre emocional aumente. Ante las migajas, practica la indiferencia.