Por qué el BDSM sigue siendo tabú si muchxs ya lo han probado

Durante siglos, se pensaba que las prácticas sexuales por diversión eran una enfermedad mental y un problema médico. Hoy en día, la comunidad científica ha superado estos prejuicios, pero la sociedad se está resistiendo

Empieza con unos azotes. Nunca habíais hecho nada así, pero os ha gustado. Otro día repites, un azote, y otro más. No os habéis dado cuenta, y se acaba incorporando en vuestras vidas sexuales, con toda naturalidad. Después de un tiempo, decidís aumentar el nivel. Si os gustan los azotes, ¿por qué no os van a gustar otras cosas un poco más fuertes, pero igual de placenteras?

Decidís que el siguiente paso es atarse. Unas cuerdas, esposas, cadenas o correas de la sex-shop de al lado de tu trabajo, y ese finde se convierte en un evento de descubrimiento sexual. Ya sea por el juego de roles, el morbo o la novedad, echáis uno de vuestros mejores polvos. Al cabo de un tiempo lo repetís, pero añadiendo nuevos juegos. Que si azotes con fustas y correas, que si bondage, que si sumisión, que si sexo en público, que si clubes sexuales… Pero todo esto en silencio, ya que, como explica el portal Metro UK, a pesar de que 8 de cada 10 parejas lo han probado, pocas se atreven a reconocerlo.

Como recuerda el periodista Luis Cifuentes, este tabú existe debido a siglos de historia en la que, por motivos ideológicos, puritanos y religiosos, el sexo se planteaba como una herramienta para concebir, y ya está. El rechazo al sexo por placer llegó a tal punto que las prácticas sexuales que eran por pura diversión (especialmente lo homosexual o el BDSM) se llegaron a considerar una enfermedad y un problema médico. En el siglo pasado, la mayoría de estos tabúes médicos se eliminaron, pero a la sociedad, por miedo o prejuicios demasiado anclados, todavía le cuesta avanzar en esa dirección, y lo poco que hacemos es a pasos muy pequeños y en la esfera de lo privado.

Pero, claro, ¿qué es el BDSM? “Técnicamente, puede ir desde usar vendas en los ojos y esposas de juguete hasta látigos y columpios de cuero, con muchísimas más cosas entre medio”, añade la dominatrix Miranda Kane, consultada por el artículo. Por ejemplo, algunas prácticas que se incluyen son el sexo en público con riesgo a que te pillen, y que un 72% de parejas ha probado, o la lluvia dorada, con solo un 28%, o incluso el pegging (es decir, en el sexo cisheterosexual, que el hombre sea el que reciba sexo anal, usando dildos), muy poco popular, en un 24%. 

A pesar de que estas prácticas están cada vez más normalizadas, en parte, y parecerá una tontería, pero gracias al boom de 50 sombras de Grey, todavía queda mucho camino por hacer, añade Kane. “Y es una pena, porque según un estudio las personas que prueban el BDSM tienen mejor vida sexual con sus parejas”, en parte, debido a que están más dispuestas a tener un sexo comunicativo gracias al cual experimentar juntxs. Si están abiertxs a probar estas prácticas, quiere decir que están abiertxs a escuchar, y eso es lo esencial.

De hecho, es lo único que recomienda Kane para introducirse en el mundo del sadomaso. “Busca una palabra segura que signifique 'para', por si acaso, hacedlo sobrios, y hablad de los límites. Luego, prueba. Arriésgate. No necesitas objetos, utensilios o disfraces, solo confianza, comunicación, imaginación y un poco de cara para hacer cosas que normalmente no harías”, recomienda. Y, sobre todo, después de probarlo: cuéntalo. Háblalo con tus amigos. Normaliza una práctica que es muy común, porque haciéndola pública, podréis compartir ideas, miedos, inseguridades y, ante todo, experiencias que harán que cuando repitáis, sea todo mucho más placentero.