Aprender a bajar la guardia me ha permitido disfrutar más de mis relaciones

¿Por qué asumimos que el amor es una fusión exacta, simétrica y recíproca?

Cuando nos conocimos, para mí fue sin más. Y para él también. Resolver la atracción que sentíamos fue sencillo. Disfrutar de esa atracción que funcionó y con la que conectamos, fue divertido y agradable. Cuando menos nos dimos cuenta estábamos haciendo planes o viéndonos más a menudo. Estábamos descubriendo que era posible conectar en otro plano más profundo y más interesante, donde las emociones también entraban en juego. Al menos para mí. Cuando el tiempo va sucediendo y lo compartes de manera productiva y cariñosa se encienden sensaciones inesperadas. Vamos, que te gusta. Como me pasó a mí: él empezó a gustarme. Y más allá de lo físico.

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Fue entonces cuando llegó ese abismo en el que comencé a ponerlo todo en una balanza. Entraron las emociones. Primero las positivas, con las que te sientes a gusto, feliz, sin ponerte obstáculos. Esto sucede cuando tienes la situación (y lo que sientes) bajo control. Eres consciente de que así como conectáis, puede ser que al día siguiente no lo hagáis más. Y no pasa nada. A medida que sucede el tiempo y descubres que hay cariño, que hay respeto, que hay placer, que hay inteligencia y que hay humor, pues apuestas por ello. Y no te cortas. Y te permites sentir y estar. La balanza se desequilibra y se empieza a notar que tú sientes más y que entregas más, ¿te suena? Y todo esto sin que tengáis ningún tipo de compromiso.

No a la confusión

La entrega no empieza sola. Los sentimientos no ocurren en vano y por arte de magia. En mi caso, cuando mis emociones aparecen, suele ser por alguna indicación de la otra parte. No me estoy imaginando que le gusto: siento y veo que es así. En este punto en particular hay que intentar ser muy objetivx. Hay que poder ver la situación desde fuera porque quizás esa sensación de que hay sentimientos parecidos es solamente percepción tuya.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Deberíamos.

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Está demostrando emociones parecidas y tú te pones a la par de esas emociones, que luego se eche para atrás puede dar lugar a confusión. ¿Cuál es la manera de actuar entonces? Desde mi punto de vista hay dos formas de hacerle frente a esta situación y es desde ambas perspectivas. En primer lugar: si percibes que ha demostrado una serie de sentimientos en forma de palabras pero no en forma de acciones, debes hablarlo. Puedes preguntarle si eso que te dijo fue una respuesta del momento que estabais compartiendo o si es algo que siente de manera constante. En segundo lugar y para la otra parte: intenta no confundir o no actuar por impulso, puedes compartir lo que sientes pero debes tener en cuenta que estarás interfiriendo en las emociones de la otra persona. Así que habla, habla de lo que sientes y por qué actúas de esa manera.

Ni orgullo ni dignidad

Toda esta base existe porque —no sé cuál es el motivo concreto— asumimos que el amor o los sentimientos tienen que ser cuatitativamente exactos, simétricos y recíprocos. Es como que entendemos que si la relación no está así de equilibrada alguien va a salir mal parado. Detrás de esta imagen que tenemos de las relaciones hay una única verdad: tenemos terror al rechazo. Este miedo es nuestro peor enemigo, lo digo de verdad, porque a partir de él podemos actuar por orgullo o por dignidad y no dejamos fluir nuestros sentimientos. Y aunque me encuentre en esta situación aterradora del rechazo, siempre me pregunto: ¿no sería mejor profesar nuestras emociones de manera altruista sin que nos importe que la otra persona nos corresponda o no?

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No sé si es la edad, pero ya no estoy para tonterías. . . . . . #comic #viñetas #parejas

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Puede que sea mejor no pensar en qué puede sentir la otra persona y solamente hacer caso a nuestras emociones. Pero a veces no solo no es sencillo sino que no deseas entregarte de esa forma. Para poder salir de ese bucle hay que enfocarse en unx mismx. Vuelve a tu rutina personal: haz planes contigo, ve a esa cafetería que te encanta, queda con tus amigxs, organiza una merienda en casa, sal a hacer deporte, apúntate a clases de baile, haz un viaje el próximo fin de semana o simplemente recuerda lo bien que te sienta tener tiempo contigo y para ti. Ante cualquier instante de inseguridad, volver a ti siempre será una buena manera de hacerle frente.

No quieres recibir

En una relación se da y se recibe. Sea cual sea el tipo de relación. No hace falta tener un compromiso serio ni tenéis que ser una pareja comprometida y cerrada para que exista este intercambio. ¿Qué pasa si tú das pero no estás preparadx para recibir? Puede que sea ese el inconveniente. Muchas veces nuestra forma de actuar y nuestro lenguaje muestra que no deseamos que la otra persona entregue. Puede ocurrir por miedo al compromiso o porque has salido de una relación recientemente y no quieres recibir ese cariño o ese amor. Necesitas más tiempo.

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En este punto es imprescindible hacer una lectura propia, ver qué sientes y de qué manera lo sientes, así como también analizar cómo te diriges a la otra persona para ver qué mensajes envías. Pero, ¿cómo puedes saber si no quieres recibir? Puedes fijarte si tienes este tipo de pensamientos:

1. No quiero molestar llamando su atención.
2. No quiero que deje de hacer lo que está haciendo para compartir tiempo conmigo.
3. No quiero que piense que siento algo por él o ella o que me gustaría pasar más tiempo juntxs.
4. No quiero que crea que no soy independiente.

Estos son algunos ejemplos. Todos funcionan a modo de 'caparazón'. Si te permitieras recibir el cariño, la amabilidad o el interés de la otra persona, estarías mostrando que eres vulnerable. Y eso, aunque quieras convencerte de lo contrario, da miedo. Aprende a recibir y a dejar que la otra persona se entregue, quizás podrías sentirte más conectadx y menos solitarix y tendrías la oportunidad de bajar la guardia. A veces es muy necesario.