Fui a un taller que derriba las barreras que nos impiden disfrutar del sexo anal

Lo más importante para que esta práctica sexual sea placentera es que exista una excitación verdadera por llevarla a cabo

Soy un hombre heterosexual que nunca ha probado, bajo ninguna modalidad, el sexo anal. Podría ser una presentación contundente si no fuera porque en el ano de la mayoría de hombres heterosexuales jamás ha entrado nada salvo algún ocasional supositorio. De hecho, en el sótano del sex shop Los Placeres de Lola, en el barrio madrileño de Lavapiés, donde la sexóloga Ana Lombardía imparte una master class sobre esa práctica sexual, casi todos los asistentes son mujeres. Mientras los anos heteromasculinos se esconden del placer, ellas acuden aquí buscando derribar obstáculos.

Los Placeres de Lola

El temido dolor

Los tíos hetero siempre hemos pensado que ser penetrado analmente tiene que doler, al menos durante la primera vez. Y buena parte de las experiencias que cuentan estas mujeres lo corroboran. No obstante, la sexóloga insiste a lo largo del taller en recalcar que "es un mal trago que puede evitarse fácilmente". Y para ello son importantes varias cosas. La primera, bastante obvia pero también bastante ignorada deliberadamente, es que las primeras veces debe practicarse con mucho cariño: "Es frecuente, especialmente en relaciones heterosexuales, que él tenga muchas ganas y vaya a lo suyo. Eso puede dañar física y psicológicamente a la otra persona".

La segunda, mucho menos baladí de lo que podría parecer, es la postura. Porque mientras algunas como la cucharita son más delicadas, "posturas como la del perrito permiten una penetración más profunda" que quizá no sea buena idea durante las primeras veces. Y la tercera, y de lejos la más importante, es la tensión: "Normalmente el sexo anal se planifica. 'Esta noche lo probamos'. Y claro, te pasas el día nerviosa hasta que llega el momento y la otra persona te dice 'ahora te la voy a meter'. Hay demasiada tensión y entonces sí duele, y el dolor genera más tensión y así en bucle". La clave contra esto, dice Ana, es fácil: DESEO.

Sin deseo no hay anal

Ana, conductora de este y muchos otros talleres, se pone especialmente seria cuando comienza a abordar el tema del deseo sexual en relación al sexo anal. "Hace unos días pregunté en mi Instagram si hacíamos determinadas prácticas sexuales que no nos excitan solo por complacer a la otra persona, por temor a que nos dejen o por la manipuladora presión de 'otras chicas sí lo hacen'. La mitad de quienes contestaron, unas 100 personas, admitieron que sí, y muchas de ellas relacionadas con el sexo anal. Y si tienes sexo anal sin que te ponga cachonda pensarlo, va a dolerte y acabará creándote un miedo tremendo a probarlo de nuevo".

Juanan Navarro

Algunas de las participantes del taller reconocen estar ahí motivadas por sus novios. Pero si la práctica te excita menos que una tesis de acentos grecolatinos, deberías pasar olímpicamente de ello. Bien distinto es si la idea te seduce mucho pero la excitación desaparece ante la perspectiva infundada del dolor. Para eso, contesta la especialista, hay una técnica muy buena: "Se llama visualización. Mientras estás masturbándote sola o teniendo sexo con alguien, fantasea en tu cabeza con que tienes sexo anal y no duele. Los deportistas de élite utilizan esta técnica para entrenar y funciona sorprendentemente bien. Así vas erotizando tu ano".

Malas experiencias previas

Del mismo modo que la ausencia de deseo, el miedo heredado de experiencias dolorosas pasadas es una barrera que sí deberíamos respetar. Así lo cuenta Ana tras ser preguntada: "Lo mejor es dejar de intentarlo durante un buen tiempo. Porque el cuerpo tiene memoria y lo recuerda todo, especialmente las experiencias que están asociadas a emociones negativas. Debemos permitir que nuestro cuerpo olvide lo sucedido y, muy importante, que tengamos claro que nuestra pareja sexual no va a pedirnos tener sexo anal y, por supuesto, que no va a intentarlo hasta que no estemos preparadas de nuevo".

Una vez pasado un tiempo, Ana recomienda la aproximación gradual. "Cuando estemos más cachondas, dejamos que nuestra pareja nos agarre las nalgas. En el siguiente encuentro que meta los dedos entre ellas. Luego que sitúe una yema del dedo en la entrada del ano. Después que introduzca un poco del dedo con lubricante y, cuando estés deseando que lo meta entero, parar. Siempre un paso por detrás del deseo. En los siguientes encuentros puede introducirlo y más tarde también el pene, primero quieto y luego moviéndolo. Se llama desensibilización sistemática y no falla", dice la especialista con una sonrisa.

Higiene

La higiene genera más reticencias acerca del sexo anal que el dolor. Así lo confirman algunas de quienes participan en el taller —donde me incluyo—. Ana nos habla entonces de unas peras que puedes comprar en la farmacia, llenar con agua templada e introducir en el ano para limpiarlo, aunque no recomienda un uso muy frecuente: "El ano tiene su propia flora y esto lo altera. Debemos practicar sexo anal sabiendo qué es el ano y no preocuparnos más de lo debido. La mayoría de veces no sale nada". Por si acaso, nos deja probar varios lubricantes, de agua y de silicona, que "enmascaran el sabor natural del ano".

Está claro que con la higiene estética deberíamos relajarnos. No es ningún drama si alguna vez aparecen restos de heces. No obstante, Ana habla claro de la higiene sanitaria: "Hay que usar preservativo, incluso para prácticas anales como la masturbación o el beso negro. Y cambiar de preservativo cuando pasas de un agujero a otro. No importa que sea tu pareja estable. Las heces tienen bacterias que pueden provocar infecciones bucales o intestinales. Además, las paredes del ano tienen muchos capilares que se rompen con facilidad. Es normal que sangre un poquito, por lo que es esencial usar lubricante".

El gran obstáculo: la heteronormatividad

Mirándonos a mí y al único otro hombre del taller, Ana nos dice que tenemos "una ventaja maravillosa ya que tenéis en el ano vuestro punto P, que da inmenso placer y al que podéis acceder fácilmente con solo introducir dos falanges del dedo y haciendo arco hacia arriba hasta tocarlo, sencillo de identificar porque es como una bolita". El problema, según se lamenta la sexóloga, y el resto de mujeres presentes, es que "muchos hombres tenéis reticencias con el sexo anal porque desafía los patrones de heteromasculinidad que habéis heredado, lo cual es una pena porque al 99% de los hombres que prueban les encanta".

En ese momento una idea ronda mi cabeza: me gustaría probarlo, pero muchas de las prácticas, como el pegging, hace que los hombres nos sintamos menos atractivos por culpa del ideal masculino que nos han inculcado desde pequeños. ¿Pero lo somos? "No. De hecho nos puede poner cachondísimas. Es que follar no es solo la sensación física. Es la sensación emocional de entrar dentro de una persona o, en este caso para los hombres, de sentirte penetrado, de abrirte a otra persona, de entregarte. Perder el control es fundamental para disfrutar del sexo", responde tajante Ana. Quizá vaya siendo hora de quitarse tanto prejuicio de encima y comenzar a experimentar todo cuanto nos pide nuestro cuerpo.